Miércoles, 20 Mayo 2015 15:38

Concurso Rally Fotográfico

Escrito por

GANADORES

Categoría Aficionado

Francisco Sánchez

Categoría Familiar

Edely y Emil Bejaran

Categoría Fotógrafo Profesional

José Juaquin Lama



Adulto Aficionado

Alicia Castañeda

Angelo Guzmán

Anny Escoto Arias

Antoneli Ovalles

Anyolina Diáz

Jose Camacho Morel

Aurelio Puras

José De Jesús Marcano

José Ramón Gónzalez

Judit Peralta

Julissa Batista

Kemil Arbaje Madera

Manuel de Jesús Rojas

María Mejía

Paula Leticia Gomez

Rafael Ulerio

Cristobalina Marrero

Rolando Espaillat

Rosa Hortencia Taveras

Samuel Aguilar

Santiago Andujar

Simon Ozcoidi

Yasemin Bodur

Yolanda Bencosme Rojas


Categoría Familiar

Alejandro Acosta

Alexander Germoso

Francis y Anyoe Bejarán

Belissa Zaiek y Elaine Ortega

María Alejandra Espaillat


Fotógrafo Profesional

Anny Jisel Escoto Arias

Anthony Grullón

Carlos Peña Rodriguez

Carmen Mercedes

Felipe Román

Lisandro Ambiorix Espinal

Luis Rafael Parra

Melody Sánchez

Jueves, 26 Marzo 2015 09:20

Para una cartografía de la mirada insólita

Escrito por

Por:
Karenia Guillarón ^ historiadora del arte
José M. Fernández Pequeño ^ escritor

 

Lograr un discurso curatorial capaz de poner a la vista los núcleos significativos fundamentales de la obra fotográfica que realizó Natalio Puras Penzo, APECO, es una tarea retadora. Y no solo por la amplitud o la calidad de ese universo, que a estas alturas son indiscutibles, sino también por la atención con que es necesario evaluar las numerosas pistas que se van abriendo a medida que nos introducimos en un ámbito vital y creativo donde la rotunda sinceridad pudiera hacer pensar que la verdad está a flor de piel, cuando resulta todo lo contrario. No pocas de esas pistas conducen a perspectivas parciales o se desvanecen en el gesto teatral. El propio APECO, a su modo irónico, lo advirtió mientras reflexionaba sobre su oficio: “La fotografía es un mundo de descubrimientos”.2

En principio, estamos hablando de un carácter peculiar, en muchos modos único. Hombre de notable cultura e inteligencia, APECO fue una figura de pueblo, y lo fue a tal punto, que su vida llegó a fundirse con la ciudad de Santiago de los Caballeros, de donde tomó sus mejores savias y a través de la cual se expresó artísticamente con una intensidad que hasta hoy tiene poco parangón. Intuitivo, de asombrosa imaginación, más bien solitario y decididamente distinto, fue también solidario y entregado a la construcción de la cultura social a través de lo único que quería ser: artista. Por eso ganó el cariño de todos, incluyendo el de aquellos que lo tildaron de loco, sin entender que Natalio Puras Penzo vivió su individualidad encarnando con absoluta coherencia una variedad de personajes cuya multiperspectividad le permitió entender y expresar la vida a través de la creación artística. Así lo vio Myrna Guerrero: Amante de la soledad, [APECO] nunca ha pretendido ser maestro ni tener seguidores, ni escuela.

Sin embargo, su respeto a la calidad, su defensa de la estética innovadora, su decisión irrevocable de hacer profesión de fe con el arte, su desinterés materialista y su filiación a los valores trascendentes, le han convertido en figura señera del arte nacional, reconocido y apreciado no solo por todos los fotógrafos del país, jóvenes y no tan jóvenes, sino también por los demás artistas y críticos.

