Apuntes tomados durante la Clase Magistral que ofreció el pianista dominicano Michel Camilo en el auditorio del Centro León.

I. Para la introducción de la sesión, Michel Camilo desarrolló una serie de importantes conceptos e implicaciones prácticas que se derivan del tema “sonido es aire en movimiento”.

II. La segunda parte se orientó a establecer las diferencias entre el músico y el artista. Músico puede ser aquel que maneja la música de manera mecánica y aburrida. El artista es quien siempre siente la música. El artista llega a “ser la música” o la música termina “siendo el artista”. La palabra arte (en inglés se dice “arts”), va muy relacionada con la palabra “ser”. Tocar la música en inglés se dice “play music” y en francés significa “juego”. A diferencia del músico, el artista mantiene un compromiso con un instrumento y lo maneja como un juguete, con la misma alegría que un niño usa un juguete, es como jugar con algo con lo que uno está realizando su destino. No se debe perder la capacidad de ser niño, de ser curioso. El artista considera la música como una religión. Es una labor de la vida entera. El artista nunca para de crear. El artista es vocación, realización, alegría, sentimiento… el fin es cumplir con la responsabilidad y el uso del talento.

III. El secreto del artista radica en el método. Los músicos dicen que tocan “sin darse cuenta”. En realidad, no hay verdadero artista que toque “sin darse cuenta”. El seguimiento del método, el uso del metrónomo en los ejercicios de 10 horas diarias es lo que luego hace que el artista toque “dándose cuenta” de lo que está haciendo, de lo que está logrando y de lo que no está logrando. Es importante abrir el intelecto y el espíritu. Auto-criticarse sin remordimientos. ¿Cómo se aprende un estudio de manera que te quede para la vida entera? Usando el metrónomo, compás por compás, tratando de tocar cada compás lo mejor posible antes de pasar al otro. Así se te queda el tema para siempre. Por eso, primero es el método. Se inicia con una mano, luego con la otra y así sigue, poco a poco.

IV. Hay que tener seguridad en sí mismo. La timidez es un enemigo de la expresión artística. Recuerdo siempre lo que una señora decía: “gracias a Dios siempre hay un próximo concierto”. Lo que no sale bien hoy, saldrá mañana o dentro de un mes. El entusiasmo en la tarea a realizar trae seguridad. Hay que transmitir la alegría de poder tocar.

V. Tocar no sólo es tocar sino interpretar una experiencia audiovisual. Mi maestro me decía que si él solamente quisiera oírme, entonces se compraba un disco mío. No sólo hay que aprender a tocar basándose en el sonido sino en la intención que uno tiene antes, durante y después de obtener el sonido. El público quiere sentir el sonido más que oírlo. El artista es portador de un mensaje que debe comunicar. El momento para esa transmisión es sagrado. La intención debe estar clara en la mente y en el deseo del artista. Hay que lograr que la gente piense que estuvo presente en ese momento único y maravilloso en que se encontró con un mago que le revelaba un mensaje. Los músicos debieran tener un espejo al lado para que se hagan conscientes de si están o no desarrollando la capacidad de transmitir un mensaje utilizando toda su mente, cuerpo y alma para ello.

VI. Por otro lado, cuando uno está tocando aceleradamente, se necesita respirar de manera correcta para que los músculos no se entumezcan. La clave es que mientras más rápido toco, más lento respiro y más lento va el corazón. De esa manera practico música y voy respirando de abajo hacia arriba, desde el abdomen hacia la nariz. El plexo solar es un centro de fuerza interior. Cuando se va para arriba inhalo, cuando se va para abajo exhalo.

VII. La postura física es crucial porque ella permite que los músculos se relajen y fluya la emoción. La persona es mente+cuerpo+alma juntos. Los tres deben estar en balance consigo mismo. Hay que ser consciente de lo físico en armonía con la mente y la inspiración. Hay que llegar al instrumento con la mente completamente limpia. Nada debe de interponerse entre la mente y tu cuerpo y tu alma.

