De exposiciones

La primera exposición concerniente a las artes del Caribe tuvo lugar en Puerto Rico en 1952. 

 

Por fuerza, debe admitirse que se redujo a la presencia de Trinidad y Tobago, entonces colonia británica. En 1989, Les Magiciens de la terre (Los magos de la tierra), organizada en el Centro Georges Pompidou por Jean Hubert Martin, acogía a 101 artistas de África, Asia, Extremo Oriente y América Latina, con poca participación antillana. En ocasión de la celebración del 500 aniversario del descubrimiento de América, la exposición 1492/1992, Una nueva mirada al Caribe, itineró entre las diferentes instituciones insulares, después de haber sido inaugurada en el Centro Espacio Carpeaux, de París. La misma expuso “las facetas más representativas de la estética criolla”9 con 118 obras de 11 países. Además de esta itinerante, las exposiciones comenzaron a sucederse en los centros occidentales.

Exclusión, fragmentación y paraíso, Caribe insular invitó a Soucy de Pellerano, quien mostró Encuentro de bestias (1996) y dos esculturas sin título; Tony Capellán proponía tres instalaciones de 1996: Manto protector (condones, hilo y madera), La barrera del pudor y Los sacos del olvido; Marcos Lora Read, Pick up the Phone (audio instalación); Pascal Meccariello, Con las ventanas abiertas, Bodega de efluvios y Fuente de ambigüedades; Jorge Pineda, Alta Gracia (1997, instalación de muñecas de trapo) y Casta Casa (xilografía de 1994); Belkis Ramírez, De la misma madera (1994) y La última estaca (1994); Fernando Varela, Scetrum (1996) y Baja misa (1997).

El interés suscitado, tanto por esas colectivas como por las bienales, multiplicó los eventos: Infinite Island, Contemporary Caribbean Art tiene lugar en 2007, en el Brooklyn Museum de New York, bajo la dirección de Tumelo Mosaka. Los fotógrafos dominicanos ocuparon allí un lugar especial, con el colectivo Shampoo, que hizo referencia en D’La Mona Plaza (2004) a la travesía ilegal y peligrosa de sus conciudadanos que se exilian en a Puerto Rico por la vía del Canal de la Mona. Esta obra dota irónicamente a ese riesgoso viaje gracias a todos los detalles de los complejos turísticos que en los últimos tiempos se han desarrollado en República Dominicana para acoger al turismo de masas. Las pasiones interiores (2001), de Polibio Díaz, mostraban con humor escenas íntimas que traducen los deseos de las clases marginalizadas bajo la influencia de los modelos occidentales, así como la cotidianidad insular de dichos pueblos en Después de la siesta. Por su parte, Fausto Ortiz captaba las siluetas efímeras y anónimas de los emigrados en Caminante (2005) o en Sombras de acero (2003). Las obras de Raquel Paiewonsky tuvieron un papel intermediario entre la fotografía –con sus retratos Sembrada e Ima Ima díptico (2005)– y las instalaciones Levitando a un solo pie (2003), Afro Issue y Mambrú (2006), de Jorge Pineda. Los dibujos Niñas locas, de este último, llamaron igualmente la atención. Entre los 45 artistas invitados, debemos lamentar la ausencia de Tony Capellán, sin el cual no podemos hablar de arte del Caribe.

Kreyol Factory, cuyo subtítulo es Los artistas cuestionan las identidades criollas (en París, La Villete, 2009) reivindica las herencias antillanas. En el catálogo, las citas de Maryse Condé, Aimé Césaire, Patrick Chamoiseau, Raphal Confiant, Frantz Fanon, Ernest Pépin, Chiqui Vicioso y Edwige Danticat lo confirman. Kreyol Factory se organizó alrededor de varios ejes: “Travesía”, que contaba con la obra emblemática de Marcos Lora Read, Cinco car-rosas para la historia; “La confusión de los géneros”, con De MaR en peor, de Belkis Ramírez; “África, comunidad imaginada”, “¿Cómo negro?”, con Afro Issue I, de Jorge Pineda; Después de la siesta, Doña deseada y sus chucherías, y Como mi casa ninguna, de Polibio Díaz. El espacio que ocupaban estas obras en la exposición acreditaba la producción dominicana y constituía todo un mundo a través del cual el espectador pasaba y que le daba la sensación de aspirarlo. Los otros apartados se componían de “Islas bajo influencias”; “Los nuevos mundos”, con Mar Caribe, de Tony Capellán; la Serie Hombres muffler y Acorazado, de Límber Vilorio. Caribbean: Crossroads of the World, en El Museo del Barrio de Nueva York, donde Jorge Pineda colgó el dibujo Bozales para cruzar la frontera (2002), en el Queens Museum of Art y en The Studio Museum de Harlem en 2012-2013; después en Miami en 2014, constituye el evento más reciente.

Este reconocimiento dio lugar a exposiciones individuales, fuera de las galerías: Jorge Pineda, Postales desde el paraíso, en la Casa de América, en Madrid (2002); After all, tomorow is another day, en el IVAM de Valencia (2013); La práctica de la utopía, en la Fundación Clément (febrero-marzo 2014); Mambrú, en la UNESCO, París (mayo de 2014). Polibio Díaz expuso Doña deseada y sus chucherías y Como mi casa ninguna en la UNESCO, igualmente en las mismas fechas.

Tomado del Libro Trenzando una Historia en Curso, Arte dominicano contemporáneo en el contexto del Caribe

Michele Dalmace, Crítica e investigadora de arte.
Catedrática de la Universidad Michel de Montaigne, Burdeos

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