Para una cartografía de la mirada insólita

Por:
Karenia Guillarón ^ historiadora del arte
José M. Fernández Pequeño ^ escritor

 

Lograr un discurso curatorial capaz de poner a la vista los núcleos significativos fundamentales de la obra fotográfica que realizó Natalio Puras Penzo, APECO, es una tarea retadora. Y no solo por la amplitud o la calidad de ese universo, que a estas alturas son indiscutibles, sino también por la atención con que es necesario evaluar las numerosas pistas que se van abriendo a medida que nos introducimos en un ámbito vital y creativo donde la rotunda sinceridad pudiera hacer pensar que la verdad está a flor de piel, cuando resulta todo lo contrario. No pocas de esas pistas conducen a perspectivas parciales o se desvanecen en el gesto teatral. El propio APECO, a su modo irónico, lo advirtió mientras reflexionaba sobre su oficio: “La fotografía es un mundo de descubrimientos”.2

En principio, estamos hablando de un carácter peculiar, en muchos modos único. Hombre de notable cultura e inteligencia, APECO fue una figura de pueblo, y lo fue a tal punto, que su vida llegó a fundirse con la ciudad de Santiago de los Caballeros, de donde tomó sus mejores savias y a través de la cual se expresó artísticamente con una intensidad que hasta hoy tiene poco parangón. Intuitivo, de asombrosa imaginación, más bien solitario y decididamente distinto, fue también solidario y entregado a la construcción de la cultura social a través de lo único que quería ser: artista. Por eso ganó el cariño de todos, incluyendo el de aquellos que lo tildaron de loco, sin entender que Natalio Puras Penzo vivió su individualidad encarnando con absoluta coherencia una variedad de personajes cuya multiperspectividad le permitió entender y expresar la vida a través de la creación artística. Así lo vio Myrna Guerrero: Amante de la soledad, [APECO] nunca ha pretendido ser maestro ni tener seguidores, ni escuela.

Sin embargo, su respeto a la calidad, su defensa de la estética innovadora, su decisión irrevocable de hacer profesión de fe con el arte, su desinterés materialista y su filiación a los valores trascendentes, le han convertido en figura señera del arte nacional, reconocido y apreciado no solo por todos los fotógrafos del país, jóvenes y no tan jóvenes, sino también por los demás artistas y críticos.

Observadas correctamente, las características de esa personalidad tan singular pueden ser de gran ayuda a la hora de develar las claves que explican la obra realizada por APECO, del mismo modo que una mirada ligera, amarrada a lo anecdótico, terminaría atrapada en las poses, siempre circunstanciales y perecederas. Igual sucede con la amplitud y el carácter multidisciplinario de la actividad artística que durante más de sesenta años desplegó Natalio Puras Penzo, tanto en el terreno de la fotografía, como dentro del teatro y la literatura.3 Una representan un real ahorcamiento, la demencia en la asombrosa gesticulación o el dramático desgarramiento infligido por objeto punzante; autorretratos no complacientes, porque son introspectivos, testimoniales y sobre todo, arte que traduce el fantasma sincero y subyacente del autor”.4

Es decir, desde el punto de vista temático y conceptual, el actor-dramaturgo y el fotógrafo se funden hasta hacerse “una dualidad inseparable”,5 capaz de alcanzar el objetivo cardinal de un fotógrafo para el cual “la foto es más artística a medida que se va apartando de la forma cotidiana de ver las cosas porque el arte es develación y no descripción”.6

Hay más. Gran parte de los monólogos y performances desarrollados por APECO a lo largo de su vida están referidos, de una forma u otra, al oficio del fotógrafo. En este sentido, puede afirmarse que el creador utilizó el teatro como una vía para investigar las posibilidades de la fotografía y detectar múltiples registros de esta que de otra forma hubieran sido más difíciles de abordar. Esta reflexión sobre el lenguaje fotográfico desde el teatro permitió a APECO dar una mayor proyección a su figura de fotógrafo, trajo a su producción fuertes acentos dramáticos, aportó una condición performática que es muy notable sobre todo en sus autorretratos y fue decisiva para su intención de narrar historias desde y sobre la fotografía.

