Domingo Liz nació en Santo Domingo en 1931. Es escultor, pintor y dibujante. Se graduó en 1949 en la Escuela Nacional de Bellas Artes y recibió especial orientación del escultor Manolo Pascual. De 1950 a 1953 hizo estudios de posgrado en pintura con Jaime Colson. En 1968 fue miembro fundador del grupo Proyecta. Presentó su primera exposición individual en 1971, en la entonces Galería de Arte Moderno, hoy Museo de Arte Moderno de Santo Domingo. Liz es uno de los creadores dominicanos indispensables a la hora de evaluar crítica y reflexivamente la historia del arte nacional. Su papel como artista multidisciplinario, provocador de rupturas y profundamente coherente en su producción, se suma a la importancia de su rol renovador y a su posición como maestro de generaciones. Sus investigaciones con los materiales escultóricos lo guiaron por el sendero de búsqueda de la abstracción, en una intención por liberarse de las marcadas referencias de sus maestros. Así, desarrolló una obra de gran síntesis y economía de medios, hurgando en las posibilidades de los materiales (fundamentalmente metal y madera) y dedicando especial atención a la indagación en lo formalmente orgánico.

Su talla Origen es un claro ejemplo de este camino artístico. Una talla de una sola pieza de madera hace referencia a la organicidad de un útero o una vaina vegetal, alusión remedada en el título de la obra. Esta escultura, fundamentalmente abstracta debido a que Liz se plantea ante todo la reconfiguración de formas esenciales, remite al origen del hombre y la naturaleza.

 

Elsa Núñez nació en Santo Domingo. Estudió Filosofía en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y realizó sus estudios artísticos en la Escuela Nacional de Bellas Artes de su ciudad natal; y en la Academia de San Fernando, en España. Su trabajo pictórico se caracterizó por un especial énfasis en imágenes de corte expresionista. Vendedoras de peces es una pintura impactante tanto formal como conceptualmente. La autora, que perteneció a uno de los grupos de artistas que se configuraron como alternativa de la producción cultural en la década del sesenta, elige como protagonista de su obra a la mujer, y especialmente a la mujer trabajadora. El tema define a tres figuras femeninas en posición simétrica. La del centro, más alargada y con un brazo extendido sobre un grupo de peces, domina la composición. Una de las características formales de esta pintura de 1967 es la acentuación del negro en los trazos delineantes, que alcanzan un dramatismo en la figuración femenina. Los personajes son presentados por Elsa Núñez envueltos en una atmósfera nostálgica y oscura. Esa manera de representación reafirma la idea del rol de la mujer como proveedora de alimento y dadora de vida en tiempos de convulsión social. La obra está ejecutada al óleo y se relaciona con el expresionismo social de los años sesenta.

Pintor dominicano nacido en Bonao, en el año 1936. Su labor como artista prolífico y gestor cultural lo ha posicionado en un importante lugar dentro de la historiografía del arte nacional. La obra de Cándido Bidó está llena de personajes que representan al dominicano como arquetipo, representativo de los campesinos y las mujeres de pueblo. Así mismo, sus trabajos pictóricos refrendan las costumbres y avatares de estos personajes. El trabajo en el campo, las labores cotidianas, el disfrute, y el canto a la esperanza y a la vida son elementos constantes de sus pinturas. Lavanderas es una obra de formato rectangular ejecutada al óleo, fuertemente texturizada con materia mixta y gamas en azul, blanco, amarillo, negro y rojo. Su composición define la escena de tres mujeres. Dos de ellas extienden un paño blanco y la tercera las observa. Próximo a la mujer de espaldas está dispuesto un cajón con un recipiente para lavar. Completan la composición muros y una puerta de una habitación que resalta un trasfondo en negro. Esta obra de Cándido Bidó conmueve por su crudeza. Una vez más, es la mujer, parte importante de la familia, quien genera los medios de vida a través de su trabajo.

