Colección Antropológica

Descripción

Careta de lechón joyero típica del carnaval santiaguero. En el caso del lechón joyero, los cachos tienen púas. Esa es la forma más sencilla de distinguir un lechón del barrio La Joya. Los colores son amarillos, rojos y azul marino. Las caretas de los lechones pepineros no tienen púas.

Más información

El carnaval es una vieja tradición lúdica heredada de España. Venida con los primeros españoles llegados a América, aquí se registra por primera vez en los primeros años del siglo XVI (1510-1512) en las ciudades de la Vega y Santo Domingo, sufriendo en esa etapa, varias transformaciones incluyendo su prohibición debido a los actos vulgares y a los excesos del mismo, según las autoridades coloniales de la época.

De origen Veneciano en Italia, era parte de viejas festividades paganas de los celtas y otras culturas a las cuales se sumaron los romanos en su período de expansión colonial.

En la Italia medieval, sus trajes de diseño especial, con capuchas, caretas y trajes, movieron la atención de los participantes quienes se esforzaban por presentar la mejor pieza para el deleite y admiración de los demás participantes. La máscara jugó en esos tiempos un doble sentido: como parte del disfraz y para ocultar la personalidad de quien la portaba, de manera que si algo fuera de lo normal sucedía, como al efecto solía pasar, quedara oculta detrás de la máscara, el rostro de la persona.

En América, valga aclarar, el carnaval sufre las metamorfosis propia de la diversidad cultural americana. Las comparsas son a su vez síntesis de cada grupo étnico que se hace representar a través de ellas. Pero también, cada país lo celebra a su manera y con los componentes culturales que les son inherentes. En tal sentido, Río de Janeiro en Brasil, conjuga el mayor entusiasmo carnavalesco de América. Conocido internacionalmente, el carnaval de Brasil se alimenta en gran medida de la herencia afro-brasileña comenzando por su música: la Zamba, ligada a los cultos Candomblés. En todo caso, el pueblo es protagonista y centro del encuentro.

Febrero indudablemente es el mes del carnaval, decretado por la gente en ciudades como la Vega, Santiago, Bonao, San Francisco de Macorís, Puerto Plata, Monte Cristi, Santo Domingo, San Cristóbal, Azua, entre otras. Pero también, encontramos el carnaval en Semana Santa, fuera del esquema clásico, lo cual rompe la tradición y confunde a especialistas y público general celebrado, en ciudades como: Pedernales, Cabral, Barahona, Elías Piña, San Juan de la Maguana y Salinas de la región sur. También la fecha del carnaval nacional dominicano coincide con la celebración de las fechas patrias por cuestiones históricas, dándoles un matiz político o nacionalista a algunas de sus comparsas y siendo de alto contenido satírico.

Tan contagioso ha resultado todo este maremagno ocasionado por la eclosión súbita de estas festividades carnavalescas en el país, que cada provincia ha puesto sobre agenda la creación de su carnaval, no sólo como rasgo distintivo, sino como forma de atraer al turista sea nacional o extranjero hacia las bondades de su comarca. Naciendo de esa manera carnavales más recientes como el carnamar de Río San Juan o el Carnamaniel de Ocoa en el sur. Sin contar que hay carnaval en Baní, Salcedo, Cotuí y otras ciudades menos mencionadas en este atractivo tema, como el extraño y particular carnaval de la comunidad de Yerba Buena en Hato Mayor y cuya careta se hace con nido de comején.

Los trajescaretas y una que otra comparsa, constituyen las bases identitarias sobre las cuales se distancian estos carnavales provinciales, existiendo verdaderos esfuerzos de diferenciación entre los organizadores, que a la vez se erige en el símbolo de mercadeo o de orgullo regional o local. Siendo el diablo la figura central del carnaval, su nombre, trajes y características pueden variar de un carnaval a otro como vemos con la careta del diablo cojuelo de la capital, distinta a su vez de las dos que distinguen a Santiago, o la que destaca al personaje carnavalesco de la Vega. Pero esta careta cambia en Monte Cristi, Cotuí, Cabral, Puerto Plata (con motivos taínos) o Río San Juan (con motivos de mar). Lo mismo sucede con la denominación del personaje emblemático: el diablo, llamado así en la capital y otras localidades, lechón en Santiago, cachúa en Cabral, toros en Monte Cristi, Papeluses o Platanuses en Cotuí, máscara del diablo en Pedernales o Tifuá en Elías Piña.

En la foto, aparece una careta de nuestra colección, la misma es usada por el Carnaval de Santiago que es uno de los más tradicionales y antiguos del país. Como una forma de competencia, los habitantes de los barrios populares de Santiago, la Joya y los Pepines, diferenciaron su manera de participación en este carnaval a partir de los estilos y diseños de sus caretas. Como muestra la pieza exhibida por nosotros, esta careta es representativa del barrio la Joya y como podemos ver, se define por dos cachos y en cada uno, con una multiplicidad de puyas en forma de púas, que le dan un gran colorido.

Pintada en base al rojo, amarillo, azul, blanco y azul marino, la careta es un verdadero símbolo carnavalesco y una obra de arte popular. Opuesta a ella está la careta del barrio los Pepines, que se hace en base a dos cachos, más cercana a las formas convencionales; siempre usando figuras zoomorfas. Su fabricación es con barro, papel maché, almidón y papel periódico, convirtiéndose en una verdadera tradición artesanal especializada.

Bibliografía

- Centro Cultural Eduardo León Jimenes. Fradique Lizardo Barinas. 1930-1937 y el carnaval dominicano. 2003.

- Del Castillo, José; García Arévalo, Manuel. Carnaval en Santo Domingo. Amigo del Hogar. 1987.

- Guerrero, José. Carnaval, cuaresma y fechas patrias. Editora de Revistas. 2003.

- Tejeda Ortiz, Dagoberto; Domínguez, Iván y Castillo, José. Calendario folklórico dominicano. Grupo León Jimenes. Instituto Dominicano de Folklore. 2000.

Los carnavales del carnaval. Comisión Nacional de Carnaval. Instituto Dominicano de Folklore. 2003.

- Valdez, Pedro Antonio. Historia del carnaval vegano. Ediciones Hojarasca. 1995.

Valora este artículo
(3 votos)
Modificado por última vez en Viernes, 20 Septiembre 2013 17:43
Más en esta categoría: « El trapiche Nevera antigua »
  • Filtro:
Reset