Colecciones del Centro León

Porta colador de café, usado principalmente en las zonas rurales y en los sectores urbanos de finales del siglo XIX y principios del XX. Constituyó por mucho tiempo la forma tradicional de preparar el café en hogares y negocios de la República Dominicana. El proceso llevado a cabo es el siguiente: Una vez majado el grano en un pilón, se vierte el polvo triturado en el colador, generalmente hecho de algún retazo de tela, en muchos lugares, denominado como “media”.

Para muchas personas, esta modalidad de hacer café, es en la que más se puede apreciar el sabor de este grano tan emblemático y característico de nuestra cultura nacional y caribeña.
Este porta colador en particular, parece haber pertenecido a una familia grande, o a un grupo de trabajo que necesitaba porciones cuantiosas de la tonificante y aromática bebida.

 

Talla de San Pedro. Túnica azul, sin pedestal. Le sobresalen parcialmente las manos, semi escondidas en el hábito. Detrás de la cabeza tiene un halo color amarillo.

Conoce más de esta pieza en la exposición Con las manos y con la cabeza: Artesanía como constante creativa.

 

Guillo Pérez cursó estudios de pintura en la Escuela de Bellas Artes de Santiago de los Caballeros en 1950. Estudió pintura en la Academia de Yoryi Morel, donde trabajó el paisaje natural. En su carrera pictórica empleó inicialmente los lenguajes de la abstracción, y más adelante y hasta la fecha, asumió la figuración como vía expresiva.

Dentro del panorama de las artes contemporáneas dominicanas, la obra de Genaro Reyes se inscribe por sus preocupaciones en torno a la realidad social del país, la marginalidad, la migración y la pobreza. G. Reyes “Cayuco”, tiene una gran capacidad integradora de fuentes que se suman a su producción artística. Antropología, sociología, historia, etnografía, materializadas a través de construcciones escultóricas, presentadas a partir de un muy particular sentido del humor. Una obra no solo interesante, inteligente y divertida, sino cargada de reflexiones y planteamientos sociales.

Indocumentados es una obra escultórica que combina elementos de desecho, de carácter extra-artísticos (moledora de carne, un cigüeñal, piezas mecánicas) para la construcción de una "yola". (Botes o embarcaciones artesanales de pequeña escala). Preservando la oxidación de los desechos metálicos en esta obra Reyes, reflexiona en torno a la problemática de los viajes y viajeros irregulares, así como en torno a otras causas de la migración en nuestra sociedad.

Esta obra forma parte de la exposición retrospectiva del artista Genaro Reyes, Flotaaltagracia de Miches a Baní, inaugurada en el Centro Cultural Perelló el pasado jueves 23 de enero. La escultura fue premiada en el XVIII Concurso de Arte Eduardo León Jimenes del año 2000.

Pintura monocromática de gran formato, la obra está marcada por grafismos tipográficos en tonos marrones sobre una superficie con predominio de tonos blanquecinos. Los elementos tipográficos corresponden a las letras del abecedario y se han estampado sobre toda la superficie de la obra, incluyendo los laterales de la tela. En esta pieza Fernando Varela hace referencia a la palabra escrita como elemento reflexivo y de provocación. El orden y caos coexisten de manera racional como parte de un riguroso criterio de organización en sus espacios creativos.

Una de las constantes de la obra de Fernando Varela consiste en el evidente uso del contraste entre lo positivo y lo negativo, entre lo claro y lo oscuro que se deja sentir hasta en las composiciones no figurativas.

Esta obra de Fernando Varela fue premiada en el XXI Concurso de Arte Eduardo León Jimenes del año 2006.
Próximamente expondrá en el Espacio Jardín 7, en La Marina, Casa de Campo, La Romana, el 8 de febrero: Trabajos Recientes (Dibujos y pinturas).

