Colecciones del Centro León

En esta imagen, Wifredo García recrea una escena laboral desarrollada en el interior de una panadería rudimentaria. En la fotografía aparecen varias bandejas con panes tipo bolillo colocadas sobre el suelo. Las mismas son atendidas por un obrero de constitución fornida que viste con pantalones, delantal y sombrero de fibras vegetales.

Wifredo García fue fundador del grupo fotográfico Jueves 68 en Santiago de los Caballeros, y uno de los elementos clave en su desarrollo y proyección.  Este colectivo centró su trabajo en el reconocimiento de un paisaje y un espacio dominicano que habían sido invisibles para la práctica fotográfica nacional, planteando un nuevo rumbo a la fotografía dominicana, que dejaba de ser importante medio técnico de reproducción, para convertirse en una herramienta de carácter conceptual en manos del artista. Posteriormente, fundó Fotogrupo en Santo Domingo y dirigió la Casa Fotográfica de Wifredo García, institución para la difusión  y la enseñanza de la fotografía artística. Su prolífica producción ha tenido una contundente influencia sobre las vías por donde transita la fotografía dominicana contemporánea.

Conoce más sobre su obra través de la publicación Wifredo García : Peculiares obsesiones que puedes encontrar en la Mediateca del Centro León, con el código RD/770.92074/C397w o puedes consultar nuestro Fondo Wilfredo Garcia en nuestra base de datos Colección de Bienes Culturales a través de nuestro sitio web.

 

 

Jesús Natalio Puras Penzo (Santiago de los Caballeros 1933-2010), mejor conocido como APECO, fue un fotógrafo de pueblo y un creador multidisciplinario. Incursionó prácticamente en todas las áreas de esta disciplina dedicándose a la fotografía comercial y documental. Fue un artista del retrato, a tal punto que sería posible discutir si toda su obra no pertenece a este género cuyos límites él ensanchó con audacia y originalidad. Sus retratos recrean con predilección individuos o grupos inmersos en contextos de gran fuerza patrimonial (el carnaval, los oficios, las actividades de esparcimiento, entre otros) y personajes populares de Santiago (marginados, indigentes, perturbados, entre otros). En todos los casos, asistimos a un asombroso proceso de interiorización en las personas retratadas que permite una impactante exploración en las identidades, tanto individuales como colectivas, filtrada por la complicidad del artista, cuyo yo parece fundirse con la personalidad de los sujetos fotografiados.

Esta pieza intitulada Busuco, foto para una cédula anónima , es un ejemplo de este proceso de interiorización que APECO lograba a través de sus fotografías . El retratado aparece con una expresión facial sonriente y graciosa en el primer y único plano de la composición, mostrándonos otra faceta de este hombre, conocido por todos por Busuco, y logrando, quizás a través de esta cédula de identidad anónima, devolverle la dignidad a este personaje popular y pintoresco de las calles de la ciudad de Santiago de los Caballeros.

 

 

 

La gráfica ha sido una histórica aliada de las luchas civiles. La combinación de imagen y texto -por lo general, sencillo y breve- de los mensajes hace posible desde muy pronto su empleo como instrumento de influencia política y de configuración de la opinión pública. En República Dominicana, y con el paso del tiempo esta relación se hizo más evidente. Sobre todo durante la Guerra de Abril de 1965 y la otra intervención norteamericana. En los años 60 el mundo del arte era estimulante y su producción material e intelectual, definitivamente indispensable. Los medios innovadores tales como la gráfica y el performance se desarrollaban. La producción gráfica de los sesentas captura no solamente un período tumultuoso de cambio político y social, sino que refleja el impacto de las luchas civiles y los principios de una particular ideologización en el mundo del arte dominicano. Posterior al golpe de estado en contra de Juan Bosch, las convulsiones y protestas sociales que desembocaron en una Guerra Civil, y finalmente una intervención militar norteamericana va a producir una reacción en los creadores de diversos ámbitos, escritores y artistas, respuestas que van a ir desde la participación activa en los movimientos políticos y conflagración bélica; hasta la definitiva modificación de sus discursos gráficos que van en ese momento a estar cargados de alusiones al contexto donde se desarrollaban. 

He aquí donde se plantea la urgencia como elemento característico y definidor de la gráfica, sobre todo la cartelística del momento. Según Danilo de los Santos, “en el espacio cultural que constituye la década del 60 para la sociedad dominicana, se producen sobresalientes registros educativos, literarios y artísticos, que si bien se expresan a instancia de una variación social e ideológica, representan –esos registros- el renuevo y la contraposición de las manifestaciones culturales que le preceden” . A partir de este momento en diversos puntos del país los creadores se comienzan a aglutinar por razones ideológicas o estéticas, dependiendo la predominancia de una u otra de estas razones según el creador o el lugar de desarrollo de los mismos. En la zona urbana de Santo Domingo donde se concentró la lucha armada y los conflictos debido a la invasión militar norteamericana, se desarrollaron grupos como el Frente Cultural Constitucionalista, Arte y Liberación y El Puño entre otros. Estos serán los que se agruparon por razones fundamentalmente doctrinarias y de cariz político para contribuir directamente con las transformaciones sociales que se creían necesarias en ese momento. Los que estructuran estos colectivos a partir de móviles ideológicos van a tener una activa participación en la guerra civil de 1965 y su obra va a favorecer a la configuración del lenguaje del pueblo, de la guerra y de la resistencia a la invasión militar norteamericana que ocurrió como consecuencia de dicha revuelta popular.

