Opinión. La Navidad del dominicano

Carlos Andújar, especialista en Antropología del Centro León, se refiere a una de las festividades más arraigadas en todas las regiones de República Dominicana.

La Navidad no sólo es el referente cristiano que la motiva, no sólo son los aires frescos de sus brisas, ni la convicción de que el doble sueldo es parte intrínseca de ella (algo que es muy nuestro), sino que también con estas fiestas se acercan sueños, añoranzas y viejos recuerdos, todo dentro de un ambiente eminentemente festivo. A tal punto llega la cultura navideña entre nosotros, que las propias instituciones disminuyen sus convocatorias de trabajo para incluir actividades festivas. Lo académico es relegado, lo político entra en pausa, hasta las rencillas viejas se convierten en motivo de olvido y reencuentro.

Los amores separados encuentran una excusa para la reconciliación y los encuentros sociales se convierten en rutinarios. En algunos lugares se han perdido otros referentes que las nuevas épocas han ido borrando como los aguinaldos o las parrandas navideñas.

La Nochebuena es de la familia y está centrada en la cena con nuevos ingredientes propios de los tiempos globalizados. Sin embargo, el Año Nuevo es con los amigos y, aunque la cena está presente, es secundaria, pues el fervor es más que todo festivo y exterior.

Para muchos, las primeras parrandas fueron en un diciembre perdido en el tiempo. Los romances más intensos tuvieron también como escenario un diciembre y, por qué no, intensos y agradables recuerdos nos remiten a un diciembre, conservado como reliquia en nuestra memoria, baúl de las más importantes huellas de nuestro ser interior. La Navidad para el dominicano es todo eso mezclado con una palabra clave: aguinaldo.

Carlos Andújar