Colecciones del Centro León

La colección de fotografías del periodista neozelandés recopila los momentos más trascendentales de la Revolución de Abril y de la historia dominicana post Trujillo.

Publicado en Noticias 2020

El encuentro fue realizado sobre las fotografías de la guerra de abril de 1965 que forman parte de este fondo, a propósito del 54 aniversario de esta gesta nacional.

Publicado en Noticias 2019

Fotografía de carácter documental, formato horizontal, a blanco y negro. La imagen fotográfica muestra la vista panorámica del acto de juramentación realizado al Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, como presidente constitucional de la República Dominicana, llevado a cabo en la Puerta de El Conde, en la ciudad de Santo Domingo. En la composición fotográfica, se observan diversas pancartas en apoyo al nuevo Presidente Constitucional. En la imagen, hacia el centro derecho, se visualizan a los soldados constitucionalistas, los cuales levantan las armas en señal de apoyo.

Dato Curioso:

Luego del Golpe de estado efectuado al profesor Juan Bosch el 25 de septiembre de 1963, el país atravesó por diferentes fases de gobierno, uno de los cuales fue el Gobierno Constitucionalista, el cual se caracterizó por propiciar el retorno del profesor Juan Bosch al Poder y la Constitución de 1963.

Fotografía de carácter documental, formato horizontal, a blanco y negro. La imagen fotográfica muestra un tanque de guerra norteamericano, mientras avanza por la calle El Conde, en la ciudad de Santo Domingo. Se observan sobre el vehículo militar, dos oficiales norteamericanos. En el segundo plano de la composición fotográfica, se destaca la Puerta de El Conde.

Dato Curioso:

Luego de firmado el Acta de Reconciliación Nacional, el 12 de septiembre de 1965, y con la cual finalizó la Guerra de Abril, los oficiales constitucionalistas fueron enviados a sus respectivos cuarteles y pueblos de la República Dominica. Las tropas norteamericanas ocuparon la Ciudad Colonial, con el propósito de evitar un nuevo levantamiento de armas. El Gobierno Constitucionalista, dirigido por el Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, tuvo su sede principal colocada en el edificio Copello, en la Ciudad Colonial.

A propósito del natalicio del político y escritor dominicano, Centro León expone en su Mediateca una serie de imágenes hasta ahora desconocidas del profesor Bosch. 

Publicado en Noticias 2015

 

La gráfica ha sido una histórica aliada de las luchas civiles. La combinación de imagen y texto -por lo general, sencillo y breve- de los mensajes hace posible desde muy pronto su empleo como instrumento de influencia política y de configuración de la opinión pública. En República Dominicana, y con el paso del tiempo esta relación se hizo más evidente. Sobre todo durante la Guerra de Abril de 1965 y la otra intervención norteamericana. En los años 60 el mundo del arte era estimulante y su producción material e intelectual, definitivamente indispensable. Los medios innovadores tales como la gráfica y el performance se desarrollaban. La producción gráfica de los sesentas captura no solamente un período tumultuoso de cambio político y social, sino que refleja el impacto de las luchas civiles y los principios de una particular ideologización en el mundo del arte dominicano. Posterior al golpe de estado en contra de Juan Bosch, las convulsiones y protestas sociales que desembocaron en una Guerra Civil, y finalmente una intervención militar norteamericana va a producir una reacción en los creadores de diversos ámbitos, escritores y artistas, respuestas que van a ir desde la participación activa en los movimientos políticos y conflagración bélica; hasta la definitiva modificación de sus discursos gráficos que van en ese momento a estar cargados de alusiones al contexto donde se desarrollaban. 