 

Iván Tovar nació en San Francisco de Macorís. En 1963 llegó a París, ciudad en la que residió por unos 20 años. Los críticos inscriben su pintura en el nuevo surrealismo, si bien sus composiciones despliegan un mundo simbólico extremadamente personal. El tercer escalón es un dibujo representativo de un cambio de orientación surrealista del autor, caracterizado por una poética llena de pulcritud en la factura y de sugerencias ambiguas. La obra se presenta en un soporte horizontal dividido por dos planos. En el primero, a la derecha, se visualiza una escalinata de tres peldaños. En el segundo un elemento orgánico, puntilloso y sensual, hace equilibrio con sus formas geométricas y con el cubo que, elevado, se expande por encima de los escalones. El trabajo del dibujo, pulido y de una gran nitidez, propone una escena metafísica en la que se explora la espacialidad. Así mismo, el autor alude a una escalera imposible, que confunde al espectador por su propia situación, creando los enigmas visuales que dan a su obra un sello inconfundible.

Asdrúbal Domínguez fue artista de un profundo y dinámico compromiso social. Participó de forma activa en la Guerra de Abril de 1965 y formó parte de su Frente Cultural, desde donde defendió los derechos del pueblo dominicano. Esto hizo que Domínguez acentuara su compromiso con los asuntos sociales y, a partir de la intervención militar norteamericana de ese mismo año, se mostró decididamente combativo con su obra. Los elementos de la dominicanidad contribuyeron a reafirmar ese mensaje de soberanía que patentizaba en cada una de sus obras. Pájaros muertos sobre azotea está ejecutada en un soporte rectangular, con un cromatismo de gran impacto, donde predominan amarillo, azul, negro y rojo. El autor ofrece una composición de esquemas geométricos, cuyas formas representan el dramatismo de las aves muertas en una azotea. Esta es una obra excepcional en la trayectoria artística de Domínguez, sin dudas un importante icono de la pintura expresionista de la década del sesenta en la República Dominicana.

Vicente Pimentel nació en Santo Domingo en 1947. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de esa misma ciudad y en la Ecole d’Art et Architecture en Francia, país donde vive y trabaja en la actualidad. Pimentel confiere al dibujo un lugar prominente en su ejercicio plástico, consiguiendo la excelencia en esa práctica artística. Sus preocupaciones conceptuales se han dirigido a “universalizar todas las vivencias dominicanas a través de conceptos que expresa con su arte”. Su obra La vanguardia presenta un busto de mujer de gran dinamismo y movimiento, donde se muestra ese dominio técnico. La vanguardia, representada por el autor en la imagen de una mujer joven y exuberante, establece un paralelismo entre su propia visión del futuro y las nuevas formas de pensamiento social. Pimentel, artista que produce una obra repleta de referentes subjetivos y poéticos, establece en sus dibujos una búsqueda constante en la relación figura signo. De ahí que esta pieza, de una precisión y delicadeza de dibujo conmovedora, refleja su interés por establecer las relaciones conceptuales entre la imagen y su poética de titulación.

 

La extensa producción artística de Ramón Oviedo es reflejo de profundos y productivos desdoblamientos discursivos, donde el hombre, comprometido social e ideológicamente, dialoga con el productor de formas y lenguajes artísticos. Este artista cardinal para la historia del arte dominicano cuenta con una gran herencia estética de las vanguardias artísticas, modificada por la constante búsqueda de diferentes formas de expresión que se acoplen a los cuestionamientos de su ser social y sus necesidades comunicativas personales. La mayor parte de la obra de Oviedo se enfoca en temáticas sociales. El pueblo dominicano, el humanismo insular y la pobreza son parte de su repertorio. Levántate Lázaro es una pintura de lenguaje expresionista, caracterizada por el dibujo acentuado y sus gamas en blanco y azules. La composición, trazada en cuadrantes horizontales, está compuesta por tres figuras humanas superpuestas y una cuarta acostada. La figura central expresa la crucifixión y todos los personajes poseen desproporciones anatómicas y rasgos exagerados. Esta obra remite a temarios sobre la redención y la liberación de un pueblo económicamente depredado y sumergido en una convulsa situación política y social.