Nació en Santiago de los Caballeros, República Dominicana en 1976. Estudió artes visuales en la Escuela de Diseño Altos de Chavón, en su país natal. Sus obras han sido expuestas en España, Argentina, Chile y Suiza. Ha participado en bienales y concursos de arte, como son las cuatro últimas ediciones del Concurso de Arte Eduardo E. León Jimenes, la XXII Bienal de Artes Visuales del Museo de Arte Moderno y la participación en exposiciones paralelas a la IV y V Bienal del Caribe, organizada por el Museo de Arte Moderno Dominicano, entre otras. También ha recibido importantes reconocimientos. Desde 2007 hasta la fecha es Directora de la Escuela de Bellas Artes de Santiago de los Caballeros. 

La selección de esta pieza obedece principalmente a que en el Centro León se ha dedicado todo el año 2013 a la conmemoración del Bicentenario del natalicio de Juan Pablo Duarte. Actualmente tambien y por el mismo motivo  se presenta la exposición temporal: “Duarte. Visiones colectivas en espacios vinculados”.

Una mirada al Patricio por artistas que perciben y recrean su figura y legado desde dos islas: República Dominicana y desde la isla de Manhattan. Permanecerá abierta hasta el 26 de enero de 2014 en la Sala de Exposiciones Temporales María Asensio de León.

 

Notas del  contenido:

 En el anverso se observa en el lateral izquierdo la vista frontal de la casa donde nació Juan Pablo Duarte, con la correspondiente fecha, 1813, en la parte superior. Hacia el lateral derecho se representa  un retrato de J. P. Duarte con la bandera nacional, cuya asta aparece diagonal detrás de la figura del patricio, en tanto que la bandera envuelve parcialmente la parte frontal del busto.

 Detrás de la representación de J. P. Duarte y al fondo, hay una vista frontal del edificio que albergó La Trinitaria, agrupación patriótica que presidió Duarte y que con su accionar obtuvo la independencia de la República Dominicana, tras 22 años de estar ocupada y gobernada por la vecina república de Haití. El edificio tiene una bandera dominicana en el centro en la parte más alta de la techumbre; a la izquierda  de la bandera hay dos campanarios; a la extrema derecha de la bandera, se observa, una especie de garita militar.

 Sobre el arco de la edificación y bordeando la cabeza del héroe, se lee un texto en latín que reza: Dulce et decorum esi pro patria mori. “Dulce es el decoro de morir por la patria”.

 En el reverso se observa en el lado superior derecho, un sello postal conmemorativo también del natalicio de J. P. Duarte, por un valor de 5 centavos. El sello tiene tambien un retrato de Duarte, una inscripción superior “Correos Cinco Centavos”, e inferior, “República Dominicana, 1813-1913”.

 De acuerdo a una opinión del experto Miguel D. Mena en el volumen “Postales Antiguas de Santo Domingo” (correspondiente  al período de 1900-1930) de su serie de libros sobre postales dominicanas y refiriéndose a la postal descrita anteriormente, dice: “las postales dominicanas se integraron al taller de los artistas que compaginaron sus labores como pintores, escultores y fotógrafos, como el caso de Abelardo Rodriguez Urdaneta, Rafael Senior, al igual que Francisco Palau y Morel”.Del mismo tomo, De Mena destaca que este tipo de postales: “Impresas en blanco y negro o en sepia, ya desde principios de siglo XX se hizo frecuente su coloreado”.

Fue en la Fragata Leonor que la noche del 27 de febrero de 1844, en ausencia del Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, sus discípulos y partidarios proclaman la Independencia de la República en la Puerta de la Misericordia y en la Puerta del Conde, donde se encontraban entre otros marinos: Juan Alejandro Acosta, José Antonio Sanabia, Joaquín Orta, Teodoro Ariza, Pedro Tomás Garrido y Fermín González. La Junta Central Gubernativa presidida por Tomás Bobadilla, ordenó la toma del Puerto de Santo Domingo y de todas las embarcaciones haitianas, y al mismo tiempo designó una comisión para que partiera de inmediato a Curazao, abordo de la goleta "Leonor" al mando de Juan Alejandro Acosta, en busca de Juan Pablo Duarte, siendo esta la primera embarcación oficial de la República y la primera unidad que enarboló la Bandera Dominicana en ultramar.

