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La programación especial del sábado 16 de diciembre permitió a diversos públicos disfrutar el arte, la cultura y otras manifestaciones de la alegría navideña.

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La celebración mundial es convocada anualmente cada 5 de junio por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Publicado en Noticias 2017

La exclusiva exposición del Centro León estará exhibiéndose en el centro comercial desde este 1 de junio.

Publicado en Noticias 2017

La jornada museística mundial será aprovechada para inaugurar la obra Jaula Brillante. 2015 de Lidia León, en el Patio Interior de la institución.

Publicado en Noticias 2017

Así se denominó el conversatorio y visita comentada por Signos de Identidad, exposición permanente del Centro León.

Publicado en Noticias 2016

Descripción

Frasco de vidrio transparente utilizado para almacenar perfume. La botella tiene en la parte exterior una profusa decoración. El cuerpo de la botella semeja una concha.

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Frasco de vidrio transparente utilizado para almacenar perfume. La botella tiene en la parte exterior una profusa decoración. El cuerpo de la botella semeja una concha. Su procedencia es europea, específicamente de España, del período comprendido entre el 1492 (que representó la llegada de los europeos al continente americano y específicamente al Caribe) y el 1600 período de intenso y dramáticos viajes caracterizados por ataques piratas, corsarios y naufragios por debido a fuertes tormentas y cuyos viajes se organizaban a través de la llamada “Carreras de Indias”.

Como resultado de los hallazgos hechos por la arqueología subacuática en el país, a veces en coauspicio con importantes universidades norteamericanas, ha sido posible rescatar valiosos objetos transportados en galeones y otras embarcaciones procedentes de España y toda Europa, como parte del flujo cultural que caracterizó el período inicial de la colonización en sus primeros dos siglos.

Objetos en cerámica, prendas personales, medallas, monedas, joyas, ajuares, armas, cristalería, muebles, adornos, botellas, envases varios y mercancías de todo tipo, era parte del numeroso inventario transportado por estas embarcaciones (Carabelas, Patanche, Fragatas, galeones, Naves, Galeras) en esos momentos cruciales de la lucha por el dominio americano entre los diferentes imperios europeos.

Algunos de estos barcos se hundían en distintos lugares de la costa de nuestro país como son los casos de los galeones: Conde de Tolosa, Nuestra Señora de la Pura Concepción, Scipión, Barco de las Pipas, Nuestra Señora de Guadalupe -1702- entre otros, encontrándose algunas de esas piezas en una parte del Ámbito mestizaje: encuentros y desencuentros de la Sala Signos de identidad como parte de un préstamo hecho por la Oficina de Patrimonio Subacuático de la Secretaría de Estado de Cultura al Centro León.

La riqueza que aportan estos objetos en el conocimiento del intercambio cultural que se produjo en ese período entre Europa y América, se evidencia en la cantidad de piezas que aun existe en estos naufragios. Su tipificación, formas estéticas, estilos, características, usos, son también portadores de una época, de un momento de la historia, como expresa la pieza seleccionada como símbolo en este mes de noviembre, perteneciente a nuestra colección y que se encuentra en depósito.

Como resultado del Encuentro de culturas y del mestizaje, este envase de perfume del siglo XVII, se convierte en una pieza emblemática de ese pasado

Bibliografía

- Santiago, Pedro J. Estudios sobre comercio marítimo, naufragios y rescates submarinos en la República Dominicana. Publicaciones del Museo de Las Casas Reales. República Dominicana. 1980.

- Borrel, Pedro; Pérez Montás, Eugenio; Arestegui, Cruz. La aventura del Guadalupe. Su viaje a la Española y su hundimiento en la Bahía de Samaná. Centro de Altos Estudios Humanísticos y del Idioma Español. Universidad Católica de Santo Domingo. Comisión de Rescate Arqueológico Submarino en la República Dominicana. Lunwerg, Editores S.A. 1997.

Carlos Andújar
Especialista de Antropología

Descripción

Careta de lechón joyero típica del carnaval santiaguero. En el caso del lechón joyero, los cachos tienen púas. Esa es la forma más sencilla de distinguir un lechón del barrio La Joya. Los colores son amarillos, rojos y azul marino. Las caretas de los lechones pepineros no tienen púas.