Son estos mismos creadores aglutinados que configuran esa imagen del pueblo en oposición a la imagen de país. Aunque con fuertes connotaciones patrióticas debido a la invasión norteamericana, estos creadores se plantean desde la gráfica (en su sentido más independiente, crítico y mordaz) una respuesta como pueblo, como conglomerado de personas batallando por un horizonte común.

 

La gráfica ha sido una histórica aliada de las luchas civiles. La combinación de imagen y texto -por lo general, sencillo y breve- de los mensajes hace posible desde muy pronto su empleo como instrumento de influencia política y de configuración de la opinión pública. En República Dominicana, y con el paso del tiempo esta relación se hizo más evidente. Sobre todo durante la Guerra de Abril de 1965 y la otra intervención norteamericana. En los años 60 el mundo del arte era estimulante y su producción material e intelectual, definitivamente indispensable. Los medios innovadores tales como la gráfica y el performance se desarrollaban. La producción gráfica de los sesentas captura no solamente un período tumultuoso de cambio político y social, sino que refleja el impacto de las luchas civiles y los principios de una particular ideologización en el mundo del arte dominicano. Posterior al golpe de estado en contra de Juan Bosch, las convulsiones y protestas sociales que desembocaron en una Guerra Civil, y finalmente una intervención militar norteamericana va a producir una reacción en los creadores de diversos ámbitos, escritores y artistas, respuestas que van a ir desde la participación activa en los movimientos políticos y conflagración bélica; hasta la definitiva modificación de sus discursos gráficos que van en ese momento a estar cargados de alusiones al contexto donde se desarrollaban. 

He aquí donde se plantea la urgencia como elemento característico y definidor de la gráfica, sobre todo la cartelística del momento. Según Danilo de los Santos, “en el espacio cultural que constituye la década del 60 para la sociedad dominicana, se producen sobresalientes registros educativos, literarios y artísticos, que si bien se expresan a instancia de una variación social e ideológica, representan –esos registros- el renuevo y la contraposición de las manifestaciones culturales que le preceden” . A partir de este momento en diversos puntos del país los creadores se comienzan a aglutinar por razones ideológicas o estéticas, dependiendo la predominancia de una u otra de estas razones según el creador o el lugar de desarrollo de los mismos. En la zona urbana de Santo Domingo donde se concentró la lucha armada y los conflictos debido a la invasión militar norteamericana, se desarrollaron grupos como el Frente Cultural Constitucionalista, Arte y Liberación y El Puño entre otros. Estos serán los que se agruparon por razones fundamentalmente doctrinarias y de cariz político para contribuir directamente con las transformaciones sociales que se creían necesarias en ese momento. Los que estructuran estos colectivos a partir de móviles ideológicos van a tener una activa participación en la guerra civil de 1965 y su obra va a favorecer a la configuración del lenguaje del pueblo, de la guerra y de la resistencia a la invasión militar norteamericana que ocurrió como consecuencia de dicha revuelta popular.

Son estos mismos creadores aglutinados que configuran esa imagen del pueblo en oposición a la imagen de país. Aunque con fuertes connotaciones patrióticas debido a la invasión norteamericana, estos creadores se plantean desde la gráfica (en su sentido más independiente, crítico y mordaz) una respuesta como pueblo, como conglomerado de personas batallando por un horizonte común.

 

 

La gráfica ha sido una histórica aliada de las luchas civiles. La combinación de imagen y texto -por lo general, sencillo y breve- de los mensajes hace posible desde muy pronto su empleo como instrumento de influencia política y de configuración de la opinión pública. En República Dominicana, y con el paso del tiempo esta relación se hizo más evidente. Sobre todo durante la Guerra de Abril de 1965 y la otra intervención norteamericana. En los años 60 el mundo del arte era estimulante y su producción material e intelectual, definitivamente indispensable. Los medios innovadores tales como la gráfica y el performance se desarrollaban. La producción gráfica de los sesentas captura no solamente un período tumultuoso de cambio político y social, sino que refleja el impacto de las luchas civiles y los principios de una particular ideologización en el mundo del arte dominicano. Posterior al golpe de estado en contra de Juan Bosch, las convulsiones y protestas sociales que desembocaron en una Guerra Civil, y finalmente una intervención militar norteamericana va a producir una reacción en los creadores de diversos ámbitos, escritores y artistas, respuestas que van a ir desde la participación activa en los movimientos políticos y conflagración bélica; hasta la definitiva modificación de sus discursos gráficos que van en ese momento a estar cargados de alusiones al contexto donde se desarrollaban. 

