Conversan sobre Virgen de la Altagracia en encuentro literario

Los Encuentros Literarios con la Identidad Cultural Dominicana son un espacio para analizar el papel de la narrativa literaria y su función social y cultural, como parte de la dimensión intelectual.

El escritor e historiador John Fleury, a partir de su obra Historia de Nuestra Señora, la Virgen de Altagracia, conversó sobre los orígenes de esta devoción en el país, su pasado histórico, su dimensión sagrada, su impacto social y cultural como ícono de identidad y referente espiritual del pueblo dominicano.

“Cuando miramos el cuadro de la Altagracia entramos en la contemplación”, dijo Fleury.

"Altagracia significa la más Alta Gracia venida de los cielos", expresó el historiador.

El escritor, destacó que existe una relación íntima y profunda con la identidad dominicana y la Virgen de la Altagracia.

“Al menos cuatro restauraciones se han realizado en el cuadro de la Virgen de la Altagracia”, dijo el Fleury.

Durante el Encuentro Literarios, John Fleury, resaltó los aspectos históricos, espirituales y culturales de la Virgen de la Altagracia.

La actividad fue moderada por Carlos Andújar, Coordinador Programas Culturales del Centro León.

Centro León realiza desde julio 2016 una serie de Encuentros Literarios con la Identidad Cultural Dominicana, actividad en la que se analiza el papel de la literatura en la identidad y la cultura dominicana.

Sobre John Fleury

John Fleury nació en Londres, Inglaterra, durante la Segunda Guerra Mundial, y se crió en Plymouth (la ciudad de Francis Drake). Estudió en Londres y trabajó en la publicidad. A partir de 1974 comenzó su devoción a la vida religiosa y su vida cambió por completo. Se casó con la dominicana Nidia (de Juan López, Moca). Un poco después convencido del poder de intercesión de la Madre de Dios entró en la iglesia Católica.

En 1982 la pareja llegó a la República invitada por el Padre Emiliano Tardif M.S.C. para ayudarle en la fundación de la comunidad laica Siervos de Cristo Vivo. Hace veinticinco años John se enamoró de Nuestra Señora de Altagracia, y desde entonces su afán de conocerla ha ido en desarrollo continuo.

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