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El carnaval es una vieja tradición lúdica heredada de España. Venida con los primeros españoles llegados a América, aquí se registra por primera vez en los primeros años del siglo XVI (1510-1512) en las ciudades de la Vega y Santo Domingo, sufriendo en esa etapa, varias transformaciones incluyendo su prohibición debido a los actos vulgares y a los excesos del mismo, según las autoridades coloniales de la época.

De origen Veneciano en Italia, era parte de viejas festividades paganas de los celtas y otras culturas a las cuales se sumaron los romanos en su período de expansión colonial.

En la Italia medieval, sus trajes de diseño especial, con capuchas, caretas y trajes, movieron la atención de los participantes quienes se esforzaban por presentar la mejor pieza para el deleite y admiración de los demás participantes. La máscara jugó en esos tiempos un doble sentido: como parte del disfraz y para ocultar la personalidad de quien la portaba, de manera que si algo fuera de lo normal sucedía, como al efecto solía pasar, quedara oculta detrás de la máscara, el rostro de la persona.

En América, valga aclarar, el carnaval sufre las metamorfosis propia de la diversidad cultural americana. Las comparsas son a su vez síntesis de cada grupo étnico que se hace representar a través de ellas. Pero también, cada país lo celebra a su manera y con los componentes culturales que les son inherentes. En tal sentido, Río de Janeiro en Brasil, conjuga el mayor entusiasmo carnavalesco de América. Conocido internacionalmente, el carnaval de Brasil se alimenta en gran medida de la herencia afro-brasileña comenzando por su música: la Zamba, ligada a los cultos Candomblés. En todo caso, el pueblo es protagonista y centro del encuentro.

Febrero indudablemente es el mes del carnaval, decretado por la gente en ciudades como la Vega, Santiago, Bonao, San Francisco de Macorís, Puerto Plata, Monte Cristi, Santo Domingo, San Cristóbal, Azua, entre otras. Pero también, encontramos el carnaval en Semana Santa, fuera del esquema clásico, lo cual rompe la tradición y confunde a especialistas y público general celebrado, en ciudades como: Pedernales, Cabral, Barahona, Elías Piña, San Juan de la Maguana y Salinas de la región sur. También la fecha del carnaval nacional dominicano coincide con la celebración de las fechas patrias por cuestiones históricas, dándoles un matiz político o nacionalista a algunas de sus comparsas y siendo de alto contenido satírico.

Tan contagioso ha resultado todo este maremagno ocasionado por la eclosión súbita de estas festividades carnavalescas en el país, que cada provincia ha puesto sobre agenda la creación de su carnaval, no sólo como rasgo distintivo, sino como forma de atraer al turista sea nacional o extranjero hacia las bondades de su comarca. Naciendo de esa manera carnavales más recientes como el carnamar de Río San Juan o el Carnamaniel de Ocoa en el sur. Sin contar que hay carnaval en Baní, Salcedo, Cotuí y otras ciudades menos mencionadas en este atractivo tema, como el extraño y particular carnaval de la comunidad de Yerba Buena en Hato Mayor y cuya careta se hace con nido de comején.

Los trajescaretas y una que otra comparsa, constituyen las bases identitarias sobre las cuales se distancian estos carnavales provinciales, existiendo verdaderos esfuerzos de diferenciación entre los organizadores, que a la vez se erige en el símbolo de mercadeo o de orgullo regional o local. Siendo el diablo la figura central del carnaval, su nombre, trajes y características pueden variar de un carnaval a otro como vemos con la careta del diablo cojuelo de la capital, distinta a su vez de las dos que distinguen a Santiago, o la que destaca al personaje carnavalesco de la Vega. Pero esta careta cambia en Monte Cristi, Cotuí, Cabral, Puerto Plata (con motivos taínos) o Río San Juan (con motivos de mar). Lo mismo sucede con la denominación del personaje emblemático: el diablo, llamado así en la capital y otras localidades, lechón en Santiago, cachúa en Cabral, toros en Monte Cristi, Papeluses o Platanuses en Cotuí, máscara del diablo en Pedernales o Tifuá en Elías Piña.

