Arte contemporáneo dominicano: la reinvención del tiempo que somos

“El paisaje que más se identifica con mi alma es el que ofrece los patios con flores y humedad, con mucha humedad”. 

 

Así describía Gilberto Hernández Ortega su cosmos poético en el año 1950.1 Considerado unos de los mayores exponentes del arte dominicano en el siglo XX, el ilustre pintor, discípulo del maestro Joseph Gausachs, se remitía a unos olores, a unos colores, a unas texturas sociales muy específicas de su época. Aquel universo desde el cual Hernández Ortega escribe ya no es el mismo de hoy. El Trópico antillano continúa siendo en este milenio, en este siglo, en estos años, húmedo, cierto, pero el paisaje dominicano ha variado. Tal vez ya no tiene tantos patios, y no todos ellos cuentan con las flores de Gilberto; sin embargo, otro tipo de vegetación ha emergido. Ni más ni menos que la de antaño, la espesura contemporánea se nutre de otro tipo de exuberancia.

República Dominicana se ha vuelto más plural en su cultura, mucho más conectada a lo internacional; los dominicanos deambulan por el mundo, llevando y trayendo objetos, costumbres y actitudes hacia o desde otras latitudes. La trayectoria de la cultura ominicana, como la del resto de las culturas, ha continuado su curso mutante, transformando sus contenidos y formas, reinventado respuestas a los nuevos escenarios que surgen. El arte dominicano y sus creadores no quedaron al margen de estas alteraciones. A cada cambio social, político y económico escenificado en el ámbito cultural, los artistas de las generaciones del fin de siglo pasado e inicio del presente, han sabido interpelar las realidades que experimentan a través de distintas propuestas estéticas de un gran vigor y originalidad Para la Fundación Eduardo León Jimenes y el Centro León, Trenzando una historia en curso: Arte dominicano contemporáneo en el contexto del Caribe es un proyecto que trasciende los límites materiales de un libro. Esta obra es a la vez un encuentro con la crítica reflexiva, un ascenso a esas montañas del espíritu desde donde observar la nueva productividad. Este libro es una propuesta para pensar mientras continuamos caminando sobre una historia que no se detiene; una historia en muchos casos fragmentada, cuya inteligibilidad depende de atar cabos sueltos, de trenzarle sus rizos, esas rebeldes y curvilíneas hebras del Caribe histórico, del rítmico, del sufriente, del alegre, del inventor, del onírico.

Nuestras instituciones entienden el ejercicio del pensamiento crítico como algo fundamental para comprender y promover la cultura. Tenemos la convicción que entender la práctica cultural exige conocerla en sus detalles, causas y lógicas. La producción artística es un ejercicio urgente e imprescindible para que toda sociedad conserve y haga crecer su vitalidad innovadora.

Desde una perspectiva plural y contextual, este libro procura servir de referencia al público interesado en conocer y también reconocer el trabajo que durante cerca de medio siglo han venido realizando los artistas de origen dominicano en las artes visuales. A partir de una selección representativa de obras, muchas de ellas pertenecientes a la Colección Eduardo León Jimenes de Artes Visuales, que este año arriba a su cincuentenario, cuatro reconocidas especialistas del arte y un artista reflexionan sobre lo alcanzado hasta ahora en materia artística. Yolanda Wood –profesora de la Universidad de La Habana, Cuba–, Sara Hermann –curadora y crítica de arte–, Michèle Dalmace –catedrática en la Universidad de Burdeos, Francia–, y Alanna Lockward –artista y pensadora del arte caribeño– abordan desde sus diversas perspectivas, los contextos históricos y factores contemporáneos que han hecho posible el arte dominicano actual. Al final, cierra esta obra el epílogo reflexivo de Jorge Pineda, uno de los artistas dominicanos más emblemáticos y de gran proyección internacional en el campo del arte contemporáneo caribeño, quien desde su testimonio nos remite a una reflexión sobre su propio ejercicio.

Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a quienes han hecho posible este libro. A los ensayistas, por sus notables contribuciones. A J.P. Morgan, institución uspiciadora de la obra, que ha sido un maravilloso e indispensable aliado para la Fundación Eduardo León Jimenes y el Centro León. A todos, muchas gracias. Esperamos ahora que el lector pueda disfrutar de esta obra, llamada a ser un punto de encuentro, una humilde contribución a la reflexión sobre el arte en el Caribe y sobre las realidades históricas que lo rodean.

Tomado del Libro Trenzando una Historia en Curso, Arte dominicano contemporáneo en el contexto del Caribe

María Amalia León de Jorge
Directora Fundación Eduardo León Jimenes y Centro León 

 

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