 

Soucy de Pellerano nació en Santo Domingo. Ingresó en la Escuela Nacional de Bellas Artes y se graduó en 1967, año en que presentó su primera exposición individual. Con Paul Giudicelli estudió directamente desde 1964 y recibió una formación basada en los postulados del expresionismo geométrico. En sus numerosas exposiciones mostró el manejo del dibujo, de la pintura, y más tarde de la escultura y las instalaciones. Su trabajo, especialmente de ensamblaje y collage, está realizada a base de desechos y materiales como plexiglás, placas radiográficas y luces. Levitación 2 presenta un par de figuras antropomorfas elaboradas con placas radiográficas. La de mayor volumen asemeja un cuerpo femenino y sostiene en una de sus manos una línea que la conecta con el segundo personaje, de menor proporción y que levita. Ambos cuerpos están acentuados por líneas, que en la parte inferior se conectan a la firma de la artista. Esta pieza es un referente importante sobre la multidisciplinariedad de la autora y su muy particular traspaso de las fronteras de las manifestaciones en cualquiera de los géneros que trabaja. Creadora prolífica y diversa, Soucy aborda en este dibujo las complejidades formales que también se planteaba en la escultura, la escenografía y las ambientaciones que realizaba paralelamente. En Levitación 2, la composición rectangular ofrece un rompimiento de planos distintivo en su obra. Estas elucubraciones formales llevan a la artista a construir espacios insondables de fantasía, en los que pertinentemente evalúa también la propia práctica artística.

En los orígenes del retrato fotográfico en la República Dominicana es notable la costumbre de las tarjetas de visita o de presentación. Poseer un recordatorio de la imagen de cada quien resultaba en el siglo XIX una novedad. Estos retratos fotográficos tuvieron una gran demanda entre ciertos sectores de la sociedad que necesitaban reproducir su imagen con mayor rapidez y veracidad. Un ejemplo interesante de estas tarjetas es el Retrato de hombre del Cibao. Esta pieza, junto a otras de la misma naturaleza, se encuentra en la Colección Eduardo León Jimenes de Artes Visuales en calidad de préstamo a largo plazo, cedido por la Casa Fotográfica de Wifredo García. La imagen tiene un texto explicativo, presumiblemente escrito por el propio Wifredo: “En la República Dominicana se introdujo la fotografía cuando ya el daguerrotipo había caído en desuso, de manera que las primeras técnicas fotográficas desarrolladas en el país fueron del tipo de colodión sobre metal. Cuando este metal era hierro se llamaba ferrotipo. Este ejemplar es posible que sea una de las fotografías dominicanas más antiguas que se conoce”. La fotografía tomada se pegaba generalmente en cartones, a veces decorados, como en este caso, que incluían los datos del estudio fotográfico a manera de identificación; así, el nombre y la dirección del establecimiento acompañaban para siempre al sujeto retratado. Además, proveían una base para que el personaje fotografiado pudiera escribir mensajes al dorso. Este tipo de fotografía tenía un carácter fundamentalmente utilitario y de presentación.

Orlando Menicucci, oriundo de Santiago de los Caballeros, realizó algunos estudios en la Escuela de Bellas Artes de Santiago. Posteriormente ingresó a la Universidad Católica Madre y Maestra (UCMM) y se inscribió en la carrera de Trabajo Social. Es en este recinto académico que Menicucci proyectó su carrera artística, al fundar, junto a otros estudiantes universitarios, el Grupo Friordano. Desde los años sesenta, en diversos puntos del país, los artistas comienzan a formar grupos cohesionados a partir de motivos ideológicos o estéticos. Tales colectivos configuraron el perfil cultural de una época en que la sociedad dominicana fue estremecida por movimientos sociales que tuvieron profundas consecuencias para el devenir nacional. Desde su integración como grupo, ocurrida en Santiago de los Caballeros durante el verano de 1967, Friordano se planteó importantes rupturas con la tradición en cuanto a técnicas y estilos pictóricos. Como grupo, quiso contribuir a ampliar el acceso del público al arte, que inicialmente llevaron a la Universidad Católica Madre y Maestra, desde donde se esforzaron por proyectarlo hacia la comunidad. Friordano es una consecuencia directa del desarrollo de las artes de Santiago y de su llamada Escuela. Así como sus miembros son deudores del interés por los rasgos identitarios que la Escuela de Santiago refrendó, también desde estos temarios plantean rupturas de carácter conceptual e ideológico.

Diciembre 16-68 es una obra intrínsecamente vinculada al periodo en que Orlando Menicucci formó parte de Friordano (1967-1971), momento de gran intensidad creativa en que la producción del artista fluye de la semiabstracción a la obra abstracta. En esta pieza predominan los colores sobrios y terrosos sobre un fondo marrón. Es evidente el trabajo con materiales extra pictóricos, que aportan elementos de textura y fuerza dramática la pintura. El título de la obra alude a la celebración del cumpleaños de un colega pintor.