He aquí donde se plantea la urgencia como elemento característico y definidor de la gráfica, sobre todo la cartelística del momento. Según Danilo de los Santos, “en el espacio cultural que constituye la década del 60 para la sociedad dominicana, se producen sobresalientes registros educativos, literarios y artísticos, que si bien se expresan a instancia de una variación social e ideológica, representan –esos registros- el renuevo y la contraposición de las manifestaciones culturales que le preceden” . A partir de este momento en diversos puntos del país los creadores se comienzan a aglutinar por razones ideológicas o estéticas, dependiendo la predominancia de una u otra de estas razones según el creador o el lugar de desarrollo de los mismos. En la zona urbana de Santo Domingo donde se concentró la lucha armada y los conflictos debido a la invasión militar norteamericana, se desarrollaron grupos como el Frente Cultural Constitucionalista, Arte y Liberación y El Puño entre otros. Estos serán los que se agruparon por razones fundamentalmente doctrinarias y de cariz político para contribuir directamente con las transformaciones sociales que se creían necesarias en ese momento. Los que estructuran estos colectivos a partir de móviles ideológicos van a tener una activa participación en la guerra civil de 1965 y su obra va a favorecer a la configuración del lenguaje del pueblo, de la guerra y de la resistencia a la invasión militar norteamericana que ocurrió como consecuencia de dicha revuelta popular.

Son estos mismos creadores aglutinados que configuran esa imagen del pueblo en oposición a la imagen de país. Aunque con fuertes connotaciones patrióticas debido a la invasión norteamericana, estos creadores se plantean desde la gráfica (en su sentido más independiente, crítico y mordaz) una respuesta como pueblo, como conglomerado de personas batallando por un horizonte común.

 

La gráfica ha sido una histórica aliada de las luchas civiles. La combinación de imagen y texto -por lo general, sencillo y breve- de los mensajes hace posible desde muy pronto su empleo como instrumento de influencia política y de configuración de la opinión pública. En República Dominicana, y con el paso del tiempo esta relación se hizo más evidente. Sobre todo durante la Guerra de Abril de 1965 y la otra intervención norteamericana. En los años 60 el mundo del arte era estimulante y su producción material e intelectual, definitivamente indispensable. Los medios innovadores tales como la gráfica y el performance se desarrollaban. La producción gráfica de los sesentas captura no solamente un período tumultuoso de cambio político y social, sino que refleja el impacto de las luchas civiles y los principios de una particular ideologización en el mundo del arte dominicano. Posterior al golpe de estado en contra de Juan Bosch, las convulsiones y protestas sociales que desembocaron en una Guerra Civil, y finalmente una intervención militar norteamericana va a producir una reacción en los creadores de diversos ámbitos, escritores y artistas, respuestas que van a ir desde la participación activa en los movimientos políticos y conflagración bélica; hasta la definitiva modificación de sus discursos gráficos que van en ese momento a estar cargados de alusiones al contexto donde se desarrollaban. 

He aquí donde se plantea la urgencia como elemento característico y definidor de la gráfica, sobre todo la cartelística del momento. Según Danilo de los Santos, “en el espacio cultural que constituye la década del 60 para la sociedad dominicana, se producen sobresalientes registros educativos, literarios y artísticos, que si bien se expresan a instancia de una variación social e ideológica, representan –esos registros- el renuevo y la contraposición de las manifestaciones culturales que le preceden” . A partir de este momento en diversos puntos del país los creadores se comienzan a aglutinar por razones ideológicas o estéticas, dependiendo la predominancia de una u otra de estas razones según el creador o el lugar de desarrollo de los mismos. En la zona urbana de Santo Domingo donde se concentró la lucha armada y los conflictos debido a la invasión militar norteamericana, se desarrollaron grupos como el Frente Cultural Constitucionalista, Arte y Liberación y El Puño entre otros. Estos serán los que se agruparon por razones fundamentalmente doctrinarias y de cariz político para contribuir directamente con las transformaciones sociales que se creían necesarias en ese momento. Los que estructuran estos colectivos a partir de móviles ideológicos van a tener una activa participación en la guerra civil de 1965 y su obra va a favorecer a la configuración del lenguaje del pueblo, de la guerra y de la resistencia a la invasión militar norteamericana que ocurrió como consecuencia de dicha revuelta popular.

Son estos mismos creadores aglutinados que configuran esa imagen del pueblo en oposición a la imagen de país. Aunque con fuertes connotaciones patrióticas debido a la invasión norteamericana, estos creadores se plantean desde la gráfica (en su sentido más independiente, crítico y mordaz) una respuesta como pueblo, como conglomerado de personas batallando por un horizonte común.

 

La gráfica ha sido una histórica aliada de las luchas civiles. La combinación de imagen y texto -por lo general, sencillo y breve- de los mensajes hace posible desde muy pronto su empleo como instrumento de influencia política y de configuración de la opinión pública. En República Dominicana, y con el paso del tiempo esta relación se hizo más evidente. Sobre todo durante la Guerra de Abril de 1965 y la otra intervención norteamericana. En los años 60 el mundo del arte era estimulante y su producción material e intelectual, definitivamente indispensable. Los medios innovadores tales como la gráfica y el performance se desarrollaban. La producción gráfica de los sesentas captura no solamente un período tumultuoso de cambio político y social, sino que refleja el impacto de las luchas civiles y los principios de una particular ideologización en el mundo del arte dominicano. Posterior al golpe de estado en contra de Juan Bosch, las convulsiones y protestas sociales que desembocaron en una Guerra Civil, y finalmente una intervención militar norteamericana va a producir una reacción en los creadores de diversos ámbitos, escritores y artistas, respuestas que van a ir desde la participación activa en los movimientos políticos y conflagración bélica; hasta la definitiva modificación de sus discursos gráficos que van en ese momento a estar cargados de alusiones al contexto donde se desarrollaban. 

