Wali Vidal nació en Santiago de los Caballeros. Sus inicios artísticos se remontan a la participación en talleres impartidos por artistas como Leo Núñez, Ernesto Rodríguez y José Alejandro Restrepo, entre otros. También realizó estudios de Bellas Artes e Ilustración en Altos de Chavón La Escuela de Diseño, La Romana; y en la Escuela de San Alejandro, en La Habana. Vidal muestra un discurso plástico interesado en las temáticas que aluden al crecimiento urbano, la superpoblación, la escasez de planeación urbana y el despropósito del despilfarro. En La escolta, el artista presenta una narrativa a modo de historieta en la que retrata el crecimiento urbano como caos y ventila frustraciones contra los funcionarios estatales y sus séquitos, que frecuentemente ocupan el espacio público bloqueando el tráfico. Esta obra es una muestra pictórica de una lista de agravios cotidianos que ocurren en la realidad citadina de la República Dominicana.

Maritza Álvarez es una artista multidisciplinaria que aborda la pintura, el dibujo y la fotografía. Miembro de Fotogrupo y Fundadora del colectivo fotográfico Visiones Ocho, así como editora de la sección Cámara oscura de la revista Artes en Santo Domingo. Desde sus comienzos, la fotografía de Maritza Álvarez ha provocado reflexiones en torno a cuestiones tan complejas como la muerte, la violencia y la memoria.

La trampa es una fotografía análoga en la que Maritza Álvarez aborda el tema de la violencia contra la mujer, específicamente la sicológica y doméstica. En una composición de escorzo se aprecian la cintura y las piernas de un personaje aparentemente femenino por su vestuario. Asoman también determinados elementos indicativos de algún tipo de ira o caos. Álvarez utiliza la luz como señuelo para destacar los elementos clave de esta pieza. Genera un escenario ambiguo, un espacio donde las relaciones de las personas están atravesadas por la agresión, la sexualidad y la memoria. Se trata de un fragmento de una historia que no termina en esa imagen, y que invita a los públicos a hacer la conclusión de la narrativa.

 

Quisqueya Henríquez nació en La Habana, Cuba, y se trasladó con su familia a la República Dominicana desde temprana edad. Sus estudios artísticos iniciaron en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y continuaron en el Instituto Superior de Arte (ISA), de La Habana, desde 1987 hasta 1992. Posteriormente viajó a México y a Estados Unidos, donde residió hasta 1997, cuando decidió regresar a Santo Domingo, ciudad donde vive y trabaja en la actualidad. Henríquez es una artista conceptual cuya obra gira en torno a temas como el espacio, el tiempo, la sustracción geográfica, el género y la

etnicidad latinoamericana y caribeña. Esta fotografía es la pieza documental de un performance realizado por Henríquez. Repensar sobre el mar lleva a la artista a producir un helado de agua de mar Caribe, cargado de una poética perturbadora que ilustra la historia de su relación con el mar, con lo este que ha traído, con lo que se ha llevado y con esa renuencia a enfrentar y probar su esencia desde la isla. Lo agrio, lo salado, lo dulce y lo amargo son posibilidades en esta metáfora confeccionada con agua de mar, suero de leche, ron, aceite de coco, color azul y estabilizadores

Raúl Recio nació en Santo Domingo. Se inició desde muy joven en el arte y cursó estudios de Bellas Artes en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Es un artista multidisciplinario que trabaja el dibujo, el grabado, la pintura, las obras tridimensionales y las acciones plásticas.  Su obra circula en torno a lo mundano en paisajes tropicales, urbanos y rurales. Apoyándose en elementos de la cultura popular y en procesos y personajes de la historia política y social dominicana, el artista revela su concepción del ser nacional. En Ella, Recio representa la guerra y la derrota en forma de mujer, el descanso del conflicto y un misil en forma de tiburón partido en tres, nadando en el agua manchada que podría ser un baño de sangre. Se muestra la vida voraz de la contemporaneidad y el descanso tras las derrotas. La obra destila un comentario altamente político que cuestiona al ser humano y a la sociedad.

Polibio Díaz es oriundo de Barahona. Inició su educación como fotógrafo en la Universidad de Texas A&M, en Estados Unidos, mientras se preparaba para recibir su título de Ingeniero Civil. Alternó esa carrera con la fotografía hasta que en 2003 decidió abandonarla para dedicarse exclusivamente a esta disciplina y al performance. Díaz es un artista interesado en la afro-descendencia dominicana. Él hace de la negritud y del mulataje las bases de su trabajo, con el interés de confrontar las tensiones de su propio legado afrodescendiente y rechazar la negación de esta herencia biológica, psicológica y social que resulta frecuente en el país. Desnudo de arena, de la serie Desnudo sorprendido, es la imagen de un hombre de piel oscura

 

sumergido en el silencio de una acción íntima dentro de un entorno público contaminado. Es una fotografía escultórica que aprovecha el recurso visual de la realidad ecológica humana y plantea una metáfora para la percepción racial.

