Arte público. Arte público para la Altagracia: pintando a la Virgen frente a su casa

Una vez más, el Centro León consigue reunir los otros cinco ejes fundamentales que también deben regir todas sus actividades: accesibilidad, participación, reflexión, calidad y creatividad.

Una jornada de arte público en el Parque Colón de Santiago acaba de finalizar con la creación de una veintena de murales pintados alrededor del tema de la Virgen de La Altagracia. Igual número de artistas invadieron la plazoleta entrando por la calle Del Sol, esquina Luperón, colocaron sus materiales en diversos lugares y comenzaron sus bocetos en medio de la curiosidad y del asombro de la gente que empezó a preguntarles por qué estaban haciendo esa actividad tan inusual en ese lugar. Luego de los primeros minutos, el público se había duplicado y cerca del mediodía las puertas de la Iglesia vieron pasar a cientos de feligreses que salían de misa y se dirigían directamente al parque.

En ese preciso momento llegó el Arzobispo de Santiago, Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio, quien rápidamente fue asediado por periodistas, amigos y religiosos para conocer sus reacciones. Todo tipo de preguntas contestó el distinguido visitante con mucha sencillez y amabilidad, abundando por ratos en detalles particulares sobre el culto a la Virgen, tema de su predilección al que le ha dedicado devoción y estudio convertidos en libros, conferencias y publicaciones diversas. Para el Arzobispo, la representación de la figura de La Altagracia se ha hecho de cientos de maneras, siendo el arte popular el más rico en la simbología a utilizar. Con esta amplitud mental y espiritual se paseó por entre todos los artistas, con algunos entabló conversación, mientras que otros parecían no percatarse de su presencia, cosa que él mismo respetó al limitarse a observar con interés lo que estaban haciendo. Antes de marcharse, el Arzobispo supo que los murales se iban a quedar expuestos por varias semanas en la verja del parque, ante lo cual ratificó la invitación de que pusieran también algunos de estos cuadros alrededor de la Iglesia.

Radhamés Gómez Pepín, director de El Nacional, también estuvo entre las personas que caminaron por allí con una sonrisa plena y una actitud de satisfacción frente a lo que todos veían con ojos que por ratos se humedecían de emoción. Entrevistó informalmente a los compañeros del Centro León que habían organizado esta jornada y se maravilló de saber que en diciembre también se había realizado otra actividad similar con el tema El barrio pinta la Navidad, dirigida a los niños de los repartos y urbanizaciones que rodean las instalaciones del Grupo León Jimenes en Santiago. Radhamés se interesó en conocer más datos de estas recientes experiencias artísticas populares, así como cualquier información adicional sobre este tipo de programa cultural que permite la expresión de diversas formas de creatividad de parte de todo tipo de públicos.

Entre las obras más comentadas por la gente estaban las representaciones no-tradicionales de la Virgen. Llamó mucho la atención el caso de un mural donde La Altagracia estaba ambientada en un espacio de ga-gá propio de la zona oriental del país, entre bueyes, palos y fu-fú… “Mire joven, pinte a la Virgen como ella é y no así, dizque negra… no, no, la Virgen no é negra”, refunfuñaba una señora negra vestida de blanco con el collar de tela roja del que colgaba una medalla antigua del Sagrado Corazón de Jesús.

Ni hablar del otro mural sobre una Virgen semidesnuda y embarazada frente a lo cual otra señora le reclamaba a la artista: “Oiga señorita, no presente a la Virgen así, fíjese que en ese cuadro ella no había ni siquiera dado a luz y por lo tanto todavía no se le conocía como La Altagracia…”. Los artistas reaccionaban de diversas maneras frente a este tipo de comentarios de parte del público. Algunos parecían disfrutar de las ideas que espontáneamente recibían, mientras otros preferían no entrar en polémicas y sonreían cortésmente, o callaban seriamente, ante las sugerencias que seguían llegando y llegando de parte de los inquietos visitantes.

Pero no todas las intervenciones expresaban una actitud crítica. Una monja, que preside la pastoral juvenil de la parroquia, aprovechó esta oportunidad para solicitar que le hicieran un retrato de “Jesús dentro de un cáliz” con la finalidad de llevarlo a una actividad que ella está organizando. A pesar de que el mural solicitado no coincidía con el tema de la jornada, uno de los artistas decidió complacerla y trabajó dos murales a la vez: uno dedicado a Jesús y el otro a la Virgen. No satisfecha con este gesto, la Hermana también solicitó a los organizadores que le prestaran cuatro murales de La Altagracia para un cursillo de jóvenes que se va a realizar en el Centro Carismático de Las Charcas a finales de este mes. De más está decir que la activa monjita recibió la promesa de transportarle esos cuatro murales el día en que se hará esa actividad.

A media tarde los artistas terminaron sus trabajos y los entregaron con mucha satisfacción. Asombra realmente constatar las particularidades de cada obra. No hay un mural que ni siquiera se puede decir que se parece a otro. El eje de la diversidad se hizo presente en el público y en todas las manifestaciones artísticas que actualmente se encuentran expuestas de frente a las calles que rodean a la Iglesia La Altagracia. Una vez más, el Centro León consigue reunir los otros cinco ejes fundamentales que también deben regir todas sus actividades: accesibilidad, participación, reflexión, calidad y creatividad.

Rafael Emilio Yunén

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