Colección Antropológica

Presentación de la pieza
Uno de los objetos de los tantos que componen la religiosidad popular dominicana, en donde se nota quizás el sincretismo afro-dominicano lo es la ermita o especie de capilla en miniatura, construida en tablas rústicas de madera en donde es celosamente guardado el santo patrón de una comunidad, grupo o provincia. Las mismas se pintan en hermosos colores y tienen tapas de cristal para así mostrar la imagen que lleva dentro. Son cargadas por los adeptos en las procesiones.

 
Más información sobre la pieza
De tradición católica, la ermita constituye una de las expresiones de arte sacro popular vigente en nuestros campos y barrios de las principales ciudades. Apegada, como muchas de las manifestaciones de la identidad, a una vieja creencia y un compromiso que va más allá de la comunidad quedando involucrada una familia y una persona en particular, la ermita es fiel reflejo de esa fe religiosa de nuestro pueblo, siendo de construcción ligera y liviana, ya que muchas veces suele ser desplazada de un lugar a otro lo cual aligera su porte.

Su decoración, diseño y retoques representan el esfuerzo por engalanar el lugar donde reposa como residencia, el santo familiar o comunitario, su fabricación es obra de artesanos expertos en la confección de este tipo de objeto cultual que a la vez que respeta cánones y símbolos sagrados, deja colar por igual el talento de un artesano popular que se encarga de darle terminación artística. El punteado de nuestra pieza del mes y los trazos lineales compuesto de varios colores, embellece la ermita y a la vez simbolizan los colores del santo.

Una vez fabricada la ermita, otra persona de la comunidad o de la familia se encarga de vestir y decorar interiormente la misma y al santo o virgen, de forma que con dicha iniciativa quede satisfecho el santo de reverencia. Es decir que en la preparación y decorado de la ermita se articulan artesanos y otras manualidades para concebir una obra bellamente terminada, convirtiéndose entonces en más que un objeto cultual, también en una expresión genuina de arte sacro popular, cumpliendo a la vez la función de reverencia divina y estéticamente agradable.

La necesidad de rendir culto a determinados santos considerados por la comunidad o la familia responsable de su protección, como benefactores, obligó al campesino nuestro a crear sus propios altares en miniatura, muchas veces como forma de particularizar el culto, individualizando la veneración a través de la ermita, cuidada y protegida como si se tratara del santo en persona. La tradición oral, la fe y el compromiso de quienes asumen la responsabilidad de su mantenimiento, han posibilitado la preservación de esta vieja forma de sacralidad, expresión misma de una devoción y un arraigo del catolicismo popular en una parte importante de nuestras gentes del pueblo.

Precisamente, en el Centro León se exhibe la Exposición De Oficio Pintor. Arte colonial. Colección Patricia Phelps de Cisneros, en su Sala de Exposiciones Temporales María Asensio de León, mostrando la misma una selección de más de 30 importantes obras de arte sacro venezolano colonial. De importancia resulta resaltar que el artista en esa época era más bien valorado como artesano. Viviendo de su trabajo y en ausencia de una presencia material de iconos y referentes simbólicos sagrados, desarrolló una producción u oficio que ayudó a suplir la demanda cultual en América, creándose un arte sacro popular, como el representado en esta pieza del mes, como una analogía, de prácticas culturales populares compartidas.-

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Modificado por última vez en Viernes, 20 Septiembre 2013 19:46
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