Colecciones del Centro León

Fotografía de formato cuadrado y composición céntrica que muestra en primer plano el rostro del artista Natalio Puras (Apeco) con una expresión facial dramática. El dramatismo de la toma es acentuado por el fuerte alto contraste que provoca la iluminación negativa; un tratamiento antinatural en que la luz proviene desde la parte inferior de la escena. Este efecto de la luz enfatiza los gestos del retratado, resaltando como punto focal los ojos desorbitados del personaje.

Miles de personas disfrutaron once exposiciones temporales y una decena de proyectos educativos y culturales dominaron la agenda anual de la institución cultural.

Publicado en Noticias 2015

El violín de Ivanova Casimiro y los comentarios de José Manuel Antuñano cerraron la exposición fotográfica de la obra de Jesús Natalio Puras Penzo en el Centro León. 

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APECO fue un artista del retrato, a tal punto que sería posible discutir si toda su obra no pertenece a este género cuyos límites él ensanchó con audacia y originalidad. Sus retratos recrean con predilección individuos o grupos inmersos en contextos de gran fuerza patrimonial (el carnaval, los oficios, las actividades de esparcimiento, entre otros) y personajes populares de Santiago (marginados, indigentes, perturbados, entre otros).

En esta fotografía, APECO muestra un momento en el que las comparsas de Roba la gallina, desfilaban y reclamaban con calderos vacíos, mejores condiciones de vida y alimenticias. El personaje de Roba la gallina y su séquito, participa de manera individual del carnaval, con excepción de esta oportunidad, en que aparecen unidas en una comparsa, aprovechándose de la figura de un personaje simpático, caracterizado por el hábito de pedir para los pollitos. Las comparsas, son grupos de escenificación, baile y música que escogen un tema tradicionalmente festivo o alegórico a costumbres típicas dominicanas u otras. Estos grupos organizan una presentación de música, teatro y baile, con el objetivo de participar en desfiles de carnaval, pero en algunas oportunidades, se congregan con el fin de hacer pública una denuncia de carácter social. Las hay tradicionales y otras más de fantasía y con componentes más actualizados de la realidad social y cultural.

A través de esta imagen asistimos a un asombroso proceso de interiorización en las personas retratadas que permite una impactante exploración en las identidades, tanto individuales como colectivas, filtrada por la complicidad del artista, cuyo yo parece fundirse con la personalidad de los sujetos fotografiados.

Bajo el lema de este año 2015, Museos para una sociedad sostenible, Centro León abrió sus puertas al público, sin costo, para celebrar el Día Internacional de los Museos. 

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El artista santiaguense presentó una propuesta interactiva en el contexto de la exposición La insólita mirada irónica de APECO.

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Jesús Natalio Puras Penzo (Santiago de los Caballeros 1933-2010), mejor conocido como APECO, fue un fotógrafo de pueblo y un creador multidisciplinario. Incursionó prácticamente en todas las áreas de esta disciplina dedicándose a la fotografía comercial y documental. Tomando distancia del paisajismo que dominó gran parte de la fotografía dominicana a partir de los años sesenta, APECO desarrolló un tratamiento del espacio basado en la fragmentación y el aislamiento de los elementos, procedimiento que tiende una clara conexión entre su fotografía urbana y sus retratos. Los edificios, calles, árboles y detalles arquitectónicos capturados por estas imágenes están tocados por un cierto halo de misterio que parece atrapar el tiempo y retarnos a completar la historia imaginada por el artista. El resultado es una fotografía de fuerte carácter escenográfico y notable capacidad para la humanización de los espacios que, paradójicamente, encuentra un gran aliado en la soledad, en la no inclusión o la masificación de los seres humanos, cuya huella resulta más impactante debido a esa ausencia.

Un ejemplo de este tratamiento del espacio por APECO es esta fotografía, donde podemos observar un burro que merodea en los jardines del Gran Teatro del Cibao, obra del arquitecto Teófilo Carbonell , semanas antes de su inauguración en 1995. El animal tiene el hocico sobre un bulto para equipos fotográficos colocado sobre el suelo, que probablemente pertenecían a APECO. 

 

 

Con motivo al Día Internacional de los Museos 2015  el próximo 17 de mayo se realizará el Rally Fotográfico Tras los pasos de APECO a modo de concurso fotográfico y organizado por el Centro Cultural Eduardo León Jimenes en la ciudad de Santiago de los Caballeros en el marco de la exposición La Insólita Mirada Irónica de APECO .

