De la práctica a la acción

Aunque concentro mi análisis en las acciones que se producen en la República Dominicana, debo hacer referencia a la cardinal obra de Nicolás Dumit Estévez, quien reside en Estado Unidos. 


Las acciones del colectivo Shampoo para las Bienales, la Trienal Poligráfica de San Juan y otras exposiciones colectivas, así como la acción Peregrinaje, de Nicolás Dumit Estévez, son ejemplos al mostrar un intento de puesta en marcha de otro modelo de relación entre las instituciones públicas y privadas, los artistas, el público, los medios masivos de difusión, las instancias oficiales, el sector económico, etc. Estos modelos son representativos de acciones diseñadas y llevadas a cabo en diferentes espacios del sistema institucional del arte. Por un lado, los artistas toman el sartén por el mango; por otro, artistas, diseñadores y arquitectos se unen para crear una realidad otra y subvertir, aunque sea por unos meses, el orden; y finalmente, el artista revierte y condiciona su relación con las instituciones.

Ejemplo de esto es el proyecto de Nicolás Dumit Estévez que se denominó For Art’s Sake (Por el arte). Dumit desarrolla en este una acción que Eva Grinstein llamaría una práctica de acción parasitaria en el mejor de los sentidos.14 Consideramos Por el arte una acción parasitaria debido a que conscientemente desarrolló un plan de acción que involucraba y se servía de instituciones culturales que debían acceder a participar en ella. Dumit se infiltró en el sistema institucional del arte como un parásito. En esta acción, Dumit desarrolla una serie de peregrinajes que trastocan la relación entre arte e institución y entre arte y ritual. El extenso proyecto realiza un comentario en apariencia ingenuo, aunque profundamente mordaz, acerca de las procesiones y el entourage religioso de nuestros países… y lo relaciona con esas mismas acciones, pero dirigidas al mundo del arte. Este peregrinaje se convierte en un instrumento al servicio del arte, al tiempo que el artista realiza diferentes viajes que se inician en el Bajo Manhattan, tras una bendición de la curadora Juliana Driever, y concluye en siete diferentes museos. Al finalizar estos peregrinajes, cada uno concebido con su dosis de martirologio, un funcionario de dicho museo firma un documento que funciona como pasaporte. Como dije, cada viaje tiene una penitencia, ya sea ir de rodillas, caminar de espaldas o cargando innumerables libros de arte, o simplemente diseminar “la palabra” del arte.

Existe en esos momentos por parte de estos artistas del performance una decisiva intención de retomar el espacio público y el designado para formas más tradicionales de generar arte y reconocer las implicaciones de este en los procesos creativos. Esta es una diferenciación que parte fundamentalmente de cuestiones “genéticas”. Uso para este análisis un tanto la idea de Gilles Deleuze15 sobre la virtualidad en las obras de arte para explicar cuestiones que tienen que ver con la propia biología de cada producción. Existen elementos diferenciales casi de carácter genético en los productos del arte hoy que distan fundamentalmente de los que ayer respondían a un marco contextual diferente. De ahí que mucho de lo que se produce en este campo en la actualidad sea de carácter crítico y reflexivo y atienda, por encima de todo, a las cuestiones contextuales que rodean a los creadores. La geografía, por ejemplo, es elemento esencial en obras como Geo-referencias, de Caryanna Castillo. Esta acción, que se desarrolló en el Centro León, fue un ejercicio de reescritura cartográfica en que la artista y los presentes que participaron en ella cuestionaron las visualidades cartográficas, las fronteras y la coexistencia en este mundo.

Tomado del Libro Trenzando una Historia en Curso, Arte dominicano contemporáneo en el contexto del Caribe 

Sara Hermann, Historiadora e Investigadora de Arte
Asesora del Centro León

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