VIII. También se necesita desarrollar la memoria para no perder la concentración en lo que se quiere transmitir. Para entrar al mundo de las ideas y de los sentimientos hay que saberse muy bien las piezas que se van a interpretar y también comprender la vida de los autores de las composiciones para penetrar en sus mensajes.

IX. La técnica no es el fin, es un vehículo para comunicar.

X. En el jazz, la técnica se logra por imitación. El jazz se ha pasado oralmente de generación en generación y se aprende imitándolo… luego de eso es que se le puede añadir originalidad. Todo jazzista consagrado tiene su propio lenguaje. El jazz es el espejismo en el fraseo de las notas musicales. Una nota trae la otra. El jazz es “un ritmo” en medio del fraseo. El jazz es como un gran árbol que tiene un solo tronco (África) con muchísimas ramas y cada rama tiene otras. En América del Norte se inició y desarrolló entre los esclavos africanos a quienes los amos les quitaron sus instrumentos autóctonos y les dieron los instrumentos europeos. Sin embargo, en el Caribe los esclavos se quedaron con sus propios instrumentos. Desde Sudamérica a Norteamérica hay un mismo ritmo que tiene un solo compás: música bahiana, habanera, fraseo de New Orleans (dixieland) ragtime.

XI. La clave es un concepto muy importante para hacer música latina. Hay que tener cuidado porque mucha música que se oye comúnmente tiene la clave cruzada. La clave nuestra en Dominicana es 2 por 3, pero hay músicos que en la bachata tocan 3 por 2. La clave debe responder al montuno. En el segundo compás es que está la clave de la clave. Dentro de una misma composición es posible cambiar de clave. Por ejemplo, en mi disco On Fire, la introducción comienza con una clave y luego la melodía tiene otra… en medio de las dos claves puse un tresillo de negras para poder hacer el cambio de una clave a la otra.

XII. Por otro lado, hay una diferencia muy importante entre música latina y jazz latino (éste último se nutre de raíces folklóricas, pero evoluciona hacia el jazz por medio de la improvisación). La improvisación se consigue cuando un músico expresa su personalidad utilizando como parámetro una pieza que ya existe, pero logra que la técnica se ponga al servicio de sus propias ideas. Para improvisar hay que poseer conocimiento armónico, técnico y mantener la continuidad. Cada vez que se hace un solo hay que hacer “introducción-principio-final”. ¿Cuándo falla un músico? Cuando comienza un solo a mucha velocidad, en vez de tomarse un tiempo para decir que nos va a hacer un cuento, luego empieza el cuento y finalmente lo concluye.

XIII. En el jazz, la armonía ha ido evolucionando. Últimamente se utiliza la armonización sin incluir lo fundamental del acorde porque ésta se le deja al bajista. Hay que tener en cuenta la tensión dinámica de las cuartas.

Cualquier acorde que sea en cuarta suena más grande de lo que es. Todo acorde dominante puede ser precedido por su dominante y esa también puede ser precedida por su dominante… y así en un sin fin. Pero esa dominante puede ser precedida por su segundo grado y esa por su sexto grado… Cualquier acorde puede ser precedido por su dominante. La armonía se vuelve parte del sonido particular de un músico. Es como su identidad. Es el elemento como el músico desarrolla su música y la comparte.

XIV. El jazzista debe encontrarse en el espejo de su música y descubrir quién es él. Tiene que aprender a hacer los solos de los grandes músicos y sabérselos de memoria. Luego podrá improvisar de la mejor manera. Pero el buen jazzista debe también saber tocar en un conjunto y para eso tiene que aprender a oír a los otros músicos que le acompañan. Cada grupo de jazz tiene su grasa (greasse) y su sonido, así como su forma de hacer swing y blues.

XV. Jazz es imitación y juego. Un jazzista puede tocar delante del tiempo, en el tiempo y detrás del tiempo. Los jazzistas dominicanos tienden a tocar delante del tiempo y les hace falta aprender a tocar detrás del tiempo para así añadirle grasa a sus interpretaciones.

Rafael Emilio Yunén

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