Domingo Liz (Santo Domingo, 1931-2013). Escultor, pintor y dibujante. Se graduó en 1949 en la Escuela Nacional de Bellas Artes y recibió especial orientación del escultor Manolo Pascual. De 1950 a 1953 hizo estudios de posgrado en pintura con Jaime Colson. En 1968 fue miembro fundador del grupo Proyecta. Presentó su primera exposición individual en 1971, en la entonces Galería de Arte Moderno, hoy Museo de Arte Moderno de Santo Domingo. Liz fué uno de los creadores dominicanos indispensables a la hora de evaluar crítica y reflexivamente la historia del arte nacional. Su papel como artista multidisciplinario, provocador de rupturas y profundamente coherente, se suma a la importancia de su rol renovador y a su posición como maestro de generaciones. Sus investigaciones con los materiales escultóricos lo guiaron por el sendero de búsqueda de la abstracción, en una intención por liberarse de las marcadas referencias de sus maestros. Así, desarrolla una obra de gran síntesis y economía de medios, hurgando en las posibilidades de los materiales (fundamentalmente metal y madera) y dedicando especial atención a la indagación en lo formalmente orgánico.

El artista participó en varias oportunidades en el Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, obteniendo los siguientes premios: En el primer Concurso, Primer Premio en la Categoría de Dibujo, con la obra: Dibujo, 1964. En el segundo Concurso, Primer Permio en la Categoría de Escultura, con la obra Origen y también, Segundo Premio en la Categoría de Escultura, con la obra: Origen No.2. 1966.

La actual edición de la Bienal Nacional de Artes Visuales se realiza en homenaje a la memoria del artista Domingo Liz. 

Descripción

Frasco de vidrio transparente utilizado para almacenar perfume. La botella tiene en la parte exterior una profusa decoración. El cuerpo de la botella semeja una concha.

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Frasco de vidrio transparente utilizado para almacenar perfume. La botella tiene en la parte exterior una profusa decoración. El cuerpo de la botella semeja una concha. Su procedencia es europea, específicamente de España, del período comprendido entre el 1492 (que representó la llegada de los europeos al continente americano y específicamente al Caribe) y el 1600 período de intenso y dramáticos viajes caracterizados por ataques piratas, corsarios y naufragios por debido a fuertes tormentas y cuyos viajes se organizaban a través de la llamada “Carreras de Indias”.

Como resultado de los hallazgos hechos por la arqueología subacuática en el país, a veces en coauspicio con importantes universidades norteamericanas, ha sido posible rescatar valiosos objetos transportados en galeones y otras embarcaciones procedentes de España y toda Europa, como parte del flujo cultural que caracterizó el período inicial de la colonización en sus primeros dos siglos.

Objetos en cerámica, prendas personales, medallas, monedas, joyas, ajuares, armas, cristalería, muebles, adornos, botellas, envases varios y mercancías de todo tipo, era parte del numeroso inventario transportado por estas embarcaciones (Carabelas, Patanche, Fragatas, galeones, Naves, Galeras) en esos momentos cruciales de la lucha por el dominio americano entre los diferentes imperios europeos.

Algunos de estos barcos se hundían en distintos lugares de la costa de nuestro país como son los casos de los galeones: Conde de Tolosa, Nuestra Señora de la Pura Concepción, Scipión, Barco de las Pipas, Nuestra Señora de Guadalupe -1702- entre otros, encontrándose algunas de esas piezas en una parte del Ámbito mestizaje: encuentros y desencuentros de la Sala Signos de identidad como parte de un préstamo hecho por la Oficina de Patrimonio Subacuático de la Secretaría de Estado de Cultura al Centro León.