He aquí donde se plantea la urgencia como elemento característico y definidor de la gráfica, sobre todo la cartelística del momento. Según Danilo de los Santos, “en el espacio cultural que constituye la década del 60 para la sociedad dominicana, se producen sobresalientes registros educativos, literarios y artísticos, que si bien se expresan a instancia de una variación social e ideológica, representan –esos registros- el renuevo y la contraposición de las manifestaciones culturales que le preceden” . A partir de este momento en diversos puntos del país los creadores se comienzan a aglutinar por razones ideológicas o estéticas, dependiendo la predominancia de una u otra de estas razones según el creador o el lugar de desarrollo de los mismos. En la zona urbana de Santo Domingo donde se concentró la lucha armada y los conflictos debido a la invasión militar norteamericana, se desarrollaron grupos como el Frente Cultural Constitucionalista, Arte y Liberación y El Puño entre otros. Estos serán los que se agruparon por razones fundamentalmente doctrinarias y de cariz político para contribuir directamente con las transformaciones sociales que se creían necesarias en ese momento. Los que estructuran estos colectivos a partir de móviles ideológicos van a tener una activa participación en la guerra civil de 1965 y su obra va a favorecer a la configuración del lenguaje del pueblo, de la guerra y de la resistencia a la invasión militar norteamericana que ocurrió como consecuencia de dicha revuelta popular.

Son estos mismos creadores aglutinados que configuran esa imagen del pueblo en oposición a la imagen de país. Aunque con fuertes connotaciones patrióticas debido a la invasión norteamericana, estos creadores se plantean desde la gráfica (en su sentido más independiente, crítico y mordaz) una respuesta como pueblo, como conglomerado de personas batallando por un horizonte común.

 

La gráfica ha sido una histórica aliada de las luchas civiles. La combinación de imagen y texto -por lo general, sencillo y breve- de los mensajes hace posible desde muy pronto su empleo como instrumento de influencia política y de configuración de la opinión pública. En República Dominicana, y con el paso del tiempo esta relación se hizo más evidente. Sobre todo durante la Guerra de Abril de 1965 y la otra intervención norteamericana. En los años 60 el mundo del arte era estimulante y su producción material e intelectual, definitivamente indispensable. Los medios innovadores tales como la gráfica y el performance se desarrollaban. La producción gráfica de los sesentas captura no solamente un período tumultuoso de cambio político y social, sino que refleja el impacto de las luchas civiles y los principios de una particular ideologización en el mundo del arte dominicano. Posterior al golpe de estado en contra de Juan Bosch, las convulsiones y protestas sociales que desembocaron en una Guerra Civil, y finalmente una intervención militar norteamericana va a producir una reacción en los creadores de diversos ámbitos, escritores y artistas, respuestas que van a ir desde la participación activa en los movimientos políticos y conflagración bélica; hasta la definitiva modificación de sus discursos gráficos que van en ese momento a estar cargados de alusiones al contexto donde se desarrollaban. 

He aquí donde se plantea la urgencia como elemento característico y definidor de la gráfica, sobre todo la cartelística del momento. Según Danilo de los Santos, “en el espacio cultural que constituye la década del 60 para la sociedad dominicana, se producen sobresalientes registros educativos, literarios y artísticos, que si bien se expresan a instancia de una variación social e ideológica, representan –esos registros- el renuevo y la contraposición de las manifestaciones culturales que le preceden” . A partir de este momento en diversos puntos del país los creadores se comienzan a aglutinar por razones ideológicas o estéticas, dependiendo la predominancia de una u otra de estas razones según el creador o el lugar de desarrollo de los mismos. En la zona urbana de Santo Domingo donde se concentró la lucha armada y los conflictos debido a la invasión militar norteamericana, se desarrollaron grupos como el Frente Cultural Constitucionalista, Arte y Liberación y El Puño entre otros. Estos serán los que se agruparon por razones fundamentalmente doctrinarias y de cariz político para contribuir directamente con las transformaciones sociales que se creían necesarias en ese momento. Los que estructuran estos colectivos a partir de móviles ideológicos van a tener una activa participación en la guerra civil de 1965 y su obra va a favorecer a la configuración del lenguaje del pueblo, de la guerra y de la resistencia a la invasión militar norteamericana que ocurrió como consecuencia de dicha revuelta popular.

Son estos mismos creadores aglutinados que configuran esa imagen del pueblo en oposición a la imagen de país. Aunque con fuertes connotaciones patrióticas debido a la invasión norteamericana, estos creadores se plantean desde la gráfica (en su sentido más independiente, crítico y mordaz) una respuesta como pueblo, como conglomerado de personas batallando por un horizonte común.