Observadas correctamente, las características de esa personalidad tan singular pueden ser de gran ayuda a la hora de develar las claves que explican la obra realizada por APECO, del mismo modo que una mirada ligera, amarrada a lo anecdótico, terminaría atrapada en las poses, siempre circunstanciales y perecederas. Igual sucede con la amplitud y el carácter multidisciplinario de la actividad artística que durante más de sesenta años desplegó Natalio Puras Penzo, tanto en el terreno de la fotografía, como dentro del teatro y la literatura.3 Una representan un real ahorcamiento, la demencia en la asombrosa gesticulación o el dramático desgarramiento infligido por objeto punzante; autorretratos no complacientes, porque son introspectivos, testimoniales y sobre todo, arte que traduce el fantasma sincero y subyacente del autor”.4

Es decir, desde el punto de vista temático y conceptual, el actor-dramaturgo y el fotógrafo se funden hasta hacerse “una dualidad inseparable”,5 capaz de alcanzar el objetivo cardinal de un fotógrafo para el cual “la foto es más artística a medida que se va apartando de la forma cotidiana de ver las cosas porque el arte es develación y no descripción”.6

Hay más. Gran parte de los monólogos y performances desarrollados por APECO a lo largo de su vida están referidos, de una forma u otra, al oficio del fotógrafo. En este sentido, puede afirmarse que el creador utilizó el teatro como una vía para investigar las posibilidades de la fotografía y detectar múltiples registros de esta que de otra forma hubieran sido más difíciles de abordar. Esta reflexión sobre el lenguaje fotográfico desde el teatro permitió a APECO dar una mayor proyección a su figura de fotógrafo, trajo a su producción fuertes acentos dramáticos, aportó una condición performática que es muy notable sobre todo en sus autorretratos y fue decisiva para su intención de narrar historias desde y sobre la fotografía.

Algo parecido ocurre con el notable trabajo de coleccionismo que APECO llevó adelante durante toda su vida. La historia de la fotografía dominicana debe a ese esfuerzo el conocer a través de originales y facsímiles buena parte de la capital obra realizada por pioneros del arte fotográfico en el país, como Nidio Fermín, Santiago Bueno, Pelegrín, Federico Lithgow, Cristóbal Olivo, Francisco Palau, Luis Mañón, Jim Lowe (El Francés), así como algunos autores desconocidos o no identificados. Esa noble tarea es el resultado de la dedicación con que Natalio Puras Penzo estudió la fotografía nacional, no solo para aprender el oficio, sino también para registrar los caminos formales y conceptuales seguidos por esa fotografía y definir cuáles debían de ser los derroteros de su propia obra. Una mirada al sub-ámbito del coleccionista, que se exhibe en el primer ámbito de la muestra, permite observar de qué formas y con qué originalidad APECO se apropió de ese legado para enriquecerlo, al tiempo que asumía las demandas socio-estéticas que el momento planteaba a su oficio. Lo testimonian esas calles completamente desiertas, las imágenes de árboles que personifican estados de ánimo y los retratos que más tarde APECO recreará innovadoramente en su propia obra. Y, cuando nos referimos a APECO, estamos hablando de un oficio fotográfico con numerosos registros.

Natalio Puras Penzo se inició en la fotografía como aficionado en 1955, año en el cual cerró sus puertas en Santiago el negocio familiar, Ferretería Moderna de Augusto Penzo y Co. (APECO), de la cual adoptaría el seudónimo tres años después, en 1958, cuando su destino de fotógrafo comenzaba a consolidarse. En 1961 se convirtió en profesional, al abrir en su ciudad natal el establecimiento Foto-Estudio APECO y comenzar a ofrecer sus servicios con notable éxito. Entre 1968 y 1978, durante uno de los gobiernos de Joaquín Balaguer, APECO se trasladó a Santo Domingo para trabajar como Fotógrafo Oficial de la Presidencia de la República Dominicana y Encargado del Departamento de Fotografía de Radio Televisión Dominicana. A lo largo de todos esos años, el fotógrafo comercial alternó su trabajo en estudio o en eventos sociales con el fotógrafo documental, el corresponsal de prensa y el foto-reportero. Para un profesional autodidacta, como es el caso que nos ocupa, todo ese trabajo fue fundamental en su maduración técnica y en su capacidad de experimentación con las posibilidades comunicativas que ofrecía el lenguaje fotográfico, pero sobre todo para el dominio del que sin dudas es su temario artístico más contundente: El retrato. Una lectura de su enorme obra como fotógrafo comercial y documental permite asegurarlo sin la más mínima duda.