La riqueza que aportan estos objetos en el conocimiento del intercambio cultural que se produjo en ese período entre Europa y América, se evidencia en la cantidad de piezas que aun existe en estos naufragios. Su tipificación, formas estéticas, estilos, características, usos, son también portadores de una época, de un momento de la historia, como expresa la pieza seleccionada como símbolo en este mes de noviembre, perteneciente a nuestra colección y que se encuentra en depósito.

Como resultado del Encuentro de culturas y del mestizaje, este envase de perfume del siglo XVII, se convierte en una pieza emblemática de ese pasado

Bibliografía

- Santiago, Pedro J. Estudios sobre comercio marítimo, naufragios y rescates submarinos en la República Dominicana. Publicaciones del Museo de Las Casas Reales. República Dominicana. 1980.

- Borrel, Pedro; Pérez Montás, Eugenio; Arestegui, Cruz. La aventura del Guadalupe. Su viaje a la Española y su hundimiento en la Bahía de Samaná. Centro de Altos Estudios Humanísticos y del Idioma Español. Universidad Católica de Santo Domingo. Comisión de Rescate Arqueológico Submarino en la República Dominicana. Lunwerg, Editores S.A. 1997.

Carlos Andújar
Especialista de Antropología

Descripción

Potiza acorazonada de gran tamaño semejando dos senos en la parte superior, en cada lateral presenta un rostro antropomorfo seguido de una decoración con incisos punteada en círculos concéntricos, con el círculo central terminado en un punto.

Presentación de la pieza
Hacha mariposoide. Decoración laberíntica en ambas caras.

 
Más información sobre la pieza

Con forma de mariposa con formas de alas abiertas, esta hacha podía tener un uso cotidiano, como objeto de guerra o de defensa personal. Con hendidura en su centro, su canal servía para colocar en ella un mango o madera que, atado con cabuya, se convertía en un objeto a veces de gran tamaño y pesado.

Su técnica de fabricación aprovechaba muchas veces, la parte pulimentada natural de la cara frontal de una piedra y su parte posterior era retocada, convirtiéndola en un objeto de uso permanente, hecha a partir del sílex o el granito, esta última con procedimientos de fabricación algo distintos al sílex debido a que se prestaba menos al desprendimiento de sus partes y sus caras frontales era más rugosas y menos lisa.

A pesar de su uso cotidiano, su estética era representada por figuras geométricas en bajo relieve, con un sentido simbólico que filtra el interés artístico de estos grupos preagrícolas, presentes en objetos de uso diario a los cuales se les agregaba, en algunos de ellos, incisos que lo convertían en verdaderas obras de arte. Sus formas variaban desde unas alargadas con cintura en el centro y otras más redondas con ondulaciones laterales. La mayoría de estos objetos cotidianos eran pulimentados.

Las investigaciones realizadas por el Museo del Hombre Dominicano y la Universidad Autónoma de Santo Domingo para los años de 1970-71 hicieron posible el hallazgo de importantes yacimientos (Azua, San Pedro de Macorís, el cibao, Distrito Nacional y La Altagracia), que permitieron el conocimiento de estos primeros asentamientos y sus formas culturales características incluida, su cultura material.

De tradición recolectora y cazadora, los grupos preagroalfareros, compartieron su producción material, además del hacha mariposoide con otros instrumentos de igual valor para su supervivencia en el estado seminómada en que vivían: manos cónicas, objetos en coral, picos y otros instrumentos en concha, metate y pulidores en coral, martillos y lascas en sílex, morteros en rocas ígneas, etc. La alimentación que le acompañó se basaba en caracoles, crustáceos, frutas, aves, raíces silvestres, peces, ostiones, caracoles terrestres, entre otros alimentos, y cuyos instrumentos le servían como ajuar y de labranza.