 

 

La gráfica ha sido una histórica aliada de las luchas civiles. La combinación de imagen y texto -por lo general, sencillo y breve- de los mensajes hace posible desde muy pronto su empleo como instrumento de influencia política y de configuración de la opinión pública. En República Dominicana, y con el paso del tiempo esta relación se hizo más evidente. Sobre todo durante la Guerra de Abril de 1965 y la otra intervención norteamericana. En los años 60 el mundo del arte era estimulante y su producción material e intelectual, definitivamente indispensable. Los medios innovadores tales como la gráfica y el performance se desarrollaban. La producción gráfica de los sesentas captura no solamente un período tumultuoso de cambio político y social, sino que refleja el impacto de las luchas civiles y los principios de una particular ideologización en el mundo del arte dominicano. Posterior al golpe de estado en contra de Juan Bosch, las convulsiones y protestas sociales que desembocaron en una Guerra Civil, y finalmente una intervención militar norteamericana va a producir una reacción en los creadores de diversos ámbitos, escritores y artistas, respuestas que van a ir desde la participación activa en los movimientos políticos y conflagración bélica; hasta la definitiva modificación de sus discursos gráficos que van en ese momento a estar cargados de alusiones al contexto donde se desarrollaban. 

He aquí donde se plantea la urgencia como elemento característico y definidor de la gráfica, sobre todo la cartelística del momento. Según Danilo de los Santos, “en el espacio cultural que constituye la década del 60 para la sociedad dominicana, se producen sobresalientes registros educativos, literarios y artísticos, que si bien se expresan a instancia de una variación social e ideológica, representan –esos registros- el renuevo y la contraposición de las manifestaciones culturales que le preceden” . A partir de este momento en diversos puntos del país los creadores se comienzan a aglutinar por razones ideológicas o estéticas, dependiendo la predominancia de una u otra de estas razones según el creador o el lugar de desarrollo de los mismos. En la zona urbana de Santo Domingo donde se concentró la lucha armada y los conflictos debido a la invasión militar norteamericana, se desarrollaron grupos como el Frente Cultural Constitucionalista, Arte y Liberación y El Puño entre otros. Estos serán los que se agruparon por razones fundamentalmente doctrinarias y de cariz político para contribuir directamente con las transformaciones sociales que se creían necesarias en ese momento. Los que estructuran estos colectivos a partir de móviles ideológicos van a tener una activa participación en la guerra civil de 1965 y su obra va a favorecer a la configuración del lenguaje del pueblo, de la guerra y de la resistencia a la invasión militar norteamericana que ocurrió como consecuencia de dicha revuelta popular.

Son estos mismos creadores aglutinados que configuran esa imagen del pueblo en oposición a la imagen de país. Aunque con fuertes connotaciones patrióticas debido a la invasión norteamericana, estos creadores se plantean desde la gráfica (en su sentido más independiente, crítico y mordaz) una respuesta como pueblo, como conglomerado de personas batallando por un horizonte común.

 

La gráfica ha sido una histórica aliada de las luchas civiles. La combinación de imagen y texto -por lo general, sencillo y breve- de los mensajes hace posible desde muy pronto su empleo como instrumento de influencia política y de configuración de la opinión pública. En República Dominicana, y con el paso del tiempo esta relación se hizo más evidente. Sobre todo durante la Guerra de Abril de 1965 y la otra intervención norteamericana. En los años 60 el mundo del arte era estimulante y su producción material e intelectual, definitivamente indispensable. Los medios innovadores tales como la gráfica y el performance se desarrollaban. La producción gráfica de los sesentas captura no solamente un período tumultuoso de cambio político y social, sino que refleja el impacto de las luchas civiles y los principios de una particular ideologización en el mundo del arte dominicano. Posterior al golpe de estado en contra de Juan Bosch, las convulsiones y protestas sociales que desembocaron en una Guerra Civil, y finalmente una intervención militar norteamericana va a producir una reacción en los creadores de diversos ámbitos, escritores y artistas, respuestas que van a ir desde la participación activa en los movimientos políticos y conflagración bélica; hasta la definitiva modificación de sus discursos gráficos que van en ese momento a estar cargados de alusiones al contexto donde se desarrollaban. 