Danicel nació en Puerto Plata y se educó en Santiago de los Caballeros desde temprana edad. Inició su formación artística con Mario Grullón y asistiendo a la Academia Yoryi. Posteriormente, acudió a la Escuela de Bellas Artes de la ciudad, donde se formó con Yoryi Morel y Federico Izquierdo. Mientras cursaba la cerrera de Educación en la Universidad Católica Madre y Maestra (UCMM), se conviertió en uno de los fundadores del Grupo Friordano, con el cual expuso entre 1968 y 1971. Luego de la experiencia colectiva con Friordano, Danicel (nombre con el que suele presentarse este artista) continuó desarrollando una obra personal en la que se destaca la temática femenina.A la par de su carrera artística, ha llevado a cabo una importante labor como historiador, curador y crítico de arte. Miseriografía se inscribe en uno de los primeros ciclos creativos de este autor, que se desarrolla a partir de su práctica artística dentro del Grupo Friordano. La pieza muestra una figura famélica, sentada de perfil, que tiene sobre sus piernas una vasija donde se localiza el esqueleto de un pez. Hasta finales de la década del sesenta, Danicel produjo un cuerpo de trabajo que se destaca por abordar una temática de gran humanismo, enraizada en la problemática social, como era común para muchos artistas nacionales de la generación del sesenta. De esa manera, personajes hambrientos, desprotegidos, asociados a la pobreza y a la miseria, son los protagonistas de muchos de estos trabajos. Desde el punto de vista formal, el artista reduce el dibujo a lo esencial, empleando líneas gruesas y empastes conseguidos con una mezcla de materiales extrapictóricos, que provocan un predominio de la textura sobre el color y otorgan a esta pintura una gran fuerza dramática.

Yoryi Morel fue un artista fundamentalmente autodidacta, aunque se atribuye el desarrollo de su estilo a algunas orientaciones que desde temprana edad le suministró el pintor santiaguero Juan Bautista Gómez y al hecho de que recibió algunas enseñanzas académicas. La prolífica obra de Morel se destaca por su carácter profundamente personal y por su orientación a la representación de la identidad nacional. El hábitat –fundamentalmente cibaeño–, las costumbres y tradiciones ocales, las labores y los personajes de su entono son los temas principales de su cuerpo de trabajo, que se desarrolla durante aproximadamente sesenta años. Morel es uno de los referentes fundamentales de la Escuela de Santiago, expresión independiente iniciada por Juan Bautista Gómez, en la que se inscriben otros creadores de esta región del país, cuyas obras presentan denominadores comunes. Su trabajo, de referencia fundamental en las artes visuales dominicanas, y el legado por su sistemática y fecunda labor docente, merecieron que el Congreso de la República Dominicana lo declarara Pintor Nacional, al conmemorarse el centenario de su natalicio. Paisaje con tres casas muestra una pintura en dos planos fundamentales: en el primero se destacan varios árboles de intenso follaje; en el segundo se observan tres viviendas típicas rurales, de madera y techo de cana. En esta obra la pincelada es corta y enérgica –acentuada por el juego de luces y sombras– y predominan los empastes y el trabajo con la materia. La gama cromática utilizada por el artista se acerca a los colores pasteles, que realzan la sutileza y delicadeza de este paisaje. El Cibao, en tanto espacio natural y social, fue para Yoryi Morel el motivo de representación por excelencia: como asunto principal en múltiples casos, o como un importante contexto ambiental en obras donde otras temáticas adquieren preponderancia. El acercamiento de Morel al paisaje cibaeño fue fruto del contacto directo y emocional con un entorno que representó intensamente.