 
Bibliografía
-Veloz Maggiolo, Marcio; Ortega, Elpidio. El precerámico de Santo Domingo, nuevos lugares, y su posible relación con otros puntos del área antillana. Papeles Ocasionales No. 1. Museo del Hombre Dominicana.1973.
-Veloz Maggiolo, Marcio. Arqueología prehistórica de Santo Domingo. McGraw-Hill Far Eastern publishers (S) LTD- Singapore. New York. 1972.

Duho ceremonial con cabeza antropomorfa. La superficie está erosionada e impide observar las características. Las patas delanteras son antropomorfas.

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Tanto el Padre Las Casas, Cristóbal Colón como Oviedo hacen referencia al uso restringido de este asiento particularizado por una gran decoración, además de un hermoso y majestuoso diseño. En estos asientos fueron acomodados los primeros españoles llegados a la isla, en especial al Almirante Cristóbal Colón.

Hecho de madera preciosa y resistente como el Guayacán, la Caoba o la Ceiba, el duho se fabricaba también de piedra y solía tener tamaños distintos, siendo igualmente usado en algunos casos y ceremonias, por los behiques.

Con diseño zoomorfo y antropomorfo, se fabricaba a partir del tronco de un árbol grande como pieza única a partir de donde se decoraba y diseñaba el mueble. Con cuatro patas pequeñas que servían de sostén al mismo, normalmente algo bajas, poseía una forma de cola trasera ascendente y sin mangas o brazos laterales, se sentaban los caciques en forma de cuclillas o agachados.

Profusa y estéticamente intervenido, el duho amén de su carácter eminentemente ligado al poder, significó un icono del arte taíno. Sus partes huecas se rellenaban de de oro (los ojos). Con ese mismo nombre era denominado en otras regiones de América como Venezuela, Cuba, Puerto Rico, Ecuador, Nicaragua, por lo que se desprende una raíz común de la palabra a varias lenguas aborígenes.

Servía éste como mobiliario en juegos, rituales y otras actividades importantes. El carácter profundamente simbólico que representa el diseño del duho se podría entender con estas palabras del Cronista americano Oviedo:

“Los duhos suelen tener la forma de una tortuga i este animal era representación de la tierra sobre la cual estaba la bóveda celeste, simbolizados por el carapacho lleno de escamas con dibujos circulares i romboides que podrían evocar en los indios las nubes y los cuerpos estelares”.

Con esta pieza de la colección del Señor Gustavo Tavares Grieser, el Centro León honra su memoria y testimonia la calidad de su donación en esta pieza de gran valor artístico y social en la cultura taína.-

DESCRIPCIÓN:

Obra objetual y pictórica al mismo tiempo. Su elocuente temario realista reúne en un soporte, materiales connotativos y simbólicos de la relación poderío y pobreza. Compuesta en dos zonas: en la primera una mesa con clavos y recipientes con alambre de púas sobre la que yace un hombre desnudo, dormido y cuyo cuerpo se relaciona a materiales desechables o basura. Cromatizaciones, objetos y sujeto crean un dramático contraste con la zona superior donde un chaleco-collage levita en un contexto formado por una gran nebulosa y líneas inclinadas concéntricas y luminosas.

Silvano Lora (17 de julio 1931 - 12 de julio 2003) artista plástico de la República Dominicana. Descubrió su pasión y vocación por el arte a muy corta edad, a los 15 años comenzó a estudiar en la Escuela Nacional de las Artes plásticas (ENBA). Presentó su primera exposición individual en la Alianza Francesa de Santo Domingo, en 1951. Sus producciones artísticas también tuvieron lugar en escenarios internacionales: En Francia puso en escena un experimental, llamado “La maison pour tous”, donde se conjugaron diferentes medios de expresión como el ballet, música, pintura y técnicas audiovisuales; también participó en bienales en Cuba y Brasil y en exposiciones en países como Corea, Suiza y Estados Unidos. Realizó 27 exposiciones individuales y formó parte de 11 colectivas; entre sus trabajos se pueden apreciar murales, obras objetuales, esculturas y pinturas. Las premiaciones también estuvieron presentes en la vida de este artista, una de ellas se le otorgó en la VIII Bienal de Artes plásticas, celebrada en 1956, Santo Domingo y otra en la Bienal Hispanoamericana, La Habana. Durante la Guerra de abril de 1965 mantuvo activo su quehacer cultural a través de colectivos, en especial el llamado Arte y Liberación. Preocupado por el difícil acceso de ciertas manifestaciones del arte popular a los canales oficiales, Lora fue promotor de proyectos como la Bienal Marginal o Bienal Alternativa, espacio creado para facilitar un intercambio cultural con los sectores marginados.