En la foto, aparece una careta de nuestra colección, la misma es usada por el Carnaval de Santiago que es uno de los más tradicionales y antiguos del país. Como una forma de competencia, los habitantes de los barrios populares de Santiago, la Joya y los Pepines, diferenciaron su manera de participación en este carnaval a partir de los estilos y diseños de sus caretas. Como muestra la pieza exhibida por nosotros, esta careta es representativa del barrio la Joya y como podemos ver, se define por dos cachos y en cada uno, con una multiplicidad de puyas en forma de púas, que le dan un gran colorido.

Pintada en base al rojo, amarillo, azul, blanco y azul marino, la careta es un verdadero símbolo carnavalesco y una obra de arte popular. Opuesta a ella está la careta del barrio los Pepines, que se hace en base a dos cachos, más cercana a las formas convencionales; siempre usando figuras zoomorfas. Su fabricación es con barro, papel maché, almidón y papel periódico, convirtiéndose en una verdadera tradición artesanal especializada.

Bibliografía

- Centro Cultural Eduardo León Jimenes. Fradique Lizardo Barinas. 1930-1937 y el carnaval dominicano. 2003.

- Del Castillo, José; García Arévalo, Manuel. Carnaval en Santo Domingo. Amigo del Hogar. 1987.

- Guerrero, José. Carnaval, cuaresma y fechas patrias. Editora de Revistas. 2003.

- Tejeda Ortiz, Dagoberto; Domínguez, Iván y Castillo, José. Calendario folklórico dominicano. Grupo León Jimenes. Instituto Dominicano de Folklore. 2000.

Los carnavales del carnaval. Comisión Nacional de Carnaval. Instituto Dominicano de Folklore. 2003.

- Valdez, Pedro Antonio. Historia del carnaval vegano. Ediciones Hojarasca. 1995.

Presentación de la pieza
Hacha mariposoide. Decoración laberíntica en ambas caras.

 
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Con forma de mariposa con formas de alas abiertas, esta hacha podía tener un uso cotidiano, como objeto de guerra o de defensa personal. Con hendidura en su centro, su canal servía para colocar en ella un mango o madera que, atado con cabuya, se convertía en un objeto a veces de gran tamaño y pesado.

Su técnica de fabricación aprovechaba muchas veces, la parte pulimentada natural de la cara frontal de una piedra y su parte posterior era retocada, convirtiéndola en un objeto de uso permanente, hecha a partir del sílex o el granito, esta última con procedimientos de fabricación algo distintos al sílex debido a que se prestaba menos al desprendimiento de sus partes y sus caras frontales era más rugosas y menos lisa.

A pesar de su uso cotidiano, su estética era representada por figuras geométricas en bajo relieve, con un sentido simbólico que filtra el interés artístico de estos grupos preagrícolas, presentes en objetos de uso diario a los cuales se les agregaba, en algunos de ellos, incisos que lo convertían en verdaderas obras de arte. Sus formas variaban desde unas alargadas con cintura en el centro y otras más redondas con ondulaciones laterales. La mayoría de estos objetos cotidianos eran pulimentados.

Las investigaciones realizadas por el Museo del Hombre Dominicano y la Universidad Autónoma de Santo Domingo para los años de 1970-71 hicieron posible el hallazgo de importantes yacimientos (Azua, San Pedro de Macorís, el cibao, Distrito Nacional y La Altagracia), que permitieron el conocimiento de estos primeros asentamientos y sus formas culturales características incluida, su cultura material.

De tradición recolectora y cazadora, los grupos preagroalfareros, compartieron su producción material, además del hacha mariposoide con otros instrumentos de igual valor para su supervivencia en el estado seminómada en que vivían: manos cónicas, objetos en coral, picos y otros instrumentos en concha, metate y pulidores en coral, martillos y lascas en sílex, morteros en rocas ígneas, etc. La alimentación que le acompañó se basaba en caracoles, crustáceos, frutas, aves, raíces silvestres, peces, ostiones, caracoles terrestres, entre otros alimentos, y cuyos instrumentos le servían como ajuar y de labranza.

 
Bibliografía
-Veloz Maggiolo, Marcio; Ortega, Elpidio. El precerámico de Santo Domingo, nuevos lugares, y su posible relación con otros puntos del área antillana. Papeles Ocasionales No. 1. Museo del Hombre Dominicana.1973.
-Veloz Maggiolo, Marcio. Arqueología prehistórica de Santo Domingo. McGraw-Hill Far Eastern publishers (S) LTD- Singapore. New York. 1972.