Como es posible colegir de lo hasta aquí dicho, APECO se inscribe en la historia de la fotografía dominicana como un artista multidisciplinario, pero esa pluralidad expresiva se manifiesta no en la elección y práctica individual de las disciplinas y modalidades diversas en las que incursionó, sino en la relación, integración y síntesis entre ellas. Esto es, el fotógrafo comercial y documental, el corresponsal de prensa, el foto-reportero, el coleccionista, el profesor, el actor, el dramaturgo y el escritor fueron componentes necesarios para estructurar al fotógrafo artista, dimensión que resume la personalidad creadora de APECO, aquella a través de la cual pudo expresar mejor su peculiar e inquieto espíritu creador y legarnos una obra marcada por la originalidad, el carácter provocador y la visión penetrante. Es esta la razón por la cual La insólita mirada irónica de APECO centra su atención en el quehacer como fotógrafo artista de APECO.

 

1 Los autores de este texto quieren dejar constancia de su deuda con las especialistas Sara Hermann e Ia Estrella, quienes formaron parte del equipo que realizó la investigación curatorial para el desarrollo de este proyecto.
2 Borrador manuscrito sin titular. Forma parte del Fondo Natalio Puras APECO de Fotografía Dominicana, Centro León.
3 Ver la cronología que aparece más adelante en este catálogo.
4 Danilo de los Santos: “El arte de la luz y la vida”, en APECO: Fotografía, historia y vida. Santo Domingo, Cámara de Diputados de la República Dominicana, 2008, p. 80-81.
5 Ibid., p. 84-85.
6 Borrador manuscrito sin titular. Forma parte del Fondo Natalio Puras APECO de Fotografía Dominicana, Centro León.

Jueves, 26 Marzo 2015 08:37

Ese fotógrafo que soy

Escrito por


Honestamente, si nos vamos a llevar de la apreciación que hubiera tenido alguien acerca de mis aptitudes iniciales, yo nunca habría sido fotógrafo. Por ejemplo, cuando niño me imaginaba que, si uno estaba fotografiando a una muchacha y volteaba la cámara, ella saldría en la foto con la falda en la cara. Yo nací así, pero me formé viendo y tomando muchas fotos. En el fondo, el fotógrafo sabe que va a tener en su vida unas diez o veinte tomas buenísimas. Yo siempre decía: ¡Esa es!

La fotografía comenzó a interesarme en los años cincuenta porque estaba enamorado de una muchacha de Mao que era voleibolista, y quise sorprenderla para perpetuar su belleza. Como nadie me prestó una cámara, compré una y retraté tanto a esa joven que me fui perfeccionando. A tal punto me perfeccioné, que luego cambié de instrumento aunque no de modelo.

Me dediqué ya con más seriedad a la fotografía a mediados del siglo XX. Al recorrer mentalmente el tiempo transcurrido, observo que mi formación se debe principalmente a tres cosas: primero, los “descubrimientos” que fui haciendo en la técnica, los materiales y los equipos seleccionados para realizar mi labor; segundo, la educación, es decir, la integración de todos los conocimientos adquiridos, sean o no relacionados directamente con la fotografía; y tercero, una actitud mental siempre inquieta, siempre en búsqueda, siempre sensible.

Si comentamos la primera de esas fuentes, caeremos otra vez en la vieja expresión de que lo importante no es el cañón sino el hombre que está detrás. Es decir, más que tener buenas cámaras, hay que tener la educación necesaria. Cuando pienso en la técnica, recuerdo siempre a mi amiga lisa Stainer, fotógrafa argentina, a quien acompañé durante su estancia en Santo  Domingo, en 1971, cuando ella trabajaba para las revistas Time y Life. Cada vez que yo le salía con un tecnicismo, ella me contestaba: “Ay, APECO, deja eso, que la técnica es algo que se debe aprender y luego olvidar”. En efecto, la fotografía es un poco de técnica y mucho de inspiración.

Cuando una fotografía reproduce un hecho, una escena, esa reproducción posee un toque personal, el carácter interpretativo que le confiere el autor. La foto ante todo es la expresión de una idea, según la interpretación de las experiencias personales del autor, quien se manifiesta a su vez a través de la imagen. El fotógrafo debe contar siempre con el fantasma, esa dosis de cosas que cada uno de nosotros pone en la imagen observada y que no están representadas materialmente en ella. Ese fantasma reside en la emoción.