He aquí donde se plantea la urgencia como elemento característico y definidor de la gráfica, sobre todo la cartelística del momento. Según Danilo de los Santos, “en el espacio cultural que constituye la década del 60 para la sociedad dominicana, se producen sobresalientes registros educativos, literarios y artísticos, que si bien se expresan a instancia de una variación social e ideológica, representan –esos registros- el renuevo y la contraposición de las manifestaciones culturales que le preceden” . A partir de este momento en diversos puntos del país los creadores se comienzan a aglutinar por razones ideológicas o estéticas, dependiendo la predominancia de una u otra de estas razones según el creador o el lugar de desarrollo de los mismos. En la zona urbana de Santo Domingo donde se concentró la lucha armada y los conflictos debido a la invasión militar norteamericana, se desarrollaron grupos como el Frente Cultural Constitucionalista, Arte y Liberación y El Puño entre otros. Estos serán los que se agruparon por razones fundamentalmente doctrinarias y de cariz político para contribuir directamente con las transformaciones sociales que se creían necesarias en ese momento. Los que estructuran estos colectivos a partir de móviles ideológicos van a tener una activa participación en la guerra civil de 1965 y su obra va a favorecer a la configuración del lenguaje del pueblo, de la guerra y de la resistencia a la invasión militar norteamericana que ocurrió como consecuencia de dicha revuelta popular.

Son estos mismos creadores aglutinados que configuran esa imagen del pueblo en oposición a la imagen de país. Aunque con fuertes connotaciones patrióticas debido a la invasión norteamericana, estos creadores se plantean desde la gráfica (en su sentido más independiente, crítico y mordaz) una respuesta como pueblo, como conglomerado de personas batallando por un horizonte común.

 

La gráfica ha sido una histórica aliada de las luchas civiles. La combinación de imagen y texto -por lo general, sencillo y breve- de los mensajes hace posible desde muy pronto su empleo como instrumento de influencia política y de configuración de la opinión pública. En República Dominicana, y con el paso del tiempo esta relación se hizo más evidente. Sobre todo durante la Guerra de Abril de 1965 y la otra intervención norteamericana. En los años 60 el mundo del arte era estimulante y su producción material e intelectual, definitivamente indispensable. Los medios innovadores tales como la gráfica y el performance se desarrollaban. La producción gráfica de los sesentas captura no solamente un período tumultuoso de cambio político y social, sino que refleja el impacto de las luchas civiles y los principios de una particular ideologización en el mundo del arte dominicano. Posterior al golpe de estado en contra de Juan Bosch, las convulsiones y protestas sociales que desembocaron en una Guerra Civil, y finalmente una intervención militar norteamericana va a producir una reacción en los creadores de diversos ámbitos, escritores y artistas, respuestas que van a ir desde la participación activa en los movimientos políticos y conflagración bélica; hasta la definitiva modificación de sus discursos gráficos que van en ese momento a estar cargados de alusiones al contexto donde se desarrollaban. 

He aquí donde se plantea la urgencia como elemento característico y definidor de la gráfica, sobre todo la cartelística del momento. Según Danilo de los Santos, “en el espacio cultural que constituye la década del 60 para la sociedad dominicana, se producen sobresalientes registros educativos, literarios y artísticos, que si bien se expresan a instancia de una variación social e ideológica, representan –esos registros- el renuevo y la contraposición de las manifestaciones culturales que le preceden” . A partir de este momento en diversos puntos del país los creadores se comienzan a aglutinar por razones ideológicas o estéticas, dependiendo la predominancia de una u otra de estas razones según el creador o el lugar de desarrollo de los mismos. En la zona urbana de Santo Domingo donde se concentró la lucha armada y los conflictos debido a la invasión militar norteamericana, se desarrollaron grupos como el Frente Cultural Constitucionalista, Arte y Liberación y El Puño entre otros. Estos serán los que se agruparon por razones fundamentalmente doctrinarias y de cariz político para contribuir directamente con las transformaciones sociales que se creían necesarias en ese momento. Los que estructuran estos colectivos a partir de móviles ideológicos van a tener una activa participación en la guerra civil de 1965 y su obra va a favorecer a la configuración del lenguaje del pueblo, de la guerra y de la resistencia a la invasión militar norteamericana que ocurrió como consecuencia de dicha revuelta popular.

Son estos mismos creadores aglutinados que configuran esa imagen del pueblo en oposición a la imagen de país. Aunque con fuertes connotaciones patrióticas debido a la invasión norteamericana, estos creadores se plantean desde la gráfica (en su sentido más independiente, crítico y mordaz) una respuesta como pueblo, como conglomerado de personas batallando por un horizonte común.

 

“Jóvenes de un grupo de poesía coreada declaman anoche, en el Palacio de los Deportes, la obra de Pedro Mir, Hay Un País en el Mundo, a la cual el grupo músico vocal Expresión Joven, puso música. El espectáculo presentado es parte del encuentro de nueva canción Siete Días con el Pueblo. ’’

Este extracto del periódico El Sol, nos muestra el grupo dominicano Expresión Joven durante su presentación en el festival Siete Días con el Pueblo que se desarrolló del 25 de noviembre al 1ero de diciembre 1974 en distintos puntos del país.   