He aquí donde se plantea la urgencia como elemento característico y definidor de la gráfica, sobre todo la cartelística del momento. Según Danilo de los Santos, “en el espacio cultural que constituye la década del 60 para la sociedad dominicana, se producen sobresalientes registros educativos, literarios y artísticos, que si bien se expresan a instancia de una variación social e ideológica, representan –esos registros- el renuevo y la contraposición de las manifestaciones culturales que le preceden” . A partir de este momento en diversos puntos del país los creadores se comienzan a aglutinar por razones ideológicas o estéticas, dependiendo la predominancia de una u otra de estas razones según el creador o el lugar de desarrollo de los mismos. En la zona urbana de Santo Domingo donde se concentró la lucha armada y los conflictos debido a la invasión militar norteamericana, se desarrollaron grupos como el Frente Cultural Constitucionalista, Arte y Liberación y El Puño entre otros. Estos serán los que se agruparon por razones fundamentalmente doctrinarias y de cariz político para contribuir directamente con las transformaciones sociales que se creían necesarias en ese momento. Los que estructuran estos colectivos a partir de móviles ideológicos van a tener una activa participación en la guerra civil de 1965 y su obra va a favorecer a la configuración del lenguaje del pueblo, de la guerra y de la resistencia a la invasión militar norteamericana que ocurrió como consecuencia de dicha revuelta popular.

Son estos mismos creadores aglutinados que configuran esa imagen del pueblo en oposición a la imagen de país. Aunque con fuertes connotaciones patrióticas debido a la invasión norteamericana, estos creadores se plantean desde la gráfica (en su sentido más independiente, crítico y mordaz) una respuesta como pueblo, como conglomerado de personas batallando por un horizonte común.

 

La gráfica ha sido una histórica aliada de las luchas civiles. La combinación de imagen y texto -por lo general, sencillo y breve- de los mensajes hace posible desde muy pronto su empleo como instrumento de influencia política y de configuración de la opinión pública. En República Dominicana, y con el paso del tiempo esta relación se hizo más evidente. Sobre todo durante la Guerra de Abril de 1965 y la otra intervención norteamericana. En los años 60 el mundo del arte era estimulante y su producción material e intelectual, definitivamente indispensable. Los medios innovadores tales como la gráfica y el performance se desarrollaban. La producción gráfica de los sesentas captura no solamente un período tumultuoso de cambio político y social, sino que refleja el impacto de las luchas civiles y los principios de una particular ideologización en el mundo del arte dominicano. Posterior al golpe de estado en contra de Juan Bosch, las convulsiones y protestas sociales que desembocaron en una Guerra Civil, y finalmente una intervención militar norteamericana va a producir una reacción en los creadores de diversos ámbitos, escritores y artistas, respuestas que van a ir desde la participación activa en los movimientos políticos y conflagración bélica; hasta la definitiva modificación de sus discursos gráficos que van en ese momento a estar cargados de alusiones al contexto donde se desarrollaban. 

He aquí donde se plantea la urgencia como elemento característico y definidor de la gráfica, sobre todo la cartelística del momento. Según Danilo de los Santos, “en el espacio cultural que constituye la década del 60 para la sociedad dominicana, se producen sobresalientes registros educativos, literarios y artísticos, que si bien se expresan a instancia de una variación social e ideológica, representan –esos registros- el renuevo y la contraposición de las manifestaciones culturales que le preceden” . A partir de este momento en diversos puntos del país los creadores se comienzan a aglutinar por razones ideológicas o estéticas, dependiendo la predominancia de una u otra de estas razones según el creador o el lugar de desarrollo de los mismos. En la zona urbana de Santo Domingo donde se concentró la lucha armada y los conflictos debido a la invasión militar norteamericana, se desarrollaron grupos como el Frente Cultural Constitucionalista, Arte y Liberación y El Puño entre otros. Estos serán los que se agruparon por razones fundamentalmente doctrinarias y de cariz político para contribuir directamente con las transformaciones sociales que se creían necesarias en ese momento. Los que estructuran estos colectivos a partir de móviles ideológicos van a tener una activa participación en la guerra civil de 1965 y su obra va a favorecer a la configuración del lenguaje del pueblo, de la guerra y de la resistencia a la invasión militar norteamericana que ocurrió como consecuencia de dicha revuelta popular.

