Colectivo Generación 80: una propuesta conjunta de acción

En los ochenta se estaba desarrollando en República Dominicana, a la par de las nuevas influencias de las recién inauguradas escuelas de arte, fundamentalmente la Escuela de Diseño de Altos de Chavón, y también de los medios masivos de difusión, que encontraban en la televisión por cable su más importante aliado en esos momentos, una vertiente del arte muy sugestiva. 

El impulso del Centro de Arte Nouveau, de Porfirio Herrera y sus fieles colaboradores –la gran mayoría artistas– contribuyó también a una forma de hacer muy particular. Esta se caracterizó por varias cuestiones como la vuelta al trabajo colectivo –Colectivo Generación 80–, siguiendo los patrones de los sesenta, que se presentaban como referente importante para estos creadores. Esta colectivización tenía razones de orden fundamentalmente productivo y formal.

Estos artistas se plantean la realización de un arte provocativo y que desafiara las nociones de lo bello y “vendible” impuestas en los setenta y cuestionadas por algunos artistas del momento, como ya hice énfasis. Por lo mismo, se produce en el plano conceptual una marcada insistencia en temas intimistas y personales, en micro-políticas que atendían fundamentalmente a cuestiones de raza, género e identidad. A la vez, se genera un interés renovado, aunque profundizando de manera superlativa en los aspectos formales, por las cuestiones relacionadas con las tradiciones y herencias, tanto taínas como afro-caribeñas. Sin embargo, el Colectivo Generación 80 no puede ser analizado como una agrupación, sino como una acción. Esa es la mejor manera de hablar de este conglomerado. Su ser colectivo no estaba definido por las características que se asignan a un núcleo de su tipo en los libros de texto. Es decir, su aglutinamiento se produce por razones de producción, sostenibilidad y visibilidad. De ahí que muchos de sus actores plantearan discursos tan diversos y distanciados formal y conceptualmente. No obstante, evaluar el Colectivo Generación 80 como acción –o reacción– nos permite abordarlo en su justa medida. Con esto quiero decir lo siguiente:
• El colectivo estuvo determinado por razones de aglutinación relacionadas con la fragilidad del sistema institucional del arte.
• Los artistas se congregaron para propiciar el diálogo, para debatir, procurar espacios y lugares que ayudaran a producir y otorgaran visibilidad a esa producción.
• Tras una serie de encuentros y muy pocos intentos expositivos en conjunto, el grupo va paulatinamente desintegrándose.

Como bien expusiera Jorge Pineda, “es cierto que esta generación de artistas planteó muchas rupturas. Y me gustaría hacer algunas aclaraciones, pues hay una tendencia a considerar ‘La generación del ochenta y el ‘Colectivo Generación 80’ como la misma entidad. Es natural esta confusión porque la mayoría de los artistas que iniciamos nuestra actividad como tales en ese período estábamos inscritos en el colectivo. Éramos unos cien artistas, que habíamos llegado allí de forma individual, luego aleatoriamente y sin formalidad alguna creamos subgrupos espontáneos definidos por simpatías personales, afinidades en cuanto a criterios artísticos, pero sin una filosofía común, tampoco posiciones conceptuales unificadas, ni para esos “subgrupos” ni para el colectivo en su totalidad, pero teníamos un objetivo común: Ser parte de los circuitos del mercado del arte, lo cual se nos estaba siendo muy difícil. Es decir teníamos un problema de trabajo y esto hizo que pudiéramos poner de lado nuestros criterios individuales sobre el arte y es así como nos convertimos en un gremio. Un gremio exitoso en tanto que hizo estrategias que eran muy disímiles, pues el criterio de selección para participar en las exposiciones que realizamos era muy amplio, y aunque tuvimos asesoría profesional, hay que recordar que la curaduría no encerraba el concepto con el que hoy en día se define a esta profesión. De más está decir que dábamos por hecho que planteábamos propuestas radicales. Sin embargo no teníamos teóricos que nos acompañaran en este proceso. Este momento es una materia pendiente para los historiadores de arte. Una vez que el gremio logra sus objetivos, es decir, ser reconocidos por el sistema de mercado de arte de República Dominicana, ingresar al Museo de Arte Moderno, que es la institución que legitima al artista, e inclusive realizar dos exposiciones en su propia galería, La Galería 80, situada en la calle Santomé, el Colectivo Generación 80 se disuelve. Sucedió el proceso natural de la periferia engullida por el centro. Varios artistas pasan a formar parte de las galerías comerciales del momento y salen del colectivo. Lo que para la mayoría era simplemente dejar de asistir a las reuniones que cada domingo se realizaban en el patio de Casa de Bastidas. Otros artistas que no tuvimos esta suerte, continuamos trabajando en conjunto en estos subgrupos informales de los que te hablaba al inicio. Que solían durar poco tiempo, normalmente el proceso de montar un proyecto expositivo grupal. En mi caso particular, con dos artistas más: Belkis Ramírez y Tony Capellán, más adelante se nos une Pascal Meccariello, que pertenece a la generación que nos precedía. Es en este momento que realizamos la exposición Otras visiones y que comenzamos a cuestionar nuestra producción artística de una manera más consciente. Comenzamos a tomar unas posiciones que no tenían que ver en apariencias con un mercado que, para nosotros, era inexistente e inaccesible. Hacíamos la obra movidos por una certera intuición de que eso era lo correcto. No esperábamos el éxito, ni aprobación alguna. Pero creíamos en lo que hacíamos. Éramos inocentes. Hay que recordar que durante este período La Galería de Arte Nouveau era el único refugio para los artistas emergentes. Pero ellos también eran emergentes. Mariannne de Tolentino y Danilo De los Santos fueron figuras determinantes para que los artistas integrantes del colectivo lograran visibilidad”.

Pasados ya más de 30 años del inicio de esta década es importante volver la cara atrás y analizarla en su justa medida. Por justa medida, entiendo el análisis de sus fuentes e influencias en lo posterior. No debemos olvidar que a esta generación de artistas le precede un momento brillante del arte contemporáneo dominicano en el que los artistas tuvieron una activa participación en la conflagración y eventos sociales. No obstante, el Colectivo Generación 80 inaugura también una nueva percepción en el arte dominicano. No solo una que atañe a los artistas y sus modos y procesos de producción, sino también a los públicos y al sistema institucional, que debe comenzar a funcionar de manera diferente dadas las nuevas circunstancias. Conceptualmente y formalmente los ochenta estuvieron signados por situaciones y acontecimientos que marcaron su propia definición como fuerza de cambio en las artes:
• Análisis crítico de sus precedencias (temas, personajes).
• Incorporación de nuevas temáticas (o expansión de las ya iniciadas por sus predecesores, como el tema de lo aborigen y lo negro).
• Búsqueda de espacios alternos de visibilidad (continuación del uso de espacios públicos o alternativos para facilitar el acceso a la obra de arte).
• Presencia en cónclaves internacionales (Bienal de La Habana, Bienal de Johannesburgo,
Bienal de Venecia, entre otras).

Tomado del Libro Trenzando una Historia en Curso, Arte dominicano contemporáneo en el contexto del Caribe

Sara Hermann, Historiadora e Investigadora de Arte
Asesora del Centro León

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