Siete Días con el Pueblo fue un evento único en la historia de nuestro país que surgió dentro de un movimiento artístico y social en contra de los altos niveles de represión que se vivían durante los tres gobiernos consecutivos de Joaquín Balaguer Ricardo (1966-1978) y  en contra del surgimiento de regímenes dictatoriales  durante los años 70  en Sur América que provocó una respuesta importante. Fue la primera y última vez que un evento de tal magnitud internacional celebró la nueva canción latinoamericana, también conocida como canción total o canción protesta. Este evento político musical que se lleva a cabo en 3 escenarios diferentes a través de la República Dominicana y convocado por la Central General de Trabajadores, fue la única vía de protesta contra las injusticias del régimen de Balaguer sin represalias.

Conoce más sobre la nueva canción a través del libro Conceptos sobre el arte popular de Ramón Leonardo. Puedes encontrarlo en la Mediateca del Centro León con el código RD/781.64/L581c .

 

 

 

 

 

 

Jesús Natalio Puras Penzo (Santiago de los Caballeros 1933-2010), mejor conocido como APECO, fue un fotógrafo de pueblo y un creador multidisciplinario. Incursionó prácticamente todas las áreas de esta disciplina. dedicándose a la fotografía comercial y documental. Fue además corresponsal de prensa, fotorreportero, coleccionista, profesor, actor, dramaturgo y escritor.

Esta pieza, considerada un autorretrato, aparece como género en la fotografía artística dominicana durante los años sesenta de la mano de APECO. Empleando sus condiciones de actor, construyó relatos capaces de extender una reflexión hacia su entorno social y experimentar con las posibilidades del discurso narrativo elaborado desde la fotografía.

Sus autorretratos pueden ser agrupados en dos tipos: Los dedicados al oficio del fotógrafo y aquellos en los cuales APECO interpreta algún personaje.

En este autorretrato del artista, se observa que lleva puesto un par de espejuelos y un gorro de lana, sosteniendo entre sus manos una cámara fotográfica mientras mira fijamente la lente de la cámara que ha captado la imagen. 

En esta pieza, ¿cuál de los dos APECO puedes ver: al fotógrafo o algún personaje de su imaginario?

 

En los orígenes del retrato fotográfico en la República Dominicana es notable la costumbre de las tarjetas de visita o de presentación. Poseer un recordatorio de la imagen de cada quien resultaba una novedad en el siglo XIX.

Estos retratos fotográficos tuvieron una gran demanda entre ciertos sectores de la sociedad, que necesitaban reproducir su imagen con mayor rapidez y veracidad. Un ejemplo interesante de estas tarjetas, titulada Retrato de hombre del Cibao.

Esta pieza, junto a otras de la misma naturaleza, se encuentra en la Colección Eduardo León Jimenes de Artes Visuales en calidad de préstamo a largo plazo, cedido por la Casa Fotográfica de Wifredo García. La imagen tiene un texto explicativo, presumiblemente escrito por el propio Wifredo: “En la República Dominicana se introdujo la fotografía cuando ya el daguerrotipo había caído en desuso, de manera que las primeras técnicas fotográficas desarrolladas en el país fueron del tipo de colodión sobre metal. Cuando este metal era hierro se llamaba ferrotipo. Este ejemplar es posible que sea una de las fotografías dominicanas más antiguas que se conoce”.

La fotografía tomada se pegaba generalmente en cartones, a veces decorados, como en este caso, que incluían los datos del estudio fotográfico a manera de identificación; así, el nombre y la dirección del establecimiento acompañaban para siempre al sujeto retratado. Además, proveían una base para que el personaje fotografiado pudiera escribir mensajes al dorso. Este tipo de fotografía tenía un carácter fundamentalmente utilitario y de presentación.

Aprecia los retratos que solía tomar el destacado fotógrafo santiaguero Natalio Puras Penzo (APECO) en nuestra próxima exposición temporal. Esta semana se inaugura La insólita mirada irónica de APECO. Disfruta de la ceremonia homenaje a la obra de este artista, que realizó la Cámara de Diputados de la República Dominicana. Búscalo en la Mediateca del Centro León, con el código: CC-ELJ/MDV-0204.

 Apeco

Federico W. Lithgow Ceara ejerció de médico en Santiago de los Caballeros. Fue miembro de Jueves 68, grupo fotográfico de Santiago que inició el movimiento artístico grupal más dinámico y trascendente en la historia de la fotografía dominicana, y por ende de los movimientos grupales fotográficos en la República Dominicana. 

En esta fotografía, Lithgow Ceara nos muestra una escena costumbrista de 1948. En la imagen, se observa una estampa que describe una parte de la geografía de Santiago de los Caballeros, relacionada con la cotidianidad y los medios de vida de principios del siglo XX.

En el primer plano, se observa un grupo de mujeres vestidas de blanco durante el proceso de lavar ropa a orillas del río Yaque del Norte. Con este primer grupo de lavanderas, inicia el recorrido de una sugestiva línea en diagonal, que se quiebra de forma ondulada, en su proyección hacia planos posteriores, aportando movimiento y profundidad a la composición.

Un segundo grupo de personas aparece distante, realizando actividades similares por delante de difuminadas casas y árboles que dan cierre visual a la obra. 