Son estos mismos creadores aglutinados que configuran esa imagen del pueblo en oposición a la imagen de país. Aunque con fuertes connotaciones patrióticas debido a la invasión norteamericana, estos creadores se plantean desde la gráfica (en su sentido más independiente, crítico y mordaz) una respuesta como pueblo, como conglomerado de personas batallando por un horizonte común.

 

La gráfica ha sido una histórica aliada de las luchas civiles. La combinación de imagen y texto -por lo general, sencillo y breve- de los mensajes hace posible desde muy pronto su empleo como instrumento de influencia política y de configuración de la opinión pública. En República Dominicana, y con el paso del tiempo esta relación se hizo más evidente. Sobre todo durante la Guerra de Abril de 1965 y la otra intervención norteamericana. En los años 60 el mundo del arte era estimulante y su producción material e intelectual, definitivamente indispensable. Los medios innovadores tales como la gráfica y el performance se desarrollaban. La producción gráfica de los sesentas captura no solamente un período tumultuoso de cambio político y social, sino que refleja el impacto de las luchas civiles y los principios de una particular ideologización en el mundo del arte dominicano. Posterior al golpe de estado en contra de Juan Bosch, las convulsiones y protestas sociales que desembocaron en una Guerra Civil, y finalmente una intervención militar norteamericana va a producir una reacción en los creadores de diversos ámbitos, escritores y artistas, respuestas que van a ir desde la participación activa en los movimientos políticos y conflagración bélica; hasta la definitiva modificación de sus discursos gráficos que van en ese momento a estar cargados de alusiones al contexto donde se desarrollaban. 

He aquí donde se plantea la urgencia como elemento característico y definidor de la gráfica, sobre todo la cartelística del momento. Según Danilo de los Santos, “en el espacio cultural que constituye la década del 60 para la sociedad dominicana, se producen sobresalientes registros educativos, literarios y artísticos, que si bien se expresan a instancia de una variación social e ideológica, representan –esos registros- el renuevo y la contraposición de las manifestaciones culturales que le preceden” . A partir de este momento en diversos puntos del país los creadores se comienzan a aglutinar por razones ideológicas o estéticas, dependiendo la predominancia de una u otra de estas razones según el creador o el lugar de desarrollo de los mismos. En la zona urbana de Santo Domingo donde se concentró la lucha armada y los conflictos debido a la invasión militar norteamericana, se desarrollaron grupos como el Frente Cultural Constitucionalista, Arte y Liberación y El Puño entre otros. Estos serán los que se agruparon por razones fundamentalmente doctrinarias y de cariz político para contribuir directamente con las transformaciones sociales que se creían necesarias en ese momento. Los que estructuran estos colectivos a partir de móviles ideológicos van a tener una activa participación en la guerra civil de 1965 y su obra va a favorecer a la configuración del lenguaje del pueblo, de la guerra y de la resistencia a la invasión militar norteamericana que ocurrió como consecuencia de dicha revuelta popular.

Son estos mismos creadores aglutinados que configuran esa imagen del pueblo en oposición a la imagen de país. Aunque con fuertes connotaciones patrióticas debido a la invasión norteamericana, estos creadores se plantean desde la gráfica (en su sentido más independiente, crítico y mordaz) una respuesta como pueblo, como conglomerado de personas batallando por un horizonte común.

 

A propósito de la próxima celebración del Día del Periodista en la República Dominicana, el Centro León realizó su habitual Encuentro con la memoria, que en esta ocasión contó con la participación de Bernard Diederich.

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