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Jesús Natalio Puras Penzo (Santiago de los Caballeros 1933-2010), mejor conocido como APECO, fue un fotógrafo de pueblo y un creador multidisciplinario. Incursionó prácticamente en todas las áreas de esta disciplina dedicándose a la fotografía comercial y documental. Fue un artista del retrato, a tal punto que sería posible discutir si toda su obra no pertenece a este género cuyos límites él ensanchó con audacia y originalidad. Sus retratos recrean con predilección individuos o grupos inmersos en contextos de gran fuerza patrimonial (el carnaval, los oficios, las actividades de esparcimiento, entre otros) y personajes populares de Santiago (marginados, indigentes, perturbados, entre otros). En todos los casos, asistimos a un asombroso proceso de interiorización en las personas retratadas que permite una impactante exploración en las identidades, tanto individuales como colectivas, filtrada por la complicidad del artista, cuyo yo parece fundirse con la personalidad de los sujetos fotografiados.

Esta pieza intitulada Busuco, foto para una cédula anónima , es un ejemplo de este proceso de interiorización que APECO lograba a través de sus fotografías . El retratado aparece con una expresión facial sonriente y graciosa en el primer y único plano de la composición, mostrándonos otra faceta de este hombre, conocido por todos por Busuco, y logrando, quizás a través de esta cédula de identidad anónima, devolverle la dignidad a este personaje popular y pintoresco de las calles de la ciudad de Santiago de los Caballeros.

 

 

Judit Peralta, Marisela Meier, Lusbania Santos y Milagros Rodríguez comentaron su experiencia en el proceso de construcción de este trabajo y su acercamiento con el artista.

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Jesús Natalio Puras Penzo (Santiago de los Caballeros 1933-2010), mejor conocido como APECO, fue un fotógrafo de pueblo y un creador multidisciplinario. Incursionó prácticamente todas las áreas de esta disciplina. dedicándose a la fotografía comercial y documental. Fue además corresponsal de prensa, fotorreportero, coleccionista, profesor, actor, dramaturgo y escritor.

Esta pieza, considerada un autorretrato, aparece como género en la fotografía artística dominicana durante los años sesenta de la mano de APECO. Empleando sus condiciones de actor, construyó relatos capaces de extender una reflexión hacia su entorno social y experimentar con las posibilidades del discurso narrativo elaborado desde la fotografía.

Sus autorretratos pueden ser agrupados en dos tipos: Los dedicados al oficio del fotógrafo y aquellos en los cuales APECO interpreta algún personaje.

En este autorretrato del artista, se observa que lleva puesto un par de espejuelos y un gorro de lana, sosteniendo entre sus manos una cámara fotográfica mientras mira fijamente la lente de la cámara que ha captado la imagen. 

En esta pieza, ¿cuál de los dos APECO puedes ver: al fotógrafo o algún personaje de su imaginario?

 

La exposición fue mostrada por primera vez en el año 2013, bajo la coordinación del Centro León y la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de São Paulo.

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Honestamente, si nos vamos a llevar de la apreciación que hubiera tenido alguien acerca de mis aptitudes iniciales, yo nunca habría sido fotógrafo. Por ejemplo, cuando niño me imaginaba que, si uno estaba fotografiando a una muchacha y volteaba la cámara, ella saldría en la foto con la falda en la cara. Yo nací así, pero me formé viendo y tomando muchas fotos. En el fondo, el fotógrafo sabe que va a tener en su vida unas diez o veinte tomas buenísimas. Yo siempre decía: ¡Esa es!

La fotografía comenzó a interesarme en los años cincuenta porque estaba enamorado de una muchacha de Mao que era voleibolista, y quise sorprenderla para perpetuar su belleza. Como nadie me prestó una cámara, compré una y retraté tanto a esa joven que me fui perfeccionando. A tal punto me perfeccioné, que luego cambié de instrumento aunque no de modelo.

Me dediqué ya con más seriedad a la fotografía a mediados del siglo XX. Al recorrer mentalmente el tiempo transcurrido, observo que mi formación se debe principalmente a tres cosas: primero, los “descubrimientos” que fui haciendo en la técnica, los materiales y los equipos seleccionados para realizar mi labor; segundo, la educación, es decir, la integración de todos los conocimientos adquiridos, sean o no relacionados directamente con la fotografía; y tercero, una actitud mental siempre inquieta, siempre en búsqueda, siempre sensible.