Duho ceremonial con cabeza antropomorfa. La superficie está erosionada e impide observar las características. Las patas delanteras son antropomorfas.

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Tanto el Padre Las Casas, Cristóbal Colón como Oviedo hacen referencia al uso restringido de este asiento particularizado por una gran decoración, además de un hermoso y majestuoso diseño. En estos asientos fueron acomodados los primeros españoles llegados a la isla, en especial al Almirante Cristóbal Colón.

Hecho de madera preciosa y resistente como el Guayacán, la Caoba o la Ceiba, el duho se fabricaba también de piedra y solía tener tamaños distintos, siendo igualmente usado en algunos casos y ceremonias, por los behiques.

Con diseño zoomorfo y antropomorfo, se fabricaba a partir del tronco de un árbol grande como pieza única a partir de donde se decoraba y diseñaba el mueble. Con cuatro patas pequeñas que servían de sostén al mismo, normalmente algo bajas, poseía una forma de cola trasera ascendente y sin mangas o brazos laterales, se sentaban los caciques en forma de cuclillas o agachados.

Profusa y estéticamente intervenido, el duho amén de su carácter eminentemente ligado al poder, significó un icono del arte taíno. Sus partes huecas se rellenaban de de oro (los ojos). Con ese mismo nombre era denominado en otras regiones de América como Venezuela, Cuba, Puerto Rico, Ecuador, Nicaragua, por lo que se desprende una raíz común de la palabra a varias lenguas aborígenes.

Servía éste como mobiliario en juegos, rituales y otras actividades importantes. El carácter profundamente simbólico que representa el diseño del duho se podría entender con estas palabras del Cronista americano Oviedo:

“Los duhos suelen tener la forma de una tortuga i este animal era representación de la tierra sobre la cual estaba la bóveda celeste, simbolizados por el carapacho lleno de escamas con dibujos circulares i romboides que podrían evocar en los indios las nubes y los cuerpos estelares”.

Con esta pieza de la colección del Señor Gustavo Tavares Grieser, el Centro León honra su memoria y testimonia la calidad de su donación en esta pieza de gran valor artístico y social en la cultura taína.-

Presentación de la pieza
Uno de los objetos de los tantos que componen la religiosidad popular dominicana, en donde se nota quizás el sincretismo afro-dominicano lo es la ermita o especie de capilla en miniatura, construida en tablas rústicas de madera en donde es celosamente guardado el santo patrón de una comunidad, grupo o provincia. Las mismas se pintan en hermosos colores y tienen tapas de cristal para así mostrar la imagen que lleva dentro. Son cargadas por los adeptos en las procesiones.

 
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De tradición católica, la ermita constituye una de las expresiones de arte sacro popular vigente en nuestros campos y barrios de las principales ciudades. Apegada, como muchas de las manifestaciones de la identidad, a una vieja creencia y un compromiso que va más allá de la comunidad quedando involucrada una familia y una persona en particular, la ermita es fiel reflejo de esa fe religiosa de nuestro pueblo, siendo de construcción ligera y liviana, ya que muchas veces suele ser desplazada de un lugar a otro lo cual aligera su porte.

Su decoración, diseño y retoques representan el esfuerzo por engalanar el lugar donde reposa como residencia, el santo familiar o comunitario, su fabricación es obra de artesanos expertos en la confección de este tipo de objeto cultual que a la vez que respeta cánones y símbolos sagrados, deja colar por igual el talento de un artesano popular que se encarga de darle terminación artística. El punteado de nuestra pieza del mes y los trazos lineales compuesto de varios colores, embellece la ermita y a la vez simbolizan los colores del santo.

Una vez fabricada la ermita, otra persona de la comunidad o de la familia se encarga de vestir y decorar interiormente la misma y al santo o virgen, de forma que con dicha iniciativa quede satisfecho el santo de reverencia. Es decir que en la preparación y decorado de la ermita se articulan artesanos y otras manualidades para concebir una obra bellamente terminada, convirtiéndose entonces en más que un objeto cultual, también en una expresión genuina de arte sacro popular, cumpliendo a la vez la función de reverencia divina y estéticamente agradable.