 

Presentación de la pieza
Uno de los objetos de los tantos que componen la religiosidad popular dominicana, en donde se nota quizás el sincretismo afro-dominicano lo es la ermita o especie de capilla en miniatura, construida en tablas rústicas de madera en donde es celosamente guardado el santo patrón de una comunidad, grupo o provincia. Las mismas se pintan en hermosos colores y tienen tapas de cristal para así mostrar la imagen que lleva dentro. Son cargadas por los adeptos en las procesiones.

 
Más información sobre la pieza
De tradición católica, la ermita constituye una de las expresiones de arte sacro popular vigente en nuestros campos y barrios de las principales ciudades. Apegada, como muchas de las manifestaciones de la identidad, a una vieja creencia y un compromiso que va más allá de la comunidad quedando involucrada una familia y una persona en particular, la ermita es fiel reflejo de esa fe religiosa de nuestro pueblo, siendo de construcción ligera y liviana, ya que muchas veces suele ser desplazada de un lugar a otro lo cual aligera su porte.

Su decoración, diseño y retoques representan el esfuerzo por engalanar el lugar donde reposa como residencia, el santo familiar o comunitario, su fabricación es obra de artesanos expertos en la confección de este tipo de objeto cultual que a la vez que respeta cánones y símbolos sagrados, deja colar por igual el talento de un artesano popular que se encarga de darle terminación artística. El punteado de nuestra pieza del mes y los trazos lineales compuesto de varios colores, embellece la ermita y a la vez simbolizan los colores del santo.

Una vez fabricada la ermita, otra persona de la comunidad o de la familia se encarga de vestir y decorar interiormente la misma y al santo o virgen, de forma que con dicha iniciativa quede satisfecho el santo de reverencia. Es decir que en la preparación y decorado de la ermita se articulan artesanos y otras manualidades para concebir una obra bellamente terminada, convirtiéndose entonces en más que un objeto cultual, también en una expresión genuina de arte sacro popular, cumpliendo a la vez la función de reverencia divina y estéticamente agradable.

La necesidad de rendir culto a determinados santos considerados por la comunidad o la familia responsable de su protección, como benefactores, obligó al campesino nuestro a crear sus propios altares en miniatura, muchas veces como forma de particularizar el culto, individualizando la veneración a través de la ermita, cuidada y protegida como si se tratara del santo en persona. La tradición oral, la fe y el compromiso de quienes asumen la responsabilidad de su mantenimiento, han posibilitado la preservación de esta vieja forma de sacralidad, expresión misma de una devoción y un arraigo del catolicismo popular en una parte importante de nuestras gentes del pueblo.

Precisamente, en el Centro León se exhibe la Exposición De Oficio Pintor. Arte colonial. Colección Patricia Phelps de Cisneros, en su Sala de Exposiciones Temporales María Asensio de León, mostrando la misma una selección de más de 30 importantes obras de arte sacro venezolano colonial. De importancia resulta resaltar que el artista en esa época era más bien valorado como artesano. Viviendo de su trabajo y en ausencia de una presencia material de iconos y referentes simbólicos sagrados, desarrolló una producción u oficio que ayudó a suplir la demanda cultual en América, creándose un arte sacro popular, como el representado en esta pieza del mes, como una analogía, de prácticas culturales populares compartidas.-

Descripción
Guayo o rallador en forma de escudo que termina en dos patas. Decoración incisa que bordea y delimita la parte funcional de la pieza. Reborde lateral.
 