Mario Grullón inició su formación artística en la Academia que dirigía Yoryi Morel en la ciudad de Santiago de los Caballeros. Más adelante, una beca municipal le permitió desarrollar otros estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Santo Domingo. A partir de ese momento, asistió a varias ediciones de la Bienal Nacional (1948, 1950, 1952 y 1956), donde presentó obras en las que se puede notar el desarrollo de su estilo. Grullón llevó a cabo la mayor parte de su obra en su ciudad natal y ejerció, primero desde su posición como profesor de la Academia Yoryi y más adelante como Director de la Escuela de Bellas Artes santiaguera, una labor de orientación para artistas de generaciones posteriores. Su obra muestra profundas conexiones con el Cibao, que son visibles en la presentación del paisaje, las tradiciones, los personajes locales y sus labores y faenas. Esta orientación lo convierte en uno de los principales representantes de la Escuela de Santiago. Sin embargo, Grullón se destaca por una producción con características marcadamente personales, en la que el vínculo con el universo afroantillano resulta notable. Fantasía presenta a tres personajes inmersos en un paisaje nocturno, en el que se destaca una profusa vegetación de diferentes tonos de verde. Las figuras dominan la composición en un equilibrio piramidal y se observan en distintas posiciones: los dos personajes con características femeninas, cuyas acciones le otorgan papeles protagónicos, aparecen de espaldas y de frente; el tercero, presumiblemente masculino, se muestra de perfil. Los tres parecen ejecutar una ceremonia marcada por el sonido de unas maracas. En esta pieza son notables características esenciales de uno de los periodos estilísticos del artista, que se desarrolla a partir de la década del sesenta: la temática femenina, la presentación de figuras estilizadas con cuellos alargados y extremidades expresivamente deformadas, y la presencia de personajes de raza negra inmersos en un ambiente mágico.

 

Pintor perteneciente a la generación de 1930, realizó sus estudios artísticos y formales en Santiago de los Caballeros, donde se formó como maestro, dibujante y pintor. En las dos últimas especialidades recibió instrucciones de Juan Bautista Gómez, en su Academia de Dibujo y Pintura establecida en Santiago desde 1920. Junto con Bautista y Yoryi Morel, Izquierdo es considerado uno de los principales exponentes de la Escuela de Santiago. Este artista desarrolló una temática vinculada profundamente a la región y a sus tradiciones, herencias y costumbres, en un intento de documentarlas y legarlas a generaciones posteriores. En otro orden, cultivó el retrato. Desde su fundación y durante largos años, fue profesor de dibujo y pintura en la Escuela de Bellas Artes municipal, en la que formó a múltiples artistas de la provincia. Además de insigne educador y pintor de larga carrera, Izquierdo se distinguió por su labor comunitaria en su ciudad natal.

Naturaleza floral se inscribe en el género bodegón o naturaleza muerta, de gran tradición para la historia del arte. La pintura presenta un conjunto de flores rosadas, blancas y rojas sobre un fondo marrón. Esta es una pieza singular dentro de la producción de Izquierdo, cuyas temáticas más frecuentes se concentran en destacar el hábitat y las tradiciones citadinas y rurales. Al contrario de la mayor parte de su obra, que refleja un enfoque abierto, directo y racional sobre espacios y personajes locales, esta pieza muestra una mirada íntima y delicada a un segmento de realidad.

Jacinto Domínguez inició sus estudios en la Academia del artista Yoryi Morel, en la que se formó con Federico Izquierdo, Mario Grullón, Negro Disla, entre otros profesores de reconocida trayectoria. En 1950 ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes en Santo Domingo, donde se vinculó especialmente a Prats Ventós, con quien se especializó en escultura; y a José Vela Zanetti, quien lo instruyó en pintura mural. A su regreso a Santiago, en 1955, fue nombrado profesor en la Academia de Bellas Artes de la ciudad, institución de enseñanza artística en la que llegó a ser Director en 1980. La obra pictórica de Jacinto Domínguez ha transitado por diversos senderos, en los que siempre alude al paisaje local y a los personajes y tradiciones populares, inscribiéndose así dentro de los principios temáticos de la Escuela de Santiago, de la que es uno de los más importantes continuadores. A la par, ha desarrollado una obra vinculada al retrato y a la imagen religiosa, y ha incluido dentro de su práctica artística la escultura y la pintura mural. Paisaje de Nibaje presenta un enfoque vertical de un punto urbano ubicado en este sector de Santiago de los Caballeros, donde se localiza la Fortaleza San Luis, edificio histórico emplazado en el siglo XVII que reviste gran significación para la historia nacional. La pintura, en la que predominan diferentes tonalidades de amarillos, azules y rojos, muestra una calle elevada en cuyo margen izquierdo aparecen casas y siluetas de otras edificaciones; y en el derecho postes de alumbrado eléctrico y algunos elementos de la construcción militar. Esta obra se incluye en una de las líneas estilísticas de Jacinto Domínguez, aquella marcada por la geometrización, la fragmentación de las formas y la riqueza cromática.