Algo parecido ocurre con el notable trabajo de coleccionismo que APECO llevó adelante durante toda su vida. La historia de la fotografía dominicana debe a ese esfuerzo el conocer a través de originales y facsímiles buena parte de la capital obra realizada por pioneros del arte fotográfico en el país, como Nidio Fermín, Santiago Bueno, Pelegrín, Federico Lithgow, Cristóbal Olivo, Francisco Palau, Luis Mañón, Jim Lowe (El Francés), así como algunos autores desconocidos o no identificados. Esa noble tarea es el resultado de la dedicación con que Natalio Puras Penzo estudió la fotografía nacional, no solo para aprender el oficio, sino también para registrar los caminos formales y conceptuales seguidos por esa fotografía y definir cuáles debían de ser los derroteros de su propia obra. Una mirada al sub-ámbito del coleccionista, que se exhibe en el primer ámbito de la muestra, permite observar de qué formas y con qué originalidad APECO se apropió de ese legado para enriquecerlo, al tiempo que asumía las demandas socio-estéticas que el momento planteaba a su oficio. Lo testimonian esas calles completamente desiertas, las imágenes de árboles que personifican estados de ánimo y los retratos que más tarde APECO recreará innovadoramente en su propia obra. Y, cuando nos referimos a APECO, estamos hablando de un oficio fotográfico con numerosos registros.

Natalio Puras Penzo se inició en la fotografía como aficionado en 1955, año en el cual cerró sus puertas en Santiago el negocio familiar, Ferretería Moderna de Augusto Penzo y Co. (APECO), de la cual adoptaría el seudónimo tres años después, en 1958, cuando su destino de fotógrafo comenzaba a consolidarse. En 1961 se convirtió en profesional, al abrir en su ciudad natal el establecimiento Foto-Estudio APECO y comenzar a ofrecer sus servicios con notable éxito. Entre 1968 y 1978, durante uno de los gobiernos de Joaquín Balaguer, APECO se trasladó a Santo Domingo para trabajar como Fotógrafo Oficial de la Presidencia de la República Dominicana y Encargado del Departamento de Fotografía de Radio Televisión Dominicana. A lo largo de todos esos años, el fotógrafo comercial alternó su trabajo en estudio o en eventos sociales con el fotógrafo documental, el corresponsal de prensa y el foto-reportero. Para un profesional autodidacta, como es el caso que nos ocupa, todo ese trabajo fue fundamental en su maduración técnica y en su capacidad de experimentación con las posibilidades comunicativas que ofrecía el lenguaje fotográfico, pero sobre todo para el dominio del que sin dudas es su temario artístico más contundente: El retrato. Una lectura de su enorme obra como fotógrafo comercial y documental permite asegurarlo sin la más mínima duda.

Como es posible colegir de lo hasta aquí dicho, APECO se inscribe en la historia de la fotografía dominicana como un artista multidisciplinario, pero esa pluralidad expresiva se manifiesta no en la elección y práctica individual de las disciplinas y modalidades diversas en las que incursionó, sino en la relación, integración y síntesis entre ellas. Esto es, el fotógrafo comercial y documental, el corresponsal de prensa, el foto-reportero, el coleccionista, el profesor, el actor, el dramaturgo y el escritor fueron componentes necesarios para estructurar al fotógrafo artista, dimensión que resume la personalidad creadora de APECO, aquella a través de la cual pudo expresar mejor su peculiar e inquieto espíritu creador y legarnos una obra marcada por la originalidad, el carácter provocador y la visión penetrante. Es esta la razón por la cual La insólita mirada irónica de APECO centra su atención en el quehacer como fotógrafo artista de APECO.

 

1 Los autores de este texto quieren dejar constancia de su deuda con las especialistas Sara Hermann e Ia Estrella, quienes formaron parte del equipo que realizó la investigación curatorial para el desarrollo de este proyecto.
2 Borrador manuscrito sin titular. Forma parte del Fondo Natalio Puras APECO de Fotografía Dominicana, Centro León.
3 Ver la cronología que aparece más adelante en este catálogo.
4 Danilo de los Santos: “El arte de la luz y la vida”, en APECO: Fotografía, historia y vida. Santo Domingo, Cámara de Diputados de la República Dominicana, 2008, p. 80-81.
5 Ibid., p. 84-85.
6 Borrador manuscrito sin titular. Forma parte del Fondo Natalio Puras APECO de Fotografía Dominicana, Centro León.