Experiencias he tenido de ser mal interpretado, incluso para mi propio bien. En el año 60 iba caminando por el barrio de Gonaive y me detuve ante una escena que mi experiencia visual me indicaba era muy interesante. Se trataba de un niño que jugaba sobre un piso de tierra. Vestía solamente un pedazo de cartón amarrado con una soguita. La puerta de la casa estaba abierta y tenía un letrero que decía: “Yo por Trujillo me vuelvo cenizas”. Después que copié la foto, al cabo del tiempo, la vio alguien que tenía fama de chivato y yo me quedé frío.

Pero el tipo dijo: “¡Qué maravilla! ¡Qué lealtad al Jefe!” Yo había intentado decir a través de la foto que aquella familia realmente estaba vuelta cenizas debido a la dictadura, pero ahí viene el asunto de la percepción. Si el chivato no pone su propio fantasma y solo hubiera captado lo que quise decir desde mi propia experiencia, quien hubiera resultado hecho cenizas hubiese sido yo.

Siempre he sido exigente conmigo mismo. Aunque me emociono en la creación de las imágenes o en las tareas técnicas de las tomas y del laboratorio, al final, muchas veces he pensado que alguna fotografía no merece llegar al público. A pesar de ello, algo siempre queda que pueda hoy recordar, como en aquel 1958, cuando tenía mi camarita de medio cuadro, la Universal Mercury II, con la que participé en el Salón de Otoño de la Dirección General de Bellas Artes, presentando dos fotos. Me sorprendí y me alegré cuando vi en la prensa que una de ellas había ganado.

Con la adquisición en 1962 y 1963 de una Mamiyaflex y de una Linhof Technika, me metí al profesionalismo de verdad. Confieso que la rutina de ese profesionalismo local me desvió del quehacer creativo, pero pude mandar algunas fotos y ganar algunos premios en los concursos de los Salones de Otoño, el concurso Ilford, y el de Los Derechos Humanos, en el que gané el premio Iberia, consistente en un viaje a España que, por cierto, no fui nunca a reclamar.

Soy perfeccionista en el enfoque y un técnico en el positivado. Me gusta poseer cámaras sofisticadas, entre las que cuento mi cámara favorita de antaño, la francesa Semflex, con su lente Berthiot. ¡Qué inolvidables tonos de grises! Mis mejores cámaras han sido: Linhof Kardan Color 4 x 5 y Linhof Technika 70, Arca, Hasselblad motorizada y Mamiya R. B. 67.

Es en cámaras en lo que más dinero he gastado. En realidad, poco me ha sobrado, pues contrariamente a lo que mucha gente pueda creer, la fotografía como medio de vida no me ha hecho rico. Y eso que a veces me pregunto si habrá alguien a quien no le haya tomado una foto en la ciudad de Santiago y en otras muchas ciudades del país porque siempre he sido bien acucioso y he trabajado para todas las clases sociales.

Pero no es por estas cosas que me siento un artista, sino por el contacto que hago al oprimir el botón disparador; contacto que hace mi yo con el universo; contacto entre mi ente individual y la naturaleza. Siento entonces que voy a expresar lo que media entre dos mundos, entre mi ego y mi entorno, lo que observa mi cámara oscura, que no es un simple ojo de vidrio, ni una reproducción de lo que la lente “ve”, sino una vivencia. La fotografía es un testimonio de nuestra identificación espiritual con el mundo.

El rostro humano siempre me ha subyugado y, pedanteando un poco, me considero retratista.Entiendo que el retrato es tan difícil como el paisaje. A la plástica facial le dedico mucha concentración. Mucho más que la atención que pueda poner en un trabajo comercial que no contenga el elemento humano. Todo retrato es el final de un proceso que depende de la interacción entre el fotógrafo y la persona fotografiada. El retrato, si es verdaderamente un retrato, debe reflejar la personalidad individual de cada quien.
En cuanto a la naturaleza, a veces consigo una visión diferente “quitándole” algo, pero también logro cosas cuando agrego un elemento nuevo e insospechado. Ante todo está el compromiso conmigo mismo porque la fotografía es libertad para expresar un sentir y el arte es transformación sutil de la cosa natural en cosa humana. La participación del artista en ese proceso es lo que hace inefable y sin medida la obra de arte. A fin de cuentas, la foto es más artística a medida que se va apartando de la forma cotidiana de ver las cosas. Para sobrevivir hay que reinventar.