Si comentamos la primera de esas fuentes, caeremos otra vez en la vieja expresión de que lo importante no es el cañón sino el hombre que está detrás. Es decir, más que tener buenas cámaras, hay que tener la educación necesaria. Cuando pienso en la técnica, recuerdo siempre a mi amiga lisa Stainer, fotógrafa argentina, a quien acompañé durante su estancia en Santo  Domingo, en 1971, cuando ella trabajaba para las revistas Time y Life. Cada vez que yo le salía con un tecnicismo, ella me contestaba: “Ay, APECO, deja eso, que la técnica es algo que se debe aprender y luego olvidar”. En efecto, la fotografía es un poco de técnica y mucho de inspiración.

Cuando una fotografía reproduce un hecho, una escena, esa reproducción posee un toque personal, el carácter interpretativo que le confiere el autor. La foto ante todo es la expresión de una idea, según la interpretación de las experiencias personales del autor, quien se manifiesta a su vez a través de la imagen. El fotógrafo debe contar siempre con el fantasma, esa dosis de cosas que cada uno de nosotros pone en la imagen observada y que no están representadas materialmente en ella. Ese fantasma reside en la emoción.

Experiencias he tenido de ser mal interpretado, incluso para mi propio bien. En el año 60 iba caminando por el barrio de Gonaive y me detuve ante una escena que mi experiencia visual me indicaba era muy interesante. Se trataba de un niño que jugaba sobre un piso de tierra. Vestía solamente un pedazo de cartón amarrado con una soguita. La puerta de la casa estaba abierta y tenía un letrero que decía: “Yo por Trujillo me vuelvo cenizas”. Después que copié la foto, al cabo del tiempo, la vio alguien que tenía fama de chivato y yo me quedé frío.

Pero el tipo dijo: “¡Qué maravilla! ¡Qué lealtad al Jefe!” Yo había intentado decir a través de la foto que aquella familia realmente estaba vuelta cenizas debido a la dictadura, pero ahí viene el asunto de la percepción. Si el chivato no pone su propio fantasma y solo hubiera captado lo que quise decir desde mi propia experiencia, quien hubiera resultado hecho cenizas hubiese sido yo.

Siempre he sido exigente conmigo mismo. Aunque me emociono en la creación de las imágenes o en las tareas técnicas de las tomas y del laboratorio, al final, muchas veces he pensado que alguna fotografía no merece llegar al público. A pesar de ello, algo siempre queda que pueda hoy recordar, como en aquel 1958, cuando tenía mi camarita de medio cuadro, la Universal Mercury II, con la que participé en el Salón de Otoño de la Dirección General de Bellas Artes, presentando dos fotos. Me sorprendí y me alegré cuando vi en la prensa que una de ellas había ganado.

Con la adquisición en 1962 y 1963 de una Mamiyaflex y de una Linhof Technika, me metí al profesionalismo de verdad. Confieso que la rutina de ese profesionalismo local me desvió del quehacer creativo, pero pude mandar algunas fotos y ganar algunos premios en los concursos de los Salones de Otoño, el concurso Ilford, y el de Los Derechos Humanos, en el que gané el premio Iberia, consistente en un viaje a España que, por cierto, no fui nunca a reclamar.

Soy perfeccionista en el enfoque y un técnico en el positivado. Me gusta poseer cámaras sofisticadas, entre las que cuento mi cámara favorita de antaño, la francesa Semflex, con su lente Berthiot. ¡Qué inolvidables tonos de grises! Mis mejores cámaras han sido: Linhof Kardan Color 4 x 5 y Linhof Technika 70, Arca, Hasselblad motorizada y Mamiya R. B. 67.

Es en cámaras en lo que más dinero he gastado. En realidad, poco me ha sobrado, pues contrariamente a lo que mucha gente pueda creer, la fotografía como medio de vida no me ha hecho rico. Y eso que a veces me pregunto si habrá alguien a quien no le haya tomado una foto en la ciudad de Santiago y en otras muchas ciudades del país porque siempre he sido bien acucioso y he trabajado para todas las clases sociales.

Pero no es por estas cosas que me siento un artista, sino por el contacto que hago al oprimir el botón disparador; contacto que hace mi yo con el universo; contacto entre mi ente individual y la naturaleza. Siento entonces que voy a expresar lo que media entre dos mundos, entre mi ego y mi entorno, lo que observa mi cámara oscura, que no es un simple ojo de vidrio, ni una reproducción de lo que la lente “ve”, sino una vivencia. La fotografía es un testimonio de nuestra identificación espiritual con el mundo.

