Concierto. Dos jornadas para y por el acordeón

Un gran concierto y un seminario taller formaron un sólido fin de semana dedicado por entero al acordeón y sus remanentes en la cultura dominicana.

Las noches del Centro León se han tornado una fiesta. No bien se recuperan los amantes de la buena de música criolla de los incontrolables ataques merengueros producidos en el Homenaje al Merengue, en el pasado Congreso Internacional Música, Identidad y Cultura en el Caribe, cuando reciben otra descarga rítmica autóctona, con una estela de agrupaciones típicas y de tierra adentro.

Se trata de la Gala Rítmica Nacional del Acordeón, un homenaje al popular instrumento que agrupó no sólo a primeras figuras de la creación musical dominicana, sino los más diversos ritmos dominicanos que emplean este instrumento como piedra angular.

El concierto, que se llevó a cabo la noche del viernes 15, sirvió de preámbulo para el primer Encuentro Nacional de Acordeonistas, que en esta ocasión se le dedicó a la figura del célebre interprete don Ñico Lora y que forma parte de las iniciativas que el Centro León desarrolla dentro de la duodécima entrega del Festival ArteVivo.

El concierto arrancó con las gratas palabras de bienvenida del director del Centro León, Rafael Emilio Yunén, y contó con la conducción Rafael Almánzar y Dagoberto Tejeda, quienes, entre interpretación e interpretación, iban ilustrando a los presentes de la importancia de los ritmos y del empleo del acordeón en cada ritmo y la interacción de este instrumento con otros como la marimba o los atabales.

El primero en escena fue Agapito Pascual. El artista se presentó y desgranó una serie de temas, de los más famosos de su extensa carrera, que pusieron a vibrar a los presentes, como La vieja y su pipa y La chiflera, entre otros más.

Unos 45 minutos de música de Pascual dieron paso a Palo echao, el aporte banilejo en la Gala. Los intérpretes, que pusieron el sabor de su zona en la gala, basaron su participación en el balsié, uno de los más sólidos ritmos del sur del país.

Para seguir con la esencia sureña, Américo Ramírez y su Jinova se presentó con un repertorio repleto de jucusión y otros ritmos de San Juan y zonas aledañas, entre odas a Liborio Mateo y a la Virgen de la Altagracia. Una nota que causó emoción fue su sorpresiva interpretación del Himno, en tiempo de música típica, que selló así su primera presentación fuera de territorio sanjuanero.

Retomando el merengue típico, Rafelito Román tomó el acordeón y revivió cada uno de sus éxitos, ante un público que desafiaba una incesante llovizna que no pudo sofocar el entusiasmo del público.

De nuevo con las propuestas más místicas, El varón y su Tipipalo subió a la tarima cargado de colorido y de vistosidad, emulando las ceremonias de santería. Estos santiagueros recogieron múltiples aplausos en el público con su sabia mezcla de atabales y acordeón.

La Gala culminó con el talento de La India Canela, sin dudas la artista más aclamada de la noche (incluso por los otros artistas) y la que con más vigor puso a bailar a todos los presentes. La conocida merenguera interpretó algunas de sus más conocidos temas y algunas recientes creaciones que fueron acogidos por igual en el público.

La noche se cerró y fue el comienzo ideal para las sesiones teóricas que el sábado arrancaban, ya en el interior del Centro León.

Acerca de Ñico Al día siguiente, los testimonios, unas cuantas anécdotas y mucha música típica marcaron el segundo día del primer Encuentro Nacional de Acordeonista. En el Auditorio del Centro León, donde se llevó a cabo el seminario-taller, se veían llegar los músicos cargados de tamboras, acordeones, güiras y saxofones. El folclorista Rafael Almánzar agotó el turno inicial, acompañado por cuatro músicos que interpretaban los más conocidos temas del emblemático acordeonista Francisco Antonio Lora, quien fuera mejor conocido como Ñico Lora.

A cada dosis de la biografía de Ñico Lora que explicaba el folclorista, se agregaba una muestra musical, en vivo, de lo que fueron las composiciones del cibaeño nacido en la zona conocida como la Línea Noroeste. A esta conferencia titulada Ñico Lora, vida y aportes al folklore dominicano, se agregaron los comentarios de la nieta del homenajeado, Lucrecia Lora.

Los diferentes acordeonistas de Baní, San Juan de la Maguana, Mao, Santiago y Dajabón explicaron sus experiencias, casi todas iniciadas por el hecho de que cada acordeonista había aprendido de algún familiar que también era músico.

“La música del acordeón es muy bendita y bonita…igual que las mujeres”, decía Antonio, un músico de San Juan de la Maguana que estaba acompañado por sus hijos, también músicos, ante la poca visibilidad que le permitían sus ojos.

“En el año 1975, a mi me pagaban 20 pesos por fiesta”. Así lo testimoniaba Marino Fernández, de Dajabón, quien comenzó en su adolescencia a tocar acordeón, al igual que Gerardo Márquez, de Mao.

“Nosotros tocamos salve, merengue, mangulina y palo echao”, explicaba luego uno de los representantes del Conjunto de Merengue “Palo Echao de Baní”, quien al igual que los demás estuvo en algún momento en el escenario contando su particular historia.

La tarde comenzó a manos del folklorista Dagoberto Tejeda, quien ofreció las palabras iniciales justo antes de que José Castillo diera la conferencia “Música y danza dominicana relacionada con el acordeón”. Acompañado por el Ballet Folklórico de la UASD, que representó con calidad cada pieza tanto musicalmente como coreográficamente, el exponente fue explicando la forma de bailar cada ritmo interpretado con acordeón.

El seminario taller terminó en Navarrete, con todos los músicos rindiendo homenaje a Ñico Lora de la mejor forma que podían hacerlo: interpretando frente a su tumba algunas de sus mejores composiciones de acordeón.

MP