Conoce más sobre la obra del fotógrafo Federico W. Lithgow Ceara al consultar el Fondo de Fotografía Dominicana Natalio Puras Penzo o a través del libro Historia de la fotografía dominicana vol. I de Jeannette Miller en la Mediateca del Centro León.

Si te interesan los grandes de la fotografía dominicana, consulta De maestro a maestro: Colectiva de fotografía con Max Pou, Natalio Puras Penzo (Apeco), Faustino Pérez, Domingo Batista y Wifredo García, artículo publicado en Artes en Santo Domingo, en el año 2007.

 Libro de Jeannette Miller

Marcial E. Schotborgh, integrante de la primera generación de egresados de la Escuela Nacional de Bellas Artes, estudió en ese centro educativo entre los años 1945 y 1949, donde aprendió de los profesores Ernesto Lothar, José Gausachs y José Vela Zanetti.

En 1951 realiza estudios con Jaime Colson. Fue expositor en colectivas y en bienales, galardonado por su obra Siesta en la IV Bienal Nacional en 1948, mereciendo también una distinción en acuarela dentro del Concurso de Escenas Típicas, celebrado en el país en la década de los años cincuenta.

Desde 1966 se desenvuelve como dibujante de ilustraciones en la Dirección de Publicaciones de la Universidad Autónoma de Santo Domigo, obteniendo en 1967 el tercer premio de dibujo en el Concurso de Arte Eduardo León Jimenes. Por encargo del Círculo de Coleccionistas de la Fundación Dominicana de Desarrollo realizó ediciones de dibujo de los monumentos coloniales de Santo Domingo en la década de los años setenta.

En diciembre de 1975 registra una muestra individual en la Biblioteca Nacional. En esta muestra observó la crítica de arte Marianne de Tolentino: “El artista se excede en la amplitud del campo pictórico, en una diversificación de motivos y de temas, tal vez por razones de excesiva conciencia profesional. Él trata sucesivamente rostros de niños, ramos de flores, paisajes, animales, escenas de grupos, gente entregadas a faenas humildes y cotidianas, evocaciones imaginarias (…), generalmente interpretadas de manera realista y dentro del contexto criollo”.

A raíz de la referida muestra Marcial E. Schotborgh confiesa: “Me atrae el arte moderno, pero no me expreso totalmente en esa forma porque en nuestro país el pueblo no comprende el arte abstracto, y por lo tanto respeto los conocimientos de una mayoría que solamente capta lo realista, lo que puede entender…”.

Esta reseña biográfica fue realizada por Danilo De Los Santos, modificada y extraída de la página 78 del libro Concurso de Arte Eduardo León Jimenes 25 Años de Historia.

Conoce más sobre la obra del dibujante Marcial E. Schotborgh a través de la publicación Colección Eduardo León Jimenes de Artes Visuales: Estructura, contenido, proyección, trascendencia, que puedes localizar en la Mediateca del Centro León, con el código: RD/708.97293/C397c.

Publicación del Centro León 

 

Conocida en el campo de la poesía femenina de corte intimista, Josefina Romano Pou incursiona en la pintura al presentar sus trabajos por primera vez en una exposición colectiva celebrada en Santo Domingo en 1966. Desde entonces y hasta el año 1977 había registrado cuatro exposiciones individuales y participado en muestras, concursos y bienales con otros pintores.

Una obra suya fue seleccionada para la XII Bienal Nacional de Artes Plásticas, celebrada en 1972. En 1978 figuró con tres gouaches en la exposición Santo Domingo, la mujer y el arte, montada en la Galería de Arte Moderno y en la que participaron otras veinticuatro expositoras. En el Concurso de Arte Eduardo León Jimenes correspondiente al año 1967 obtuvo el primer premio de Dibujo por la obra La niña, siendo galardonada con el tercer premio de Pintura en la celebración del concurso siguiente, registrado en 1968. Además de pintar, realizaba esculturas miniatura usando tizas y empleando palillos o alfileres para conseguir las formas. 

Pintora autodidacta, esbozaba sus trabajos “mayormente con los dedos”, y para ello utilizaba diferentes materiales. Al comentar su obra, la también pintora Aída Ibarra señaló: "Nada banal hay en ella; estas composiciones no tienen huecos ni espacios mal ocupados. Como siempre, su inspiración es libre, sin reglas que seguir. He constatado que no es obstinada en sus experiencias. Dije ya que es un espíritu de muchos caminos y por ellos anda".

Josefina Romano Pou confesaba que se había iniciado como pintora, al mismo tiempo, figurativa y abstracta. Falleció en 1980. 

Esta es una reseña biográfica realizada por Danilo De Los Santos, adaptada y extraída de la página 72 del libro Concurso de Arte Eduardo León Jimenes: 25 Años de Historia.

Conoce más sobre la obra de una artista autodidacta y ganadora del III Concurso de Arte Eduardo León Jimenes en la Mediateca del Centro León al consultar la Enciclopedia de las artes plásticas dominicana, con el código: R/RD/730/G377e7.