El rostro humano siempre me ha subyugado y, pedanteando un poco, me considero retratista.Entiendo que el retrato es tan difícil como el paisaje. A la plástica facial le dedico mucha concentración. Mucho más que la atención que pueda poner en un trabajo comercial que no contenga el elemento humano. Todo retrato es el final de un proceso que depende de la interacción entre el fotógrafo y la persona fotografiada. El retrato, si es verdaderamente un retrato, debe reflejar la personalidad individual de cada quien.
En cuanto a la naturaleza, a veces consigo una visión diferente “quitándole” algo, pero también logro cosas cuando agrego un elemento nuevo e insospechado. Ante todo está el compromiso conmigo mismo porque la fotografía es libertad para expresar un sentir y el arte es transformación sutil de la cosa natural en cosa humana. La participación del artista en ese proceso es lo que hace inefable y sin medida la obra de arte. A fin de cuentas, la foto es más artística a medida que se va apartando de la forma cotidiana de ver las cosas. Para sobrevivir hay que reinventar.

Aunque practico fotografía experimental, al componer trato de mantenerme dentro de los cánones clásicos. Siempre busco el equilibrio dentro de un cosmos plástico y euclidiano. La fotografía artística no es solo un “detener el tiempo”, es también un trastrueque de los ingredientes formales que aporta la naturaleza, como si se tratara de una realidad falsa o incompleta. El arte de la fotografía consiste en hacer fotos admirables, aunque tengamos que modificar la naturaleza, que muchas veces no nos parece tan hermosa. Pero, a pesar de que los jurados, los críticos y otros profanos así lo piensen, la foto puede ser arte sin ser un objeto particularmente bello.

Búsqueda, elaboración, experimentación es lo que yo hago con la fotografía. Ansel Adams dice que una fotografía “se hace”, no “se toma”. Cuando hago una buena foto, la estoy elaborando mucho antes de producir el clic. la estoy pensando desde antes de poner la película en la cámara, pero tampoco esto es así en todos los casos. El mismo Adams tomó su gran foto, Orto de la luna, en tan breve tiempo que solo pudo aprovechar lo que llamaba Cartier-Bresson “el momento decisivo”.

No sé por qué siempre tengo la impresión de que todavía me falta aprender mucho, incluso mirar obras de los grandes maestros de la pintura. Puede que esto se deba a que la experiencia final de pintura y foto es un encuentro con la luz. Pero, después de tantos años en el oficio, recomiendo que cuando un fotógrafo llegue a la cúspide y se sienta reconocido, lo mejor que puede hacer es volver al principio, teniendo en cuenta siempre que la fotografía más extraordinaria aún no se ha tomado y que es precisamente a través de este criterio que el profesional en esta área puede ser siempre mejor. A fin de cuentas, una foto sirve para verte a ti mismo como eres ahora y como seremos mañana.

 

Este texto ha sido construido por José M. Fernández Pequeño a partir de numerosas entrevistas que Natalio Puras Penzo, APECO, concedió a lo largo de su carrera. Integra criterios suyos tomados de: Fotogrupo: “Nuestros fotógrafos, Natalio Puras APECO”, en Listín Diario, 15 de marzo de 1980, Santo Domingo, p. 16. Rosemery Lora: “APECO y el estilo fotográfico”, en el periódico La Información, 30 de abril de 1984, Santiago de los Caballeros, p. 5-A. Arleny Lantigua: “APECO: El poeta de la fotografía”, en Ventana, Listín Diario, 30 de agosto de 2008, Santo Domingo, p. 95-96. Elizabeth Toribio Fermín: “Una breve mirada a la fotografía dominicana”, en Ventana, Listín Diario, 24 de julio de 2005, Santo Domingo, p. 76-77. Yamira Taveras: “APECO: Fotografía, historia y vida en la ciudad de Santiago”, en Hoy, 27 de agosto de 2008, p. 26. Igualmente, se han tomado fragmentos de los muchos borradores manuscritos por APECO que forman parte del Fondo Natalio Puras Penzo de Fotografía Dominicana, conservado por propia voluntad del fotógrafo en el Centro León y puesto en valor por esta institución cultural en el año 2009. Esta singular colección puede ser consultada en:

http://www.centroleon.org.do/eMuseum/code/emuseum.asp?emu_action=collection&collection=88&collectionname=Fondo%20APECO¤trecord=1&moduleid=1