Aunque practico fotografía experimental, al componer trato de mantenerme dentro de los cánones clásicos. Siempre busco el equilibrio dentro de un cosmos plástico y euclidiano. La fotografía artística no es solo un “detener el tiempo”, es también un trastrueque de los ingredientes formales que aporta la naturaleza, como si se tratara de una realidad falsa o incompleta. El arte de la fotografía consiste en hacer fotos admirables, aunque tengamos que modificar la naturaleza, que muchas veces no nos parece tan hermosa. Pero, a pesar de que los jurados, los críticos y otros profanos así lo piensen, la foto puede ser arte sin ser un objeto particularmente bello.

Búsqueda, elaboración, experimentación es lo que yo hago con la fotografía. Ansel Adams dice que una fotografía “se hace”, no “se toma”. Cuando hago una buena foto, la estoy elaborando mucho antes de producir el clic. la estoy pensando desde antes de poner la película en la cámara, pero tampoco esto es así en todos los casos. El mismo Adams tomó su gran foto, Orto de la luna, en tan breve tiempo que solo pudo aprovechar lo que llamaba Cartier-Bresson “el momento decisivo”.

No sé por qué siempre tengo la impresión de que todavía me falta aprender mucho, incluso mirar obras de los grandes maestros de la pintura. Puede que esto se deba a que la experiencia final de pintura y foto es un encuentro con la luz. Pero, después de tantos años en el oficio, recomiendo que cuando un fotógrafo llegue a la cúspide y se sienta reconocido, lo mejor que puede hacer es volver al principio, teniendo en cuenta siempre que la fotografía más extraordinaria aún no se ha tomado y que es precisamente a través de este criterio que el profesional en esta área puede ser siempre mejor. A fin de cuentas, una foto sirve para verte a ti mismo como eres ahora y como seremos mañana.

 

Este texto ha sido construido por José M. Fernández Pequeño a partir de numerosas entrevistas que Natalio Puras Penzo, APECO, concedió a lo largo de su carrera. Integra criterios suyos tomados de: Fotogrupo: “Nuestros fotógrafos, Natalio Puras APECO”, en Listín Diario, 15 de marzo de 1980, Santo Domingo, p. 16. Rosemery Lora: “APECO y el estilo fotográfico”, en el periódico La Información, 30 de abril de 1984, Santiago de los Caballeros, p. 5-A. Arleny Lantigua: “APECO: El poeta de la fotografía”, en Ventana, Listín Diario, 30 de agosto de 2008, Santo Domingo, p. 95-96. Elizabeth Toribio Fermín: “Una breve mirada a la fotografía dominicana”, en Ventana, Listín Diario, 24 de julio de 2005, Santo Domingo, p. 76-77. Yamira Taveras: “APECO: Fotografía, historia y vida en la ciudad de Santiago”, en Hoy, 27 de agosto de 2008, p. 26. Igualmente, se han tomado fragmentos de los muchos borradores manuscritos por APECO que forman parte del Fondo Natalio Puras Penzo de Fotografía Dominicana, conservado por propia voluntad del fotógrafo en el Centro León y puesto en valor por esta institución cultural en el año 2009. Esta singular colección puede ser consultada en:

http://www.centroleon.org.do/eMuseum/code/emuseum.asp?emu_action=collection&collection=88&collectionname=Fondo%20APECO¤trecord=1&moduleid=1

APECO WEB EL CONCURSANTE
APECO WEB EL VERDE ESTACIONARIO
APECO WEB MEMORIAS

El performance para APECO fue una estrategia de supervivencia, de salvación. En el performance como manifestación APECO fue uno de los pioneros en la República Dominicana, lo comenzó a cultivar en los años sesenta, cuando nadie en el país se atrevía a suponer que alguna vez llegaría a ser un reconocido género dentro de las artes visuales. Gran parte de los monólogos y performances desarrollados por APECO a lo largo de su vida están referidos, de una forma u otra, al oficio del fotógrafo. En este sentido, puede afirmarse que el creador utilizó el teatro como una vía para investigar las posibilidades de la fotografía y detectar múltiples registros de esta que de otra forma hubieran sido más difíciles de abordar.