Cuquito Peña estudió en la Escuela de Bellas Artes de Santiago, que en ese entonces dirigía el artista Yoryi Morel, y en la que impartían docencia Federico Izquierdo y Mario Grullón. Realizó estudios de especialización en diferentes instituciones nacionales y europeas, entre ellas la Escuela de Artes Aplicadas a la Restauración de Madrid, España, en 1975. Cuquito Peña se ha desempeñado como profesor en importantes escuelas de arte del país, y ha desarrollado una labor significativa en la pintura mural, con obras en el Faro a Colón y la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Es profesor titular de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, ciudad donde reside en la actualidad. En 1992 fue declarado Hijo distinguido de Santiago de los Caballeros. Peña es uno de los más jóvenes representantes de la Escuela de Santiago. Sin embargo, aunque su obra comulga temáticamente con los principios fundamentales de esta Escuela, las características formales de su producción lo convierten en un renovador de la misma. Lechón es una pintura de formato rectangular que hace referencia a uno de los personajes principales del carnaval de Santiago: a los “guardianes de las comparsas”, que forman parte de esta celebración colectiva desde las últimas décadas del siglo XIX. Las tradicionales caretas de los lechones, en sus variantes pepineras y joyeras, aparecen fusionadas en esta obra compuesta a partir de esquemas y planos geométricos, en los que el artista descompone las máscaras en diferentes facetas y segmentos de color. Si bien una vertiente de la obra de Cuquito Peña se adscribe a la figuración, esta pieza es representativa de otra corriente estilística que asume los preceptos de la abstracción geométrica para desarrollar temáticas tradicionales.

Luis –Sisito– Desangles es uno de los precursores de las artes visuales nacionales de gran trascendencia y uno de los más importantes artistas vinculados al florecimiento cultural del siglo XIX, con el que emerge alcanzando una proyección que sobrepasa el reconocimiento en su país nativo. En República Dominicana se le relaciona al impulso determinante del arte dominicano por su labor educativa en varias disciplinas artísticas, vinculándose a los esfuerzos que emprendió la Escuela Hostosiana a favor de la enseñanza, de la multiplicación del magisterio y del desarrollo espiritual. Este óleo de Desangles muestra en formato panorámico una vista de la ciudad de Santo Domingo hacia finales del siglo XIX. En ese momento, la nueva pintura dominicana se centraba fundamentalmente en temas como el paisaje histórico, el retrato, el bodegón y las escenas indigenistas; en muchos casos en aras de realzar un sentimiento nacionalista. Desangles también trabajó estas temáticas de carácter romántico, movido por las ideas renovadoras que dominaban la sociedad dominicana en esos años. Esta obra, de la misma serie que su tan reconocida Vista de la ciudad desde Pajarito, está elaborada sobre la tapa de un piano y se encuentra estructurada a partir de tres planos: el primero lo define el encuentro del río Ozama y el Mar Caribe; el segundo, una hilera de edificaciones urbanas, donde se distinguen monumentos coloniales; y el tercero un cielo azul con nubes. La imagen del paisaje fluvial nos ofrece una visión extendida donde se pueden observar paralelamente variados elementos componentes del paisaje, siendo el protagonista el río Ozama.

 

Jaime Colson nació en Puerto Plata y se considera una figura trascendente del arte nacional. Viajó a Europa en 1920. Luego de una formación fundamentalmente parisina, regresó al país en 1950 para convertirse en un influyente y polémico maestro nacional con muchos adeptos. Antes había residido en España, Francia y México (1920-1950). Su obra, en gran medida definida por preocupaciones humanistas, transita por senderos que abarcan diferentes vías expresivas, desde la figuración académica y el cubismo, hasta el denominado neo-humanismo colsoniano. La figura humana adopta un papel protagónico en toda la obra de este artista, a través de un neoclasicismo que a decir de Manuel Rueda1 es en él un neohumanismo, que propone un discurso teórico diferente del abanderado por la Academia, inclinándose a modelos más humanos en cuanto al marco referencial. Colson es también un paradigma del vínculo e integración de artistas de América con las vanguardias europeas. Es evidente, a través de buena parte del corpus de trabajo de este creador, la presencia de tendencias espaciales surrealistas, vertientes cubistas y del neoclasicismo. En Colson estos atrevimientos de resemantización de una forma de hacer constituían una actitud plenamente estética de adhesión a una vanguardia que reinterpretaba y modificaba a su antojo. Igualmente, sus sujetos, hombres