La necesidad de rendir culto a determinados santos considerados por la comunidad o la familia responsable de su protección, como benefactores, obligó al campesino nuestro a crear sus propios altares en miniatura, muchas veces como forma de particularizar el culto, individualizando la veneración a través de la ermita, cuidada y protegida como si se tratara del santo en persona. La tradición oral, la fe y el compromiso de quienes asumen la responsabilidad de su mantenimiento, han posibilitado la preservación de esta vieja forma de sacralidad, expresión misma de una devoción y un arraigo del catolicismo popular en una parte importante de nuestras gentes del pueblo.

Precisamente, en el Centro León se exhibe la Exposición De Oficio Pintor. Arte colonial. Colección Patricia Phelps de Cisneros, en su Sala de Exposiciones Temporales María Asensio de León, mostrando la misma una selección de más de 30 importantes obras de arte sacro venezolano colonial. De importancia resulta resaltar que el artista en esa época era más bien valorado como artesano. Viviendo de su trabajo y en ausencia de una presencia material de iconos y referentes simbólicos sagrados, desarrolló una producción u oficio que ayudó a suplir la demanda cultual en América, creándose un arte sacro popular, como el representado en esta pieza del mes, como una analogía, de prácticas culturales populares compartidas.-

Descripción

El trapiche de madera que se exhibe en la exposición Signos de identidad es uno de los pocos ejemplares que se conservan en el país. Sus 90 partes o piezas muestran cómo los engranajes de este molino sacaban, a través de un movimiento circular, el guarapo (jugo o zumo de la caña) para fabricar el azúcar en la colonia. Los trapiches hasta finales del siglo XVIII funcionaban por tracción animal o humana, lo cual convirtió a esta maquinaria en uno de los símbolos de las crueldades de la plantación esclavista.

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Usado para extraer el guarapo, zumo, mascabada (azúcar de pobre) o la raspadura, el trapiche o molino que se exhibe en el Centro León es posterior a la colonia y de extracción animal (bueyes o caballos), siendo por demás una economía doméstica que necesitaba de 5 a 10 esclavos para moverse.
En su centro, hay tres grandes cilindros de madera verticales que giran al compás de los animales, estos pilares son llamados mazas, procesando una tarea de caña al día y necesitando de dos a tres pailas de gran tamaño de hierro o cobre batido para ser llenadas, pasando luego las mismas a ser secadas al sol, convirtiéndose en cristal o azúcar granulada en bloques.

Por desconocimiento, sus datos e informaciones de producción no eran registrados por los economistas históricos, sobre la base de que estas eran formas insignificantes de producción. Sin embargo, todavía en pleno siglo XX el trapiche seguía moliendo caña y por ser dirigido a un público diferente o a un mercado de escasos recursos, no competía con el ingenio y sobrevivió, amenazado sólo cuando el precio del azúcar descendió a niveles muy bajos en el mercado internacional.

El Dr. Frank Moya Pons en su artículo publicado en la desaparecida revista Rumbo de junio de 1995, describe con asombro la existencia de más de 11 ingenios pequeños y trapiches en la zona de Constanza para 1931, según referencia citada. En el Internet es posible encontrar una variada y rica literatura de información diversa y de países diferentes y extendidos, acerca del trapiche y su uso en las sociedades de hoy, que muestra la importancia de esta tecnología productiva capaz de vencer el tiempo, las nuevas tecnologías y las adversidades, para seguir brindándonos su dulzura suculenta.

En nuestro país, la zona cañera registra más de 230 bateyes, que fue por mucho tiempo enclave residencial de los picadores de caña de origen haitiano; hoy estos poblados son habitados por dominicanos, dominicanos de origen haitianos, haitianos y descendientes cocolos, sobre todo en el este, perdiendo su antiguo referente cañero como resultado de la caída de la industria azucarera. En tiempos de cuaresma y en especial en Semana Santa, es escenario de los grupos de ga-gá que se desplazan de un batey a otro, dando ritmo, color, alegría, musicalidad y sacralidad a sus habitantes y concurrentes.-

Bibliografía

- Fraginals Moreno, Manuel. El ingenio. Complejo económico-social cubano del azúcar. 3 tomos. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1978.

- Esteban Deive, Carlos. La Esclavitud del negro en Santo Domingo. 2 tomos. Museo del Hombre Dominicano. 1980.