Miércoles, 25 Marzo 2015 09:53

Ámbito 7: El Santiago de APECO

Escrito por

 

Este espacio temático recoge en una mirada cartográfica de su ciudad, Santiago de los Caballeros, los puntos en los que APECO habitaba. Los lugares que frecuentaba, los espacios de interrelación con sus amigos, sus puntos favoritos de la ciudad dibujan un espacio cartográfico que puede ser llamado el Santiago de APECO. Así, se pretende mostrar como el fotógrafo, artista del performance y ser humano se apodera de su entorno y lo transforma a partir de su mirada.

Miércoles, 25 Marzo 2015 09:48

Ámbito 6: Ser social

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Ser social es un ámbito que recoge el importante rol de APECO como uno de los fotógrafos más célebres de la sociedad de Santiago. La importancia de este ámbito reside no solo en su popularidad como captor de momentos familiares importantes, sino también en el hecho de que este grupo significativo de fotografías se convierten en alegoría del contexto en que vivió y trabajó. Esto debido a que APECO realiza esta fotografía desde "dentro" de los códigos representacionales de la propia cultura, del propio grupo social que incorpora. APECO fue requerido por personajes y familias para captar lo que ellos consideraban eran los acontecimientos colectivos más sobresalientes. En definitiva se puede advertir un cambio general en la actitud ante la fotografía, que ha ido variando en el sentido de perder paulatinamente solemnidad para irse haciendo más y más casual o íntima.

Martes, 24 Marzo 2015 09:02

Ámbito 9: APECO genial

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APECO genial, recoge el trabajo de 18 artistas del lente que, como alumnos o seguidores, captaron al artista en sus andanzas y proyectos. Estos fotógrafos fueron sus amigos, compañeros de viajes y experiencias. La curaduría  de  este  espacio  se  le  agradece  especialmente  al  trabajo  de  José  Manuel Antuñano, quien siempre estuvo a su lado y a la vez resalta la figura de nuestro querido y siempre bien recordado Fonso Khouri uno de sus aliados más consecuentes y autor del volumen que recoge buena parte de su producción junto a Danilo de los Santos.

Miércoles, 18 Marzo 2015 11:39

Ámbito 5: La mirada insólita

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Nada caracteriza mejor la fotografía artística de APECO que su vocación experimental, terreno dentro del que fue un pionero en la República Dominicana. Al introducir un motivo insólito en la imagen, el artista produce un desplazamiento de fuerte carácter irónico y revela significaciones ocultas para la mirada convencional. Estas imágenes intervenidas advierten sobre las infinitas formas que existen para ver la realidad y entendernos a nosotros mismos, nos retan a repensar las obras vistas en los ámbitos anteriores desde otros puntos de vista. A través de la fotografía experimental, APECO encontró la vía que mejor se ajustaba a su peculiar carácter y a los principios estéticos que lo convierten en uno de los fotógrafos más originales y auténticos en las artes visuales dominicanas.

Miércoles, 18 Marzo 2015 11:38

Ámbito 4: Espacios como historias

Escrito por

Tomando distancia del paisajismo que dominó gran parte de la fotografía dominicana a partir de los años sesenta, APECO desarrolló un tratamiento del espacio basado en la fragmentación y el aislamiento de los elementos, procedimiento que tiende una clara conexión entre su fotografía urbana y sus retratos. Los edificios, calles, árboles y detalles arquitectónicos capturados por estas imágenes están tocados por un cierto halo de misterio que parece atrapar el tiempo y retarnos a completar la historia imaginada por el artista. El resultado es una fotografía de fuerte carácter escenográfico y notable capacidad para la humanización de los espacios que, paradójicamente, encuentra un gran aliado en la soledad, en la no inclusión o la masificación de los seres humanos, cuya huella resulta más impactante debido a esa ausencia.