Cádido Gerón 

En una reseña periodística publicada en abril de 1966 se divulgó este comentario sobre el trabajo de Máximo López: “...con herramienta rústica utiliza estalactitas para convertirlas en figuras que en su mudez expresan la vida fuerte de su barriada pobre y las inquietudes de su alma artista”. Tal comentario se emitió a propósito de la primera exposición individual de este escultor autodidacta, que fue presentada en la Galería Auffant de Santo Domingo, ciudad donde había fijado residencia.

Al año de esa presentación pública ocurrió el III Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, mereciendo por su obra La timidez el segundo premio de escultura. En el séptimo concurso auspiciado por la misma firma empresarial, llevado a cabo en 1971, vuelve a obtener galardón –otro segundo premio– por la escultura Crucifixión de Enmanuel.

En los años 1961 y 1962, Máximo López comenzó a esculpir unas “obras extremadamente rústicas”. Tanto el ejercicio como sus contactos con otros escultores le permitieron someterse a una depuración artística. Sin embargo, preserva su lenguaje figurativo y unas definiciones puras o ingenuas, como ocurre en todo artista de orientación naif.

Esta es una adaptación de una reseña biográfica realizada por Danilo De Los Santos, que ha sido extraída de la página 72 del libro Concurso de Arte Eduardo León Jimenes 25 Años de Historia.

Amplía estas informaciones en la publicación sobre los primeros 25 años de historia del Concurso de Arte Eduardo León Jimenes. Búscalo en la Mediateca con el código: RD/700.97293/C744a.

Libro que resume los primeros 25 años del Concurso de Arte Eduardo León Jimenes

Cristian Martínez Villanueva (Crismar) es un artista dominicano cuya producción abarca obras de carácter monumental y ambiental. En esta pieza muestra, a partir de una composición de elementos geométricos y abstractos definidos por cuatro segmentos que forman un rectángulo vertical, un espacio con marcados tintes futuristas. En conjunto se aprecia una forma simétrica con colores rojo, amarillo, gris y negro que aparenta una cabina o cápsula. Continúa con su tendencia de construir las obras a partir de módulos pictóricos, en este caso, al utilizar un soporte de cartulina.

C. Martínez nació en Santo Domingo en 1939. Cursó estudios básicos en República Dominicana y luego partió a Italia donde terminó la carrera de Arquitectura, Arte y Escenografía. Muchos de sus proyectos a gran escala participan en el espacio urbano de Santo Domingo. Ha expuesto en muestras colectivas e individuales en Italia, Francia e Israel. En el III Concurso de Arte Eduardo León Jimenes obtuvo el segundo premio de pintura con la obra Cápsula espacial. Participó en la XLIII Bienal de Venecia, en un momento coincidente con el inicio de una etapa creativa de concepción metafísica. Uno de sus más recientes proyectos artísticos se llama Tureiro: Areyto de la Tierra y el Cielo. Mitología Taína, el cual consta de ilustraciones y textos sobre la mitología taína.

Para acceder al más reciente proyecto de Cristian Martínez puedes entrar al portal de la Mediateca del Centro León y consultarlo con la signatura RD/398.2/M385t.

 Cristian Martínez

In memoriam

Manolo Quiroz procedía de Montecristi en donde nació el 19 de agosto de 1928. Desde muy joven se dedicaba a las artes visuales y egresó de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1951 junto a Paul Giudicelli y Ada Balcácer, desarrollando sus actividades en distintos aspectos de las manifestaciones creativas.

El crítico de arte René Contín Aybar lo definió como “pintor, escenógrafo, proyectista, modelista, decorador, diseñador y escultor, aunque en este último aspecto es, quizás, menos conocido”. Sin embargo, durante el decenio de 1950, fue en el campo escultórico en el que alcanzó un lugar preponderante. Su escultura “es sobria, moderna, sin estridencias y en ella busca plasmar hasta lo posible, la más conveniente armonía plástica”, observó el referido crítico al enfocar una obra titulada Pureza, de acabado cuidadoso y vitalidad atrayente y encantadora.

Quiroz cuenta con registros en las exposiciones de Arte Católico que organiza Ábside, fundamentalmente en 1953 y 1954, junto a sus colegas Celeste Woss y Gil, Jaime Colson, Gilberto Hernández Ortega, Eligio Pichardo, Paul Giudicelli, Leopoldo Pérez (Lepe), Marianela Jiménez, Antonio Prat Ventós, Hilario Rodríguez y Domingo Liz, entre muchos otros. También participó en las bienales nacionales de los años cincuenta. Quiroz fue docente de la Escuela Nacional de Bellas Artes junto a Clara Ledesma y Marianela Jiménez. Posteriormente, se alejó de las artes plásticas para dedicarse a otra área de creación: los medios de comunicación masiva, especialmente la televisión.

La obra Sin título, cedida en donación por la señora Lida Finke de Moscoso, data de 1971. Es una pintura abstracta en la que tonalidades verdes, rojizos, amarillos y azules enmarcan y delimitan un fondo blanco lechoso. La práctica escultórica fue un aspecto central de la evolución artística de Manolo y aparece con intensidad en su recorrido por este campo de la creación.

Sin embargo, el ensamblaje o collage que realizó en muchas de sus obras pictóricas muestra el interés constante del creador por los materiales extra-pictóricos, a la vez que es el descendiente directo de sus esculturas. Sin título muestra de manera muy clara la fusión del lenguaje de los objetos-ensamblajes y la abstracción. La diversidad de recursos simbólicos que puebla esta obra -uso de conexiones eléctricas y resistencias, el empleo pictórico de la abstracción gestual- permite realizar lecturas diversas y otorgar significados variados a su producción creativa.