- Sarmiento Ramírez, Ismael. Cuba entre la opulencia y la pobreza. Ediciones Aldaba. 2004.

Descripción
Guayo o rallador en forma de escudo que termina en dos patas. Decoración incisa que bordea y delimita la parte funcional de la pieza. Reborde lateral.
 
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Usado para rallar la yuca que luego se empleaba, previo a un proceso de depuración, para preparar el casabe convertido, junto al maíz, en uno de los medios por excelencia de la dieta taína que ha podido conservarse aún en la dieta de hoy, empleando las mismas técnicas de preparación.

Estos objetos domésticos se construyen de distintos materiales, los más comunes era la roca porosa, pero también los hubo hecho de madera con pedazos de piedrecillas incrustadas en su superficie y que facilitaba el rallado.

Igualmente y menos frecuente, se producía un rallado fino de la yuca con la finalidad de producir una modalidad especial de casabe conocida como xabaxao según el Padre Las Casas, usando para ello la piel espinosa y escamosa de algunos peces como el libuza.

Hoy se ha sustituido este guayo tradicional taíno, que también podía ser fabricado de corales, por guayos de zinc, más prácticos y funcionales. La pequeña industria artesanal lo ha convertido en indispensable entre los hogares pobres de nuestro país, cumpliendo en muchos casos la misma función de antaño, rallar alimentos para la cocina moderna y popular como la yuca para el uso de ésta en distintos platos de la culinaria nacional.-

 
Bibliografía
-Veloz Maggiolo, Marcio. Arqueología Prehistórica de Santo Domingo. Mcgraw-Hill Far Eastern Publishers (S) Ltd-Singapore 1972.-
Descripción
Cabeza Macorís. Pómulos salientes, ojos hundidos, lo mismo que la nariz. En los extremos tiene bien definidos las orejas. Base cóncava. Deformación craneana oblicuo tabular.
 
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Cabeza Macorís. Pómulos salientes, ojos hundidos, lo mismo que la nariz. En los extremos tiene bien definidos las orejas. Base cóncava. Deformación craneana oblicuo tabular.

También se le denomina cara de piedras o cabezas pétreas y pertenece a la línea de los trigonolitos, con diseño y configuración diferente aunque algo polémica esta relación. Estas cabezas era la manera como se representaba el ídolo o deidad agrícola entre los grupos ciguayos. Como podemos ver la estilística y las formas cambian de este tipo y con relación al trigonolito propiamente. Esta forma de diseño creó un estilo propio de representación del trigonolito o de algo que de una forma u otra cumplía su función ceremonial.

A pesar de que la cultura aborigen desarrolló una diversidad de objetos cultuales en su fase inicial y media, llegando a poseer cada quien su propio cemí, ídolo o amuleto, sin contar que cada grupo del clan tenía a su vez la libertad de representar a su manera el dios de su predilección, a tal punto que se producían conflictos entre los grupos respecto a uno que otro cemí, esto provocó que los clanes regularan con el tiempo estas duplicidades y dispersiones creando una unicidad alrededor de tres tipos de cemíes: la figura acuclillada del amuleto, el cemí de madera de la cohoba y el trigonolito, este último más propio a la región este de la isla de Santo Domingo y Puerto Rico.

Es dentro de esta compleja referencia histórica que aparece la cabeza Macoríx, forma particular de representar el ídolo agrícola entre estos grupos no arahuacos, contando por demás, que el trigonolito es una creación propia a la región antillana, mientras que la cabeza Macorís guarda mayor semejanza con otros estilos más comunes y generalizados. En nuestro caso podrían estas cabezas ser consideradas subtipos de trigonolitos o formas transicionales y previas a éstos.

En la clasificación hecha por el arqueólogo norteamericano Jesse Walter Fewkes, estas piezas o cabezas de piedras entran en las de tercera categoría de trigonolitos en las cuales la figura está definida completamente por una cara humana.

La pieza motivo de selección y que forma parte de nuestra colección depositada en almacén, se encuentra en estos momentos en exhibición en la exposición: La materia de los sueño. Cristóbal Colón y la imagen de las maravillas en la Edad Moderna, que se presenta en Valladolid, España.-

El Centro león celebrará el Día Internacional de los Museos, el próximo 18 de mayo, con una actividad dedicada por entero a los jóvenes.

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