<p">Ernesto Rodríguez, artista multidisciplinario de Santiago, es uno de los ceramistas de mayor peso en la actualidad. Realizó estudios en la Escuela de Bellas Artes y en Casa de Arte, en su ciudad natal; a la vez que en Altos de Chavón La Escuela de Diseño, en La Romana. Su cuerpo de trabajo ha estado marcado por referencias a la sociedad y a las formas de habitar de los dominicanos de hoy. El artista propone un discurso arraigado en la cotidianidad del pueblo, cargado de elementos simbólicos de sus maneras de vivir. En su obra cerámica utiliza hábilmente los objetos cotidianos, yuxtaponiéndolos y generando diálogos sutiles que producen comentarios críticos con grandes dosis de humor. Mantenga fuera del alcance de los niñoses una escultura de cerámica y medios mixtos en la que Rodríguez reproduce una vivienda imaginaria cubierta por un techo de hojalata, con diferentes habitaciones a manera de cubículos. Los aposentos contienen objetos de uso diario: figuras religiosas, jarrones, escaleras, instrumentos musicales, botellas y animales, entre otros elementos. La estructura aparentemente frágil se vincula perfectamente con su título. Esta relación de titulación y visualidad en la pieza es otro de los sellos característicos de la obra de este autor. A través de estas correspondencias se generan otros comentarios críticos acerca de la sociedad actual.

Chiqui Mendoza nació en Santiago de los Caballeros. Se graduó en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal. Es también egresado de arquitectura por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA) y realizó estudios de Bellas Artes en Art Students League, en Nueva York. En 1982 fue designado profesor de dibujo y pintura en la Escuela de Bellas Artes de Santiago, y Director de esa misma institución entre 2004 y 2006. Mendoza es un artista contemporáneo cuyo discurso plástico ha estado en constante evolución y sus búsquedas conceptuales lo han dirigido a acercarse a las tradiciones y herencias dominicanas y al componente afro-caribeño. Igualmente, le interesa el cuestionamiento a la materialidad de la obra de arte. Sus exploraciones se han centrado fundamentalmente en el discurso artístico como manera de reflexión ante la realidad que le circunda. En esta obra Mendoza hace una evaluación del ejercicio artístico a partir del dibujo. La pieza es una experimentación formal con un gran componente lúdico, en la que el autor recompone la idea del acto de dibujar. Para el artista, los elementos estético y poético de la obra son el propio cuestionamiento del espacio y la materialidad, el reconocimiento del vacío que produce el dibujo y del lugar que crean los materiales. Para ello, apela a contrastar superficies: combina papeles, los superpone y arma un espacio donde el dibujo se produce desde la mancha de un vaso, desde el trazo del grafito, o desde las nuevas percepciones que se generan al cuestionar el medio

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Jesús Desangles es oriundo de Santo Domingo. Desde 1973 hasta 1980 estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de su ciudad natal. En 1988 se trasladó a México para realizar estudios de litografía, grabado y pintura kyron con Andrew Vlady. Posteriormente regresó a la República Dominicana y estudió grabado en Altos de Chavón La Escuela de Diseño, en La Romana. Ha impartido docencia en el Centro Nacional de Arte y Artesanía (CENADARTE). Desangles desarrolla su obra a partir de paisajes y figuras del pasado taíno, en una corriente expresionista que, con sus trazos gestuales, proporciona múltiples posibilidades para una sola imagen. Su discurso plástico es rico en códigos religiosos ancestrales, evidentes en

 

la pintura Figuras carnavalescas, en la que el artista retrata una escena de llamativa conjugación cromática, donde los personajes protagónicos portan sobre sus cabezas máscaras de ojos grandes, que rememoran a los servidores espiritualistas africanos y su presencia en el Caribe.

Ricardo Toribio nació en Santiago de los Caballeros. Se formó como pintor con el profesor Servio Frías y como grabadista con la artista Consuelo Gotay.

Sus pinturas constituyen una rica expresión de realismo mágico, donde el paisaje rural dominicano y cibaeño, las costumbres y el folclor local son los temas centrales. Toribio hace evidente su obsesión con el entorno social y las tradiciones de su país en Danza para la vida, composición en la que recrea la celebración de un gagá.

Este festejo es celebrado durante la Semana Santa en bateyes o centros azucareros y sus orígenes se remontan a la celebración haitiana del rara que, traído por los emigrantes de este país, se ha transformado paulatinamente en el gagá dominicano. Característica del gagá es su estructura jerárquica, en la que los participantes cumplen una función específica, evidente por sus vestimentas vistosas y la forma en que bailan.

En esta creación, Toribio presenta una escena rica en movimiento y color, donde tres hombres y una mujer vestidos con los trajes llamativos del gagá tocan los instrumentos musicales propios de la celebración, bailan y ejecutan movimientos que se extienden más allá de los límites de la obra. Los cálidos rojos, amarillos y naranjas de los ropajes contrastan notablemente con las tonalidades grises del entorno y, de este modo, recogen la fantasía y el folclor típicos de esta celebración.