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Usado para rallar la yuca que luego se empleaba, previo a un proceso de depuración, para preparar el casabe convertido, junto al maíz, en uno de los medios por excelencia de la dieta taína que ha podido conservarse aún en la dieta de hoy, empleando las mismas técnicas de preparación.

Estos objetos domésticos se construyen de distintos materiales, los más comunes era la roca porosa, pero también los hubo hecho de madera con pedazos de piedrecillas incrustadas en su superficie y que facilitaba el rallado.

Igualmente y menos frecuente, se producía un rallado fino de la yuca con la finalidad de producir una modalidad especial de casabe conocida como xabaxao según el Padre Las Casas, usando para ello la piel espinosa y escamosa de algunos peces como el libuza.

Hoy se ha sustituido este guayo tradicional taíno, que también podía ser fabricado de corales, por guayos de zinc, más prácticos y funcionales. La pequeña industria artesanal lo ha convertido en indispensable entre los hogares pobres de nuestro país, cumpliendo en muchos casos la misma función de antaño, rallar alimentos para la cocina moderna y popular como la yuca para el uso de ésta en distintos platos de la culinaria nacional.-

 
Bibliografía
-Veloz Maggiolo, Marcio. Arqueología Prehistórica de Santo Domingo. Mcgraw-Hill Far Eastern Publishers (S) Ltd-Singapore 1972.-
Descripción
Cabeza Macorís. Pómulos salientes, ojos hundidos, lo mismo que la nariz. En los extremos tiene bien definidos las orejas. Base cóncava. Deformación craneana oblicuo tabular.
 
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Cabeza Macorís. Pómulos salientes, ojos hundidos, lo mismo que la nariz. En los extremos tiene bien definidos las orejas. Base cóncava. Deformación craneana oblicuo tabular.

También se le denomina cara de piedras o cabezas pétreas y pertenece a la línea de los trigonolitos, con diseño y configuración diferente aunque algo polémica esta relación. Estas cabezas era la manera como se representaba el ídolo o deidad agrícola entre los grupos ciguayos. Como podemos ver la estilística y las formas cambian de este tipo y con relación al trigonolito propiamente. Esta forma de diseño creó un estilo propio de representación del trigonolito o de algo que de una forma u otra cumplía su función ceremonial.

A pesar de que la cultura aborigen desarrolló una diversidad de objetos cultuales en su fase inicial y media, llegando a poseer cada quien su propio cemí, ídolo o amuleto, sin contar que cada grupo del clan tenía a su vez la libertad de representar a su manera el dios de su predilección, a tal punto que se producían conflictos entre los grupos respecto a uno que otro cemí, esto provocó que los clanes regularan con el tiempo estas duplicidades y dispersiones creando una unicidad alrededor de tres tipos de cemíes: la figura acuclillada del amuleto, el cemí de madera de la cohoba y el trigonolito, este último más propio a la región este de la isla de Santo Domingo y Puerto Rico.

Es dentro de esta compleja referencia histórica que aparece la cabeza Macoríx, forma particular de representar el ídolo agrícola entre estos grupos no arahuacos, contando por demás, que el trigonolito es una creación propia a la región antillana, mientras que la cabeza Macorís guarda mayor semejanza con otros estilos más comunes y generalizados. En nuestro caso podrían estas cabezas ser consideradas subtipos de trigonolitos o formas transicionales y previas a éstos.

En la clasificación hecha por el arqueólogo norteamericano Jesse Walter Fewkes, estas piezas o cabezas de piedras entran en las de tercera categoría de trigonolitos en las cuales la figura está definida completamente por una cara humana.

La pieza motivo de selección y que forma parte de nuestra colección depositada en almacén, se encuentra en estos momentos en exhibición en la exposición: La materia de los sueño. Cristóbal Colón y la imagen de las maravillas en la Edad Moderna, que se presenta en Valladolid, España.-

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