o mujeres de pueblo, campesinos y trabajadores, componen el centro de referencia de este artista como entes protagónicos. Colson traza un discurso estético que, a su vuelta a la República Dominicana, se va a poblar de referencias a su pueblo y su gente. Muchacho con gorra roja pertenece a este momento de encuentro con su tierra y sus caracteres. Un busto de un joven común se enfrenta al espectador como sujeto protagonista. Su gorra roja, indicativa de una manera de vestir, y quizás de una filiación deportiva definida, es paradigma de una juventud, de una forma de existir e interactuar con el medio nacional.

El artista alemán George Hausdorf llegó a la República Dominicana en 1939, huyendo de las persecuciones de la Segunda Guerra Mundial. Hausdorf, un pintor con gran dominio técnico academicista, se sintió muy impactado por la nueva realidad a la que se enfrentó en el país e inició un proceso de investigación y recorrido por todo el territorio. Algunos especialistas entienden estas exploraciones como intentos casi de orden sociológico o taxonómico, debido a que el artista se dedicó a analizar los tipos y caracteres nacionales más comunes. Estos fueron su vía para la representación de los nuevos entornos y personajes que iba descubriendo. Los paisajes dominicanos, pero más aún las formas de vida, constituyeron elementos esenciales para este creador, quien mantuvo sus recursos y técnicas europeos y los aplicó a esta nueva realidad. El grabado Marchantes fue realizado en la técnica de aguafuerte y representa una escena donde tres vendedores ambulantes conversan. El artista dispone este núcleo de personas que socializan en un escenario que remeda la zona colonial de Santo Domingo. En otro grabado de la misma serie, Paisaje con palmeras y campesinos, Hausdorf representa el espacio desde el punto de vista de la exuberancia y la extensión de los paisajes rurales. Muestra, en perspectiva, un camino con unos campesinos cabalgando, flanqueados por palmeras y vegetación. Una vez más reformula, desde las técnicas academicistas europeas, la experiencia del paisaje y la gente dominicanos.

José Vela Zanetti nació en Burgos, España, en 1913, y murió en esa misma ciudad en 1999. Comenzó su formación artística en León, orientado por Manuel Bartolomé Cossío, y fue discípulo particular de José Ramón Zaragoza en Madrid. La Guerra Civil supuso un cambio radical en la vida del pintor. Su padre fue fusilado en 1936, y Vela Zanetti se identificó desde el primer momento con quienes defendían el arte al servicio de la revolución política. Ese mismo año se exilió en Santo

Domingo donde, junto a otros emigrantes, integra el primer cuerpo de profesores de la Escuela Nacional de Bellas Artes, de la que fue Director en 1949. Este artista es uno de los máximos exponentes de la pintura española moderna y uno de los precursores de esa modernidad en el arte dominicano .La obra Sin título data de 1958 y es característica de la teatralidad, monumentalidad y síntesis narrativa de la producción artística de José Vela Zanetti. Esta pintura formó parte de un políptico de cuatro piezas que en sus inicios estuvo instalado en Moca, en el Bar Maritza, centro de entretenimiento que se encontraba anexo al Teatro Maritza, propiedad de Rafael Perdomo Michel. Esta serie de obras hacía alusión, en su conjunto, a las artes (literatura, teatro, música) y al trópico que le servía de escenario. En esta pieza, Vela Zanetti muestra con verdadera maestría algunas de las características que eran usuales en su obra: la eficacia del uso del color, la balanceada estructura de las formas, de los planos y volúmenes, los personajes de contundente solidez, y el simbolismo que propone a partir de la confluencia de estos elementos. El fragmento de la poesía Trópico suelto (1942) de Manuel del Cabral, que aparece en el extremo inferior derecho, evoca la afinidad a esa confluencia de herencias culturales y tradiciones que el autor encontró en República Dominicana. Así como la llamada poesía negra tuvo en Manuel del Cabral una de sus voces más significativas, la obra de Vela Zanetti y, más específicamente, esta pintura, establece un diálogo poderoso con las cuestiones de la negritud, la identidad, la hibridez cultural, la tierra y el paisaje como su escenario.