Leo Núñez nació en Santiago de los Caballeros. Inició su formación artística en la Escuela de Bellas Artes y en el Instituto de Cultura y Arte (ICA), ambos en la ciudad de Santiago. También realizó estudios en Altos de Chavón La Escuela de Diseño, en La Romana, de donde se graduó Magna Cum Laude en 1995. Adicionalmente, asistió a varios cursos de especialización en pintura en Parsons School of Design, en Nueva York, y de impresión en metal en el Taller de Gráfica Experimental, en La Habana, Cuba. La carrera de este artista se interrumpió por su muerte a destiempo en el año 2001. Leo Núñez aborda sus memorias de infancia en óleos que retratan bosques profundos, oscuros y lúgubres, que miran al Caribe desde una perspectiva sombría. Su creación era producto de una constante investigación, evidente en la búsqueda de nuevas formas de expresión. Misterio del Caribe: Serie Trópico Perdido presenta la visión del bosque donde, según la religiosidad popular, habita una de las deidades más importantes para nuestra cultura, conocida como Gran Boix, amo y señor de los bosques, que es representado en la obra por un tronco. Esta referencia hace evidente la inquietud del autor por la identidad religiosa y espiritual dominicana.

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Elvis Avilés nació en Santo Domingo, ciudad en la que vive y trabaja. Se inició en la pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes. En el desarrollo de la abstracción pictórica contemporánea en la República Dominicana, Avilés ocupa un importante lugar. Desde este lenguaje, su obra se ha referido a la ciudad, sus muros y los rastros que el tiempo deja en las superficies. La materia, el polvo, el gesto del trazo y el uso de materiales extra-artísticos se integran a su trabajo para otorgar una visualidad diferenciada. La preocupación por el desarrollo de nuevas formas de expresividad se ha planteado como constante

en su producción y lo ha logrado a partir de series en las que explora realidades figuradas desde el lenguaje de la abstracción.

El muro, obra que forma parte de una serie del mismo nombre, es una pieza abstracto-figurativa constituida por dos paneles ensamblados, en los que se destacan elementos como grafías, manchas y símbolos. En la obra, la descomposición de colores alude a la representación de una pared antigua. En el panel izquierdo se muestran oscuros códigos: flechas, letras equis y puntos, y un cuadrado con una cruz compuesta por flechas que se cruzan. En el panel derecho aparecen varios símbolos circulares y dibujos ingenuos. La obra rinde homenaje al muro como símbolo de resistencia contra lo perecedero y retenedor de memorias.

Carlos Santos es oriundo de Santo Domingo. Además de artista, es sociólogo. Se inició en la Escuela Nacional de Bellas Artes y es una de las figuras fundamentales de la generación de los ochenta. Ha impartido clases en la Universidad Iberoamericana (UNIBE) y en Altos de Chavón La Escuela de Diseño, en La Romana. En varias ocasiones ha sido Director Técnico de Cultura en diversos organismos gubernamentales y asesor en cultura y desarrollo de reconocidas instituciones públicas y privadas. Santos busca que sus obras expresen las contradicciones del desarrollo, el deterioro, el equilibrio, las carencias, la continuidad y la discontinuidad para reflejar la realidad nacional. Su perspectiva reconstructiva de lo real va de la mano con una estética constructivista que se hace evidente en grandes planos matéricos. En Concreción, pintura de formato vertical y composición en tonalidades ocres, el artista revela una pieza abstracta compuesta de manera simple, que inscribe sobre un fondo oscuro dos estructuras con iluminación interna. Dos letras E aparecen sobrepuestas: una invertida y de mayor tamaño que la otra colocada en un plano anterior. En la obra predomina la geometría y los colores se presentan como emblemas para referenciar las diferentes tonalidades dentro de una  misma mezcla “racial” nacional.

José Cestero nació en Santo Domingo y en 1950 inició su formación artística en la Escuela Nacional de Bellas Artes, en la misma ciudad. Posteriormente viajó a Nueva York, donde realizó estudios en arte, con especialidad en dibujo, en Mills Cooper School of Arts de la Universidad de Columbia. En 1960, tras su regreso a la República Dominicana, se integró al grupo vanguardista Arte y Liberación, colectivo que nucleó a artistas de diferentes disciplinas durante la convulsa década de 1960.

Cestero celebra el cambio y la versatilidad en su capacidad de reinvención. En Díptico para Mutanville, el artista usa el ensamblaje de papeles antiguos y en malas condiciones con anotaciones en tinta extraídas de textos de Octavio Paz, así como un fragmento de la novela del siglo XVII, de Francisco Javier Angulo Guridi. La obra recrea personajes como la mujer que se ve vagar en torno al Santuario de la Altagracia, y que es representada con agujas en los ojos; también se vislumbran unas edificaciones que se difuminan, una figura humana con un perro y un autorretrato caricaturesco del artista. La pieza está inspirada en la novela experimental del mismo nombre, escrita por Arturo Rodríguez Fernández, que hace referencia a personajes grotescos y decadentes. Este dibujo rinde homenaje a los seres marginados y a la descomposición moral del legado colonial, que ha sido uno de los intereses centrales del artista.

Esta actividad es parte del programa previo que se ha concebido para el XXI Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, que se celebrará en el Centro León en octubre de 2006.

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