Manolo Quiroz falleció el pasado lunes 26 de enero de 2015.

La Mediateca del Centro León comparte el catálogo de graduación en que Manolo Quiroz egresó de la Escuela Nacional de Bellas Artes, que fue entregado en Ciudad Trujillo (actual Santo Domingo) en 1949. Puedes consultarlo en el Fondo Pictórico y Documental Danilo de los Santos, que encuentras en la Mediateca.

Catálogo de graduación de Bellas Artes

In memoriam

Aquiles Azar García nació en Santo Domingo en 1932. En 1945 inicia sus esudios en la academia de George Haussdorf y al año siguiente pasa a la Escuela Nacional de Bellas Artes, de la cual egresa en 1950. Graduado de Odontología en la Universidad de Santo Domingo, nunca se desvinculó del quehacer artístico. 

Con el auspicio de la Sociedad Dominicana de Odontología realiza su primera exposición personal. Entre 1950 y 1964 celebra dos individuales, participa en exposiciones colectivas y frecuenta los talleres de José Ramón Rotellini y Vicente Pimentel, quienes contribuyen a fortalecer su formación. En 1963 recibe una mención de honor en la expo-concurso de la Alianza Francesa, y en 1968, 1969 y 1971 obtiene consecutivamente tres premios en la categoría Dibujo del Concurso de Arte Eduardo León Jimenes correspondiente a esos años.

En 1972 fue merecedor de un premio especial en la XII Bienal Nacional y en 1974 gana un segundo premio en la XIII edición del mismo certamen. El jurado de VI Bienal de Grabado Latinoamericano celebrada en San Juan, Puerto Rico, le concede una mención especial por su obra Paloma. Al compartir el ejercicio odontológico y catedrático universitario con el artístico, registró hasta 1989 un total de 57 exposiciones individuales realizadas, siendo la más reciente, para esa época, la que presentó en la Fundación Guayasamín en Quito, Ecuador. 

Aquiles Azar fue uno de los pocos artistas nacionales dedicados exclusivamente al dibujo, manifestación por la que es y siempre será reconocido. Su obra dibujística comenzó a hacerse identificable por la línea pura y por sus características jarras y botellas tratadas con un ordenamiento equilibrado, como el caso de esta obra Simplicidad No. 1. Después transitó hacia una obra expresionista, que enfocaba rostros y figuras grotescas, convulsionadas, y en la que el trazo va adquiriendo una fuerza caligráfica, ágil, superpuesta, entrelazada y profusa. 

Carlos Dobal enfoca “el feísmo” como técnica dominante en sus dibujos, en tanto que Marianne de Tolentino hablaba de “el bestiario”, al abordar sus temas porque en la mayoría de sus trabajos quedan plasmados insectos, aves y los más diversos animales.

El artista Aquiles Azar García falleció el pasado martes 27 de enero de 2015.

Este texto fue escrito por Danilo de los Santos, el que ha sido extraído y modificado del libro Concurso de Arte Eduardo León Jimenes: 25 años de historia.

Dibujo de composición vertical centralizada, con figura volumétrica y expresionista de un monje en actividad de oración. Líneas precisas, demarcadoras y difusas definen el personaje.

T. Pimentel, artista gráfico dominicano, se formó con los creadores Gilberto Fernández Diez, Paul Giudicelli, Eva Kaufmann, Joan Llacer, Rikio Hashimoto, y cursó estudios en la escuela de cerámica de la Moncloa en Madrid, España, a finales de la década de los años ochenta. Formó parte del grupo Proyecta.

Dibujante brillante, ha realizado trabajos en piedra, materiales plásticos, vidrio, tejidos, metales, cerámica, quien se ha destacado como fotógrafo desde la década de los años sesenta. Ha participado en más de cuarenta exposiciones individuales y en numerosas colectivas. Cuenta con premios, distinciones y reconocimientos recibidos en concursos celebrados en el país y el extranjero.

Es presidente de la Fundación Igneri / Arte y arqueología, además de ser creador de las Trienales Internacionales del Tile Cerámico (Elit-Tile). Se ha destacado como un activo y persistente gestor cultural. 

Con Plegaria, T. Pimentel obtuvo premio en el III Concurso de Arte Eduardo Leon Jimenes, llevado a cabo en el año 1967.

Esta imagen fotográfica de la artista dominicana Indhira Susana Rojas Sánchez es una obra ganadora titulada Resistencia femenina, que se refugia en el cuerpo de la mujer como el universo donde se pueden resumir los conflictos de género, como catalizador y como alegoría de sus aspiraciones.

Sus desnudos aluden a ataduras y tabúes que establece la sociedad frente a esta problemática. Según sus propias consideraciones Resistencia femenina, pretende crear un momento de tensión; refleja la lucha en que se debate la mujer y la necesaria búsqueda de un espacio de liberación donde hacer valedera sus expectativas y su identidad.

Con esta obra I. Rojas obtuvo premio en el XXII Concurso de Arte Eduardo León Jimenes llevado a cabo en el año 2008. 

  • Filtro:
Reset