APECO WEB EL CONCURSANTE
APECO WEB EL VERDE ESTACIONARIO
APECO WEB MEMORIAS

El performance para APECO fue una estrategia de supervivencia, de salvación. En el performance como manifestación APECO fue uno de los pioneros en la República Dominicana, lo comenzó a cultivar en los años sesenta, cuando nadie en el país se atrevía a suponer que alguna vez llegaría a ser un reconocido género dentro de las artes visuales. Gran parte de los monólogos y performances desarrollados por APECO a lo largo de su vida están referidos, de una forma u otra, al oficio del fotógrafo. En este sentido, puede afirmarse que el creador utilizó el teatro como una vía para investigar las posibilidades de la fotografía y detectar múltiples registros de esta que de otra forma hubieran sido más difíciles de abordar.

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Ser social es un ámbito que recoge el importante rol de APECO como uno de los fotógrafos más célebres de la sociedad de Santiago. La importancia de este ámbito reside no solo en su popularidad como captor de momentos familiares importantes, sino también en el hecho de que este grupo significativo de fotografías se convierten en alegoría del contexto en que vivió y trabajó. Esto debido a que APECO realiza esta fotografía desde "dentro" de los códigos representacionales de la propia cultura, del propio grupo social que incorpora. APECO fue requerido por personajes y familias para captar lo que ellos consideraban eran los acontecimientos colectivos más sobresalientes. En definitiva se puede advertir un cambio general en la actitud ante la fotografía, que ha ido variando en el sentido de perder paulatinamente solemnidad para irse haciendo más y más casual o íntima.

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APECO genial, recoge el trabajo de 18 artistas del lente que, como alumnos o seguidores, captaron al artista en sus andanzas y proyectos. Estos fotógrafos fueron sus amigos, compañeros de viajes y experiencias. La curaduría  de  este  espacio  se  le  agradece  especialmente  al  trabajo  de  José  Manuel Antuñano, quien siempre estuvo a su lado y a la vez resalta la figura de nuestro querido y siempre bien recordado Fonso Khouri uno de sus aliados más consecuentes y autor del volumen que recoge buena parte de su producción junto a Danilo de los Santos.

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Nada caracteriza mejor la fotografía artística de APECO que su vocación experimental, terreno dentro del que fue un pionero en la República Dominicana. Al introducir un motivo insólito en la imagen, el artista produce un desplazamiento de fuerte carácter irónico y revela significaciones ocultas para la mirada convencional. Estas imágenes intervenidas advierten sobre las infinitas formas que existen para ver la realidad y entendernos a nosotros mismos, nos retan a repensar las obras vistas en los ámbitos anteriores desde otros puntos de vista. A través de la fotografía experimental, APECO encontró la vía que mejor se ajustaba a su peculiar carácter y a los principios estéticos que lo convierten en uno de los fotógrafos más originales y auténticos en las artes visuales dominicanas.

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Tomando distancia del paisajismo que dominó gran parte de la fotografía dominicana a partir de los años sesenta, APECO desarrolló un tratamiento del espacio basado en la fragmentación y el aislamiento de los elementos, procedimiento que tiende una clara conexión entre su fotografía urbana y sus retratos. Los edificios, calles, árboles y detalles arquitectónicos capturados por estas imágenes están tocados por un cierto halo de misterio que parece atrapar el tiempo y retarnos a completar la historia imaginada por el artista. El resultado es una fotografía de fuerte carácter escenográfico y notable capacidad para la humanización de los espacios que, paradójicamente, encuentra un gran aliado en la soledad, en la no inclusión o la masificación de los seres humanos, cuya huella resulta más impactante debido a esa ausencia.

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 APECO fue un artista del retrato, a tal punto que sería posible discutir si toda su obra no pertenece a este género cuyos límites él ensanchó con audacia y originalidad. Sus retratos recrean con predilección individuos o grupos inmersos en contextos de gran fuerza patrimonial (el carnaval, los oficios, las actividades de esparcimiento, entre otros) y personajes populares de Santiago (marginados, indigentes, perturbados, entre otros). En todos los casos, asistimos a un asombroso proceso de interiorización en las personas retratadas que permite una impactante exploración en las identidades, tanto individuales como colectivas, filtrada por la complicidad del artista, cuyo yo parece fundirse con la personalidad